Fábricas cerradas, aviones sin volar, coches y autobuses sin circular, eventos cancelados, etc…: el efecto más inmediato del coronavirus es una caída de las emisiones de gases de efecto invernadero. El problema es si esta buena noticia para el medio ambiente será de corta duración. Tenemos que intentar por todos los medios que los esfuerzos que hemos hecho a nivel mundial para combatir el cambio climático no desaparezcan. A menos que esto sirva para empezar a construir una sociedad más resistente.
¿Podría el COVID-19 echar por tierra los esfuerzos y avances que hemos hecho para combatir el cambio climático?

Ya estamos escuchando voces pidiendo dar marcha atrás en las medidas contra el cambio climático para no frenar la recuperación económica posterior a la crisis. Algunos exigen que se suspenda el mercado de cuotas de CO2 a partir del 1 de enero de 2021.

Veremos qué pasa en la COP26 del próximo mes de noviembre en Reino Unido. Recordemos que la crisis financiera de 2008 prevaleció sobre todo lo demás y dejó a un lado el Protocolo de Kyoto.

Esta crisis sanitaria, de una dimensión sin precedentes, provocará una crisis económica igualmente sin precedentes, ilustrando las interdependencias de nuestras economías. Pero seamos positivos y ambiciosos: a través de la integración de los criterios ESG implementados en la selección de empresas, buscamos volver a un modelo de crecimiento centrado en el medio-largo plazo, donde las empresas centran sus políticas en el respeto de los desafíos climáticos y medioambientales, ponen el capital humano como el verdadero activo de su crecimiento futuro, revisan las remuneraciones de los directivos y accionistas en favor de la remuneración de los empleados para reducir las desigualdades. Ahora es el momento de sentar las bases para un crecimiento y unas finanzas sostenibles, los planes de inversión que la Unión Europea tiene que lanzar deben imperativamente basarse en estos nuevos objetivos: reconstruir la economía europea sobre la base de los desafíos medioambientales, sociales y societarios.

El desafío será aprovechar esta crisis para construir una sociedad más resiliente, baja en carbono y justa.

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