¿Te gustaría que tus libros estuvieran hechos de un papel que no necesitara matar árboles, exigiera un 30% menos de tinta de lo habitual, se pudieran reciclar tantas veces como se quisiera sin tener siquiera que borrar el texto, ayudaran a limpiar el aire y además fueran más baratos? Pues es una realidad. Existe el papel de piedra, un nuevo material que consigue todo eso y consiste en una mezcla de polvo de piedra, resinas recicladas y reciclables y aire
Primero las personas y después la tecnología

Esta explicación, obviamente con muchos más matices, se la oí recientemente a Günter Pauli en una charla que ofreció a un grupo de directivos del ámbito financiero.

Es uno de los muchos ejemplos que expuso para ilustrar algunas ideas básicas sobre los nuevos negocios de este siglo. Él se dedica a buscar nuevas oportunidades de negocio, y su modus operandi sigue el siguiente esquema:

  • un grupo de personas creativas que se dedican a imaginar "imposibles";
  • un nutridísimo grupo de científicos que reciben esas ideas "imposibles" para estudiar cómo la ciencia puede volverlas posibles (este grupo despide automáticamente a quien diga en serio que esa idea es "imposible");
  • búsqueda de inversores para poner en práctica el nuevo proyecto;
  • constitución de la organización que hará realidad el proyecto;
  • presentación del producto al mercado.

(En el caso concreto del papel de piedra, Pauli ha conseguido que el gobierno chino se comprometa a dotar a todos los alumnos de primaria de libros de papel de piedra;  aproximadamente 3 millones, buen negocio).

Me encanta el modelo de emprendimiento de Pauli:  hay que ganar dinero, porque sin dinero es muy difícil que un proyecto siga adelante.  Pero no dinero a cualquier precio.  Ha de ser dinero ganado basándose en valores como el respeto al medio ambiente y  la justicia social, por citar algunos de los que baraja. Un planteamiento holístico que le lleva al éxito en su sentido más amplio.

Y, sobre todo, me gusta la idea de que los nuevos negocios surjan de la inteligencia, la creatividad, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad de trabajar en equipo que tienen las personas. 

Se apoyan en la ciencia y en la tecnología para conseguir ese nuevo producto "milagroso", pero la condición sine qua non para alcanzar el éxito es la persona.  Y éste es un aspecto que interesa resaltar en un mundo tecnológico donde parece que las personas tengamos que ir cediendo espacio a los bots en áreas hasta ahora vividas como únicamente humanas, léase la toma de decisiones en procesos de producción o en ámbitos más complejos como resoluciones judiciales.

Voto por esta forma de emprendimiento.  Es más, estoy convencida de que las empresas del futuro solo conseguirán mantenerse en el mercado si saben aunar adecuadamente esta fórmula de primero las personas y después la tecnología.  Un buen reto para quienes gestionen el Ecosistema Interno en sus respectivas empresas.

Edita Olaizola (@EditaOla)

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