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El invierno no solo se siente en la calle. Para millones de personas en Europa, el frío y la humedad dentro de la vivienda tienen consecuencias directas sobre la salud. Problemas respiratorios, infecciones recurrentes o dolores crónicos son algunas de las señales de un problema estructural que suele pasar desapercibido.
Vivir en casas frías y húmedas: el riesgo para la salud que se agrava en invierno

Cuando se habla de los efectos del invierno, la atención suele centrarse en las olas de frío o en el aumento de la factura energética. Sin embargo, existe un problema menos visible y con consecuencias directas sobre la salud: vivir en viviendas frías y húmedas durante los meses de invierno.

Diversos organismos internacionales advierten de que la exposición prolongada a bajas temperaturas en el interior del hogar y a altos niveles de humedad aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y reumáticas, además de agravar patologías preexistentes. Según la Organización Mundial de la Salud, mantener una temperatura inadecuada en la vivienda durante el invierno puede afectar especialmente a la infancia, las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas.

Humedad, moho y problemas respiratorios

La combinación de frío, mala ventilación y aislamiento deficiente favorece la aparición de humedad y moho en paredes y techos. Esta situación, habitual en muchas viviendas antiguas o mal acondicionadas, tiene efectos directos sobre la salud respiratoria.

El moho libera esporas que pueden desencadenar o agravar asma, alergias, bronquitis y otras afecciones respiratorias. En hogares donde viven niños o personas mayores, estos problemas se traducen en infecciones más frecuentes, visitas recurrentes al médico y una peor calidad de vida durante los meses fríos.

Un problema que va más allá del confort

Vivir en una casa fría no es solo una cuestión de incomodidad. La Agencia Europea de Medio Ambiente subraya que las viviendas con temperaturas inadecuadas están asociadas a un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, ya que el cuerpo necesita realizar un mayor esfuerzo para mantener el calor.

Además, el frío en el hogar puede afectar al bienestar mental, aumentando el estrés, la ansiedad y la sensación de inseguridad, especialmente en personas que no pueden permitirse encender la calefacción de forma regular.

Desigualdad y vivienda: quiénes sufren más

El impacto del frío y la humedad en la salud no se reparte de forma equitativa. Los hogares con menos recursos, las personas mayores que viven solas y quienes residen en viviendas antiguas o mal rehabilitadas son los más expuestos a este riesgo.

En muchos casos, la falta de aislamiento térmico, sistemas de calefacción ineficientes o dificultades económicas para afrontar los costes energéticos convierten el invierno en un periodo especialmente duro. Esta realidad pone de manifiesto la estrecha relación entre vivienda, salud y desigualdad social.

Qué se puede hacer mientras llegan las soluciones estructurales

Los expertos recuerdan que, aunque la solución de fondo pasa por políticas públicas ambiciosas en rehabilitación energética y acceso a viviendas saludables, existen medidas básicas que pueden ayudar a reducir riesgos:

  • Ventilar la vivienda de forma breve pero regular para evitar acumulación de humedad
  • Evitar secar ropa en el interior sin ventilación
  • Mantener una temperatura mínima estable en las estancias habitadas
  • Prestar atención a la aparición de manchas de humedad o moho

Estas acciones no sustituyen las soluciones estructurales, pero pueden contribuir a minimizar los efectos más inmediatos sobre la salud.

Cada invierno vuelve a evidenciar que la calidad de la vivienda es un factor clave de salud pública. Vivir en un hogar frío y húmedo no debería ser una realidad normalizada en Europa, especialmente en un contexto de transición ecológica y lucha contra la desigualdad. Garantizar viviendas saludables no solo reduce enfermedades y costes sanitarios, sino que mejora el bienestar y la calidad de vida de millones de personas. Un reto que, más allá del invierno, interpela a las políticas de vivienda, energía y sostenibilidad.

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