
El documento, titulado Plan de Acción para Conectar a la Humanidad, cifra entre 2,6 y 2,8 billones de dólares el coste necesario para lograr una conectividad universal y significativa. Los recursos más elevados se destinan a la ampliación de redes de banda ancha para comunidades desatendidas, el despliegue de fibra óptica en ciudades, 4G en zonas rurales y soluciones satelitales para las regiones más remotas.
Según la UIT, todavía 2.600 millones de personas permanecen fuera del mundo digital, con un acceso profundamente desigual entre países: en 2024, el 93% de la población de países de altos ingresos utilizaba internet frente a apenas el 27% en los de bajos ingresos.
La secretaria general de la UIT, Doreen Bogdan-Martin, subrayó que “si bien se necesitan recursos significativos para conectar a todos de manera significativa, estas inversiones contribuirán a un futuro digital próspero para todos”.
La llamada “brecha digital” hace referencia a la desigualdad entre quienes tienen acceso a las tecnologías de la información y quienes no. No se trata solo de infraestructura, sino también de asequibilidad, alfabetización digital y marcos regulatorios. Reducirla es crucial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ya que de la conectividad dependen la educación, el acceso a la información, el empleo digno y la inclusión en sociedades cada vez más digitalizadas.
Sin internet, millones de personas quedan al margen de servicios esenciales como la telemedicina, la educación en línea o las oportunidades de comercio digital, lo que amplía aún más las desigualdades socioeconómicas.
El informe detalla las necesidades de inversión en cuatro áreas principales:
Según informa la UIT, los 46 países menos desarrollados afrontan los mayores obstáculos, debido a la falta de financiación, experiencia técnica e infraestructuras fiables. Por ello, el organismo reclama una cooperación más estrecha entre gobiernos, sector privado, instituciones financieras y sociedad civil para cerrar las brechas actuales y anticipar las nuevas, en especial las vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial.
El informe concluye con recomendaciones prácticas como utilizar las escuelas como punto de acceso a internet, impulsar la infraestructura energética en África y mejorar los sistemas de recopilación de datos nacionales.
En definitiva, la reducción de la brecha digital no solo es un desafío tecnológico, sino un imperativo social y ambiental: sin inclusión digital no habrá desarrollo sostenible ni una transición justa hacia un futuro más equitativo.