
Los fenómenos meteorológicos extremos no son nuevos en la historia de la Tierra. Sequías, huracanes o lluvias torrenciales han existido siempre. Lo que sí es reciente es la capacidad de la ciencia para determinar con precisión hasta qué punto el cambio climático está detrás de un evento concreto.
Estos análisis, llamados estudios de atribución del cambio climático, utilizan métodos científicos para calcular la probabilidad de que un episodio extremo, como una ola de calor o una DANA, se deba al calentamiento global, y en qué medida este ha intensificado sus efectos.
Según informa BBVA, la primera investigación de este tipo se publicó en 2004, sobre la ola de calor que azotó Europa un año antes. Desde entonces, el avance tecnológico y metodológico ha permitido que estos estudios sean cada vez más precisos y rápidos: hasta la fecha se han realizado más de 750 estudios en todo el mundo, y en 612 de ellos se ha demostrado que el cambio climático tuvo un papel significativo.
Entre abril y junio de 2024, México sufrió tres olas de calor consecutivas, con temperaturas por encima de 45 °C y un saldo de más de 125 muertes. La probabilidad de que algo así ocurriera a principios de siglo era de una vez cada 60 años; ahora, debido al cambio climático, sucede aproximadamente una vez cada dos años. En España, apenas cinco días después de la DANA que provocó graves inundaciones en el sureste peninsular en octubre de 2024, un estudio concluyó que las lluvias habían sido un 12 % más intensas y el doble de probables que en un clima sin calentamiento global.
Tal y como explica la organización World Weather Attribution, el proceso se desarrolla en varias fases:
La comparación de todos estos resultados permite estimar la influencia del cambio climático en el evento estudiado.
La rapidez con la que hoy se publican estos análisis —en ocasiones, solo días después del fenómeno— responde, según World Weather Attribution, a un objetivo claro: alimentar el debate público sobre mitigación y adaptación cuando las consecuencias del evento aún están presentes en la memoria colectiva.
Sin embargo, no todos los estudios se producen a esta velocidad. Si se requiere mayor volumen de datos, mayor capacidad de computación o revisión por pares, el proceso puede alargarse hasta más de un año. En cualquier caso, como destaca BBVA, estas investigaciones se han convertido en una pieza fundamental para comprender cómo el cambio climático está alterando el clima extremo y para tomar decisiones de política climática con base científica.