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Más de 200.000 víctimas fueron identificadas entre 2020 y 2023, pero se estima que la cifra real es mucho mayor. Mujeres, niñas y niños siguen siendo los principales objetivos de las redes de trata, especialmente en contextos de guerra, desplazamiento o crisis climática, donde las organizaciones humanitarias advierten de una alarmante vulnerabilidad.
Trata de personas, otra emergencia silenciosa

La trata de personas continúa siendo una de las violaciones más extendidas y menos denunciadas de los derechos humanos en el mundo. Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), entre 2020 y 2023 se detectaron más de 200.000 víctimas en todo el planeta, aunque se presume que la cifra real es considerablemente superior. Las emergencias humanitarias no solo provocan desplazamientos masivos y rupturas familiares, sino que también dejan a millones de personas expuestas a redes criminales que se aprovechan de la desesperación.

El próximo 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas, una fecha que busca visibilizar este delito y concienciar sobre la urgencia de proteger a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. La trata implica todo tipo de explotación —sexual, laboral, matrimonio forzado o reclutamiento de menores— que una persona no puede rechazar o abandonar debido a amenazas, violencia, engaños o abuso de poder.

La UNODC alerta de que el 61% de las víctimas identificadas en 2022 eran mujeres o niñas. El 60% de las menores detectadas fueron explotadas sexualmente, mientras que el 45% de los niños fueron forzados a trabajar y el resto, utilizados para actividades delictivas o mendicidad. Una de cada cinco víctimas de trata es menor de edad.

La ruptura de redes comunitarias, la pérdida de medios de vida y la ausencia de sistemas de protección agravan el riesgo en contextos de guerra, catástrofes naturales o crisis económicas. Por ello, el trabajo de organizaciones humanitarias resulta clave. Desde el Comité de Emergencia Español, varias ONG impulsan iniciativas de prevención, acompañamiento y protección:

  • Aldeas Infantiles SOS centra su labor en proteger a la infancia frente a riesgos como la explotación o el reclutamiento forzoso. Ofrece atención psicosocial, apoyo familiar y espacios seguros donde los niños pueden sentirse protegidos y recuperar parte de su bienestar emocional.
  • Educo, por su parte, actúa en situaciones de emergencia —como conflictos armados o fenómenos climáticos extremos— habilitando espacios seguros con acceso a alimentos, agua, educación y acompañamiento emocional. Estos espacios permiten detectar posibles casos de abuso o riesgo de captación por redes de trata.
  • Plan International apuesta por un enfoque integral, que incluye campañas de sensibilización, refuerzo de sistemas de protección y apoyo a personas supervivientes. En Nepal, por ejemplo, impulsa el proyecto ProTEcT, que combina acciones comunitarias, oportunidades económicas para grupos vulnerables y activismo juvenil para frenar el avance de las redes criminales.

Una historia que ilustra el impacto de este trabajo es la de Mala, una joven nepalí que fue traficada a los 16 años a la India y explotada en un burdel durante dos años. De vuelta en su país y tras superar múltiples obstáculos, recibió el apoyo del proyecto ProTEcT para reconstruir su vida: hoy dirige su propia granja, ha obtenido la ciudadanía y cuenta con una fuente de ingresos estable.

  • World Vision, organización centrada en la infancia, colabora con comunidades para generar medios de vida sostenibles y proteger a los menores de cualquier forma de violencia. En situaciones de emergencia, sus Espacios Seguros para la Infancia ofrecen entornos de contención, aprendizaje y juego que contribuyen a la recuperación emocional y la prevención de la trata.

En Ucrania, tras más de tres años de conflicto, World Vision y sus socios han habilitado más de 150 de estos espacios en Ucrania, Moldavia, Georgia y Rumanía. Allí, niños y niñas acceden a apoyo psicosocial, educación no formal y herramientas para mantenerse a salvo. “Estos espacios son mucho más que refugios: son lugares donde los menores, en medio del caos, pueden simplemente volver a ser niños”, explica Eloisa Molina, directora de Comunicación de la organización.

La lucha contra la trata de personas exige respuestas estructurales, pero también cercanas y humanas. Garantizar protección, acceso a servicios básicos, apoyo emocional y oportunidades reales es el primer paso para evitar que más vidas queden atrapadas en el silencio de este delito invisible.

 

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