El reciente informe “The emerging sustainability information ecosystem” publicado por EY y Oxford Analytica pone al descubierto una situación de la que poco se habla: La falta de estandarización, regulación y propósito común amenazan la confianza en un entorno de creciente preocupación por la sostenibilidad. El estudio advierte que los criterios ESG se enfrentan a un momento decisivo para generar confianza y, pone de manifiesto las crecientes denuncias por el llamado greenwhasing, convertido en uno de los principales desafíos a abordar para la credibilidad y el éxito de la información ESG en general. Frente a este escenario, los expertos describen cinco elementos clave que deben abordarse para que la información sobre sostenibilidad sea útil para el mercado.
Cinco recomendaciones para fomentar la confianza en los criterios ESG

Desde hace algunos años la sigla ESG (medioambiente, sociedad y buen gobierno ha captado la agenda corporativa. Sin dudas, la sostenibilidad ha tomado un rol protagónico en las últimas décadas. Sin embargo, ninguna transformación real se produce sin resistencias y eventualmente, retrocesos. Así es que el “movimiento ESG” se encuentra en un momento crítico. A medida que aumenta el interés por estos criterios, que conllevan el compromiso social, ambiental y de buen gobierno de las compañías, crece la necesidad de contar con datos más confiables y de mayor utilidad. ¿por habrían de hacer cosas buenas las empresas? Es quizás la pregunta que más resuena. Lo cierto es que, tras años de un paradigma empresarial centrado en el beneficio económico y el crecimiento, la llegada del desarrollo sostenible como nuevo concepto resulta a veces poco creíble.

Para generar confianza, la industria necesita estándares mejorados que ofrezcan una información más fidedigna sobre sostenibilidad, así como una garantía de independencia sobre la misma. Además, la taxonomía de esta información debería permitir una comparabilidad y transparencia real en los informes de sostenibilidad, incluso en los países emergentes. Desafíos, según el mismo, que están acrecentando la inflación y la invasión de Ucrania. Así lo recoge el reciente informe The emerging sustainability information ecosystem publicado por EY y Oxford Analytica.

Uno de los fenómenos que más ha erosionado la credibilidad es el famoso “Greenwashing”. El documento pone de manifiesto las crecientes denuncias que han surgido a partir de esta práctica, convertido en uno de los principales desafíos a abordar para la credibilidad y el éxito de la información ESG en general. Generar confianza en este entorno es responsabilidad de muchos actores que dan forma a este ecosistema de sostenibilidad, lo que debería reflejarse a la par que la información financiera, de forma comúnmente establecida, que emitan las compañías para sus stakeholders.

Los expertos sostienen que, pese a las dificultades, el movimiento medioambiental, social y de gobernanza se encuentra en un momento decisivo. El interés de los inversores ha crecido hasta niveles históricamente altos, en parte gracias a las expectativas de una nueva generación de inversores (millennials y Generación Z). Además, también argumentan que ha habido una falta de acuerdo sobre lo que los criterios ESG deben incluir, cómo aplicar las métricas acordadas o cuál es la mejor manera de utilizar los datos disponibles.

Frente a esto y para generar una mayor confianza en los conceptos ESG, el informe de EY y Oxford Analytica describe cinco áreas centrales para mejorar:

1. Aportar mayor transparencia sobre los ratings ESG

Con los indicadores compuestos, se puntúa a una empresa en una amplia gama de cuestiones ESG, con diferentes ponderaciones para calcular una calificación general ESG. Estas cuestiones incluyen desde el cambio climático hasta la contaminación y los residuos, pasando por la responsabilidad de los productos y la transparencia fiscal.

Uno de los retos es que las calificaciones ESG no sirven a los inversores interesados en el impacto social, ya que se ponderan en función de la materialidad financiera. Además, los inversores centrados en el riesgo financiero pueden encontrar que la falta de transparencia sobre la ponderación de los temas ESG reduce la claridad y la utilidad de las decisiones. El enfoque compuesto también presenta otros retos. Por ejemplo, la falta de consenso sobre las definiciones y las metodologías de cálculo puede dificultar el análisis riguroso de los resultados medioambientales de una organización. Mientras tanto, las cuestiones sociales -como los derechos humanos, las normas laborales y la equidad étnico-racial y de género- pueden ser más difíciles de cuantificar con respecto a un punto de referencia acordado, debido a las diferencias sociales y políticas entre jurisdicciones.

 2. Aumentar la comprensión sobre los diversos usos de la información sobre sostenibilidad 

La información sobre sostenibilidad puede servir para dos propósitos: evaluar el riesgo financiero y evaluar el impacto social. Estos usos no son mutuamente excluyentes, pero se confunden fácilmente. El informe analiza que, hasta la fecha, el ecosistema de la información sobre sostenibilidad ha evolucionado para satisfacer las expectativas de las partes interesadas que se interesan principalmente por la evaluación del riesgo financiero. Por ejemplo, la mayoría de los regímenes de información ESG, así como todos los principales proveedores de calificaciones ESG, no miden el impacto de una empresa en la sociedad. Miden su exposición relativa a diversos riesgos financieros internos y externos, así como a las oportunidades.

Sin embargo, el reciente crecimiento de la inversión sostneible ha sido impulsado por los inversores, incluidos los millennials, que dan prioridad a las consideraciones sociales y morales. Una encuesta realizada en 2020 reveló que casi tres cuartas partes (71%) de los inversores individuales, a nivel mundial, quieren tener un impacto social positivo como parte de sus objetivos de inversión, y la tasa de respuesta de los millennials es aún mayor (75%). 

3. Asegurar la independencia, la aplicación de los estándares y la mejora del rigor en los informes, similar a cómo lo hacen los reportings financieros 

La garantía independiente puede ayudar a crear confianza en la información sobre sostenibilidad y en los numerosos actores que componen el ecosistema de la información sobre sostenibilidad. Según la investigación, las fuerzas del mercado aumentarán la demanda de una garantía externa sólida e independiente sobre la información de sostenibilidad en los próximos años. Los Estados Unidos y la Unión Europea ya están estudiando la posibilidad de imponer requisitos de garantía a las normas de divulgación de la sostenibilidad. 

4. Desarrollar taxonomías de finanzas sostenibles consensuadas que contribuyan a eliminar la confusión sobre lo que se considera sostenible y lo que no lo es 

Otro elemento que emerge del estudio es que para lograr una verdadera transparencia y comparabilidad en la información sobre sostenibilidad, las jurisdicciones necesitan taxonomías basadas en principios complementarios. Las taxonomías son sistemas que determinan qué actividades económicas deben considerarse sostenibles. Pueden ayudar a despejar la confusión sobre lo que se considera sostenible y lo que no lo es dando una razón clara, basada en datos, de por qué una actividad concreta entra dentro (o fuera) de la definición de sostenibilidad de esa taxonomía. Algunas regiones y países ya están avanzando considerablemente en el desarrollo de taxonomías. Por ejemplo, la taxonomía de la UE pretende ayudar a la UE a aumentar las inversiones sostenibles y a poner en práctica el "Acuerdo Verde Europeo" (el plan de la Comisión Europea para que Europa sea neutra desde el punto de vista climático en 2050). La UE también está trabajando con China en una taxonomía de terreno común en un esfuerzo por encontrar puntos comunes dentro de las taxonomías, reflejando al mismo tiempo las diferentes vías de transición energética, así como las realidades políticas. 

5. Reducir las barreras de entrada para las entidades procedentes de economías emergentes

Por último, el informe afirma que las economías emergentes representarán una gran mayoría de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de aquí a 2050. Sin embargo, tienen menos capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático en comparación con otros mercados. Debido a su ubicación, también es probable que estén más expuestos a acontecimientos graves relacionados con el clima. La ausencia de datos exhaustivos sobre sostenibilidad en las economías emergentes sugiere la necesidad de reducir las barreras para que los participantes en el mercado de estas economías revelen información sobre sostenibilidad. No se trata de abogar por normas diferentes, que podrían ser contraproducentes. Sin embargo, debería haber una mayor asistencia técnica y compromiso con las economías emergentes en el ecosistema de la información sobre sostenibilidad.

El trabajo de normalización internacional que está realizando el Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad también puede beneficiar a los países emergentes, si aprovechan la oportunidad de adoptar sus normas en sus propios marcos legales. Para concluir, Katie Kummer, vicepresidenta global adjunta de Políticas Públicas de EY afimró: “Muchos de los desafíos actuales que enfrenta el movimiento ESG son producto de su inmadurez. Un ecosistema con poco más de 20 años, que todavía está en etapa de maduración en comparación, por ejemplo, con el ecosistema de la información financiera. Es esencial que trabajemos juntos para construir un sistema que sea globalmente consistente, confiable, receptivo y donde todos tengan voz”.

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