Con motivo del Día Mundial del Agua que se celebra hoy, 22 de marzo, Too Good To Go, la mayor app que lucha contra el desperdicio de alimentos en el mundo, quiere recordar y concienciar sobre la importancia de no desperdiciar este recurso natural, único e insustituible y poner de manifiesto el impacto que tiene el desperdicio de alimentos sobre el despilfarro de agua.
 Reducir el desperdicio de alimentos, clave para cuidar el agua

Según datos de la FAO, el sector de la agricultura representa el 70% de la huella hídrica a nivel mundial, concepto que hace referencia a la cantidad de agua necesaria para producir los alimentos a lo largo de toda la cadena de producción y suministro. Hoy, 22 de marzo, se celebra el día mundial del agua y Too Good To Go, lanza un mensaje acerca de la importancia de no desperdiciar este recurso natural, único e insustituible y poner de manifiesto el impacto que tiene el desperdicio de alimentos sobre el despilfarro de agua.

En nuestro país cada español desperdicia unos 131 litros de agua al día a través de la comida que tira a la basura, según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid. Si extrapolamos este dato a toda la población española, el desperdicio de alimentos tiene un impacto en la huella hídrica en nuestro país de 71.800 litros de agua al segundo, la cantidad necesaria para llenar unas 360 bañeras estándar. Por otra parte, de acuerdo a los datos de The Water Footprint Network para producir una sola naranja se necesitan 80 litros de agua, para un plátano 160 litros y para una lechuga unos 240 litros. Asimismo, una pizza margarita supone unos 1260 litros de agua y para producir hasta un kilo de carne de vaca se emplean 15.400 litros. En este sentido, conocer la huella hídrica que está detrás de cada alimento es un factor fundamental para desarrollar hábitos de consumo de alimentos más sostenible y reducir nuestro impacto. 

Helena Calvo, responsable de proyectos de sensibilización en Too Good To Go explica que: “Una parte de todo ese agua permite producir alimentos que luego no son consumidos y es aquí donde surge el problema. Al desperdiciar alimentos no solo se tira la comida, sino también todos los recursos que empleados para producirlos, como el agua, impactando directamente en el medioambiente. Por ello reducir el desperdicio alimentario y aprovechar todos los recursos es fundamental para reducir nuestra huella hídrica”. Y continúa: “Solo en pan fresco se tiraron en los hogares españoles más de 49 millones de kilos en el 2020 según datos del MAPA1 y esto supone un impacto de casi 90.000 hectómetros cúbicos de agua2 que fueron los que se necesitaron para producir el trigo empleado en la elaboración de ese pan. La cantidad de agua suficiente para llenar unas 36.000 piscinas olímpicas. Por tanto, tenemos que ser conscientes de que no solo estamos consumiendo agua cuando nos duchamos, ponemos una lavadora o regamos las plantas, sino que la mayor parte de ese agua que consumimos es la que se utiliza para producir los alimentos y que no debemos desperdiciarlos”.

Too Good To Go, como app que actúa contra el desperdicio, ya ha reunido en torno a su iniciativa para salvar comida a más de 140.000 establecimientos y más de 50 millones de usuarios de 17 países habiendo salvado ya más de 120 millones de packs de comida, lo que supone haber evitado el desperdicio de más de 120.000 toneladas de alimentos.

Por último, cabe destacar que la compañía está haciendo también labores de concienciación con el objetivo de sensibilizar y dar herramientas a los consumidores para reducir el desperdicio de alimentos en los hogares y su vida diaria. En este sentido y con el objetivo de evitar el desperdicio de agua ligado a los alimentos, recuerdan lo importante de consumir toda la comida y sacar el máximo partido a los alimentos y las sobras que tengamos por casa practicando la cocina de aprovechamiento y así no desperdiciar recursos. Además comparten algunos trucos útiles para aprovechar el agua que utilizamos para cocinar, como por ejemplo reutilizando el agua de la cocción de la pasta o las verduras para regar las plantas o las flores que tenemos en casa (siempre que no contenga sal) o el agua de la cocción de otros alimentos como el pescado para dar sabor a salsas, guisos o caldos.

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