Un estudio divulgado el pasado miércoles 23 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y GRID-Arendal, una organización ambiental sin fines de lucro con sede en Noruega advierte que los incendios forestales aumentarán un 30% para 2050 y un 50% para fin de siglo debido a la crisis climática.
El planeta en llamas

El mundo arde y no es una metáfora. Un nuevo informe de la agencia medioambiental de la ONU denuncia que el calentamiento global, las sequías y los cambios de uso de la tierra generarán incendios aún en regiones nunca afectadas por esos siniestros. El documento llama a los gobiernos a adoptar estrategias basadas en la prevención y preparación, que integren los conocimientos ancestrales. Los más de 50 científicos de todo el mundo que elaboraron el informe citan el calentamiento global, las sequías y los cambios de uso de la tierra como causantes de esta amenaza de desastre generada por la actividad humana.

Muchas regiones del mundo están en peligro. Los incendios forestales son cada vez mayores y la pérdida de biodiversidad es irrecuperable. El avance del cambio climático incrementará en todo el mundo el riesgo de incendios forestales devastadores en las décadas por venir. La publicación califica al fenómeno como una crisis mundial de incendios forestales y proyecta que esos desastres aumentarán un 30% para 2050 y más de un 50% para fin de siglo.

Los datos que proporciona la investigación no son nada alentadores, concretamente, de acuerdo con las previsiones del análisis, ningún rincón del planeta estará a salvo de los incendios forestales, que podrían afectar incluso al Ártico y otras regiones que no corrían ese riesgo. La publicación explica que los incendios forestales arrasan con la vida silvestre y los hábitats naturales, y han colocado a algunas especies de animales y plantas más cerca de la extinción. Se estima, por ejemplo, que los incendios forestales de 2020 en Australia acabaron con miles de millones de animales domésticos y salvajes. Pero no sólo las pérdidas en los territorios incendiados son irrecuperables, sino que, además, el humo de los incendios forestales afecta directamente la salud de las personas, causando impactos respiratorios y cardiovasculares.

Los científicos subrayan que los incendios forestales y el cambio climático se exacerban mutuamente y afirman que los incendios forestales empeoran con el cambio climático a través del aumento de la sequía, las altas temperaturas del aire, la baja humedad relativa, los rayos y los fuertes vientos, lo que da como resultado temporadas de incendios más cálidas, secas y prolongadas. La situación es grave y si no se toman medidas urgentes la vida de millones de especies corre peligro. Ante esto, el informe subraya la urgencia de entender mejor el comportamiento de los incendios forestales puesto que su prevención exige una combinación de datos y sistemas de monitoreo basados ​​en la ciencia, conocimientos indígenas y cooperación regional e internacional sólida.

También exhorta a los gobiernos a adoptar una fórmula que asigna dos terceras partes del presupuesto para combatir estos fenómenos a la planificación, prevención, preparación y recuperación; y el otro tercio de los recursos a la respuesta cuando los incendios ocurran. La fatal de previsión es inaceptable: en la actualidad, las respuestas a los incendios forestales reciben más de la mitad de los presupuestos y se asigna menos del 1% a la planificación y prevención.

Por otra parte, la publicación llama la atención sobre los peligros que encaran los bomberos al desempeñar su trabajo y pide normas internacionales más estrictas para velar por su seguridad y salud. Esto implica crear conciencia sobre los riesgos de la inhalación de humo, así como minimizar las trampas que pueden poner en peligro su vida y brindarles acceso a hidratación, nutrición, descanso y recuperación adecuados entre sus turnos activos.

Finalmente, para enfrentar esta situación realmente grave, los autores de la investigación pugnan por un cambio radical en las estrategias de los gobiernos, llamándolos a basarlas en la prevención, la preparación y la asignación adecuada de los presupuestos. Asimismo, el estudio destaca que los incendios forestales afectan de manera desproporcionada a los países más pobres del mundo, con impactos que se prolongan mucho tiempo después de que el fuego se apaga, impidiendo su progreso hacia el desarrollo sostenible y agudizando las desigualdades sociales. El mundo de incendio ante nuestros ojos y debemos actuar antes de que sea -aún más- tarde. 

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