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En el primer semestre de 2021, se creó una Coalición de Acción Feminista por la Justicia Climática como parte del Plan de Aceleración Global para la Igualdad de Género del Foro de Igualdad de Género definido en París. A medida que los países presentan sus contribuciones y se preparan para definir nuevos objetivos en materia de biodiversidad y clima, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) invita a reflexionar sobre los avances y los retos pendientes para promover eficazmente la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.
La igualdad de género: el catalizador para abordar la triple crisis latinoamericana

El Informe sobre Desarrollo Humano 2020 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) destaca que el desequilibrio global y social presenta retos interrelacionados que se agravan mutuamente. Sin dudas, la crisis a la que se afronta Latinoamérica y el caribe no es simple ni se debe a un solo factor. Más bien todo lo contrario, se trata de una serie de múltiples factores que han impactado en la realidad social.  Por lo tanto, nos encontramos en un punto de inflexión en el que debemos preguntarnos qué hace falta para plantear de una vez por todas políticas que puedan transformar los sistemas productivos, económicos, sociales y ambientales que nos han traído hasta aquí.

Linda Maguire, Directora Adjunta del PNUD para América Latina y el Caribe, sostiene que para cambiar la trayectoria que viene teniendo los países de la región se requiere una gran transformación en la forma de vivir, trabajar y cooperar y acelerar soluciones reales que nos acerquen a un modelo de desarrollo basado en los derechos humanos y la sostenibilidad, donde los elementos sociales, ambientales y económicos sean entendidos como complementarios.

Esta reflexión es inaplazable y debe tener lugar en los más altos niveles políticos de América Latina y el Caribe, ya que estamos viviendo un momento único en el que nos enfrentamos a una triple crisis sin precedentes provocada por el COVID-19, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Ocurre en una región en la que ya existe una alta desigualdad y un bajo crecimiento, y que experimenta una contracción del 7,7% de su economía y un retroceso en la reducción de la pobreza y en el tratamiento de las desigualdades.

Afortunadamente, Maguire explica que América Latina ha dado un giro importante en sus políticas e iniciativas medioambientales y climáticas. Los datos preliminares del PNUD muestran que las 17 medidas presentadas a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático incluyen consideraciones de género, 11 de ellas promueven la igualdad de género de manera más amplia y ocho incluyen objetivos climáticos con perspectiva de género.

La experta del PNUD relata que, en el primer semestre de 2021, se creó una Coalición de Acción Feminista por la Justicia Climática como parte del Plan de Aceleración Global para la Igualdad de Género del Foro de Igualdad de Género definido en París. A medida que los países presentan sus Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC por sus siglas en inglés) actualizadas y se preparan para definir nuevos objetivos en materia de biodiversidad y clima, este segundo semestre de 2021 es el momento adecuado para reflexionar sobre los avances y los retos pendientes para promover eficazmente la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Algunas iniciativas medioambientales innovadoras a nivel local han empezado a transformar la forma de promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, afirma la referente del PNUD. Por citar algunos ejemplos: en Costa Rica, el Programa “Más Mujer Más Natura” promueve oportunidades de financiación ambiental para mitigar el impacto de COVID-19. En Ecuador, el Programa Nacional de Gestión Adecuada de Sustancias Químicas reconoce el trabajo de las mujeres y ofrece oportunidades de trabajo decente para las mujeres en el sector minero, y Panamá ha comenzado a desarrollar su Plan Nacional de Género y Cambio Climático, que alinea los compromisos climáticos del país con las acciones de género. Todo ello nos muestra de forma inequívoca que la promoción de la igualdad de género no es una cuestión simplemente añadida, sino un componente esencial para alcanzar los objetivos medioambientales.

Es evidente que las agendas de desarrollo deben incorporar medidas transformadoras con perspectiva de género que nos permitan vivir en equilibrio con el planeta y en un mundo más justo. Linda Maguire concluye que la igualdad de género es sinónimo de cambio y el catalizador que nos permitirá diseñar estrategias de intervención más integrales y multidimensionales que ofrezcan oportunidades sociales y ambientales realmente transformadoras.

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