La desigualdad es, junto al cambio climático, uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad en este mundo globalizado e interconectado. Sin dudas, el crecimiento inclusivo puede contribuir a luchar contra ambas problemáticas, y es aquí a donde las empresas pueden desempeñar un papel fundamental. El sector privado tiene una oportunidad para redefinir su propósito en una búsqueda más decidida por la creación de valor social y económico. En este sentido, el IV informe elaborado por el Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo (OEPCI) introduce un conjunto de buenas prácticas que sirven de guía para las empresas que quieran mejorar su impacto social.
¿Qué rol cumplen las empresas en la búsqueda de un crecimiento inclusivo?

La desigualdad, la pobreza y la exclusión son hoy más visibles que ayer. La pandemia ha puesto al descubierto las más crudas realidades, de nuestro país y del mundo entero. La llegada del coronavirus vino de la mano de una crisis sistémica sin precedentes que no ha hecho más que profundizar las injusticias en un mundo que ya era desigual. Además de complejizar el contexto aún más, la pandemia ha visibilizado muchas realidades. Una visibilidad que puede transformarse en oportunidad para enmendar la situación, si sabemos aprovecharla.

En este escenario, el liderazgo del sector empresarial es clave para que, junto a la necesaria y rápida reactivación económica, se logre un crecimiento inclusivo que beneficie a toda la sociedad y contribuya a una prosperidad más amplia y compartida. No se trata de un debate académico o una reivindicación sociopolítica minoritaria. La inserción en la agenda global del crecimiento inclusivo pone en evidencia una mirada diferente para mejorar el desarrollo social y económico del planeta.

Sin dejar de lado el beneficio económico y el éxito empresarial, es posible contribuir con soluciones empresariales que generen impacto y mejoren la vida de las personas más vulnerables. En otras palabras, se busca promover que las empresas crezcan creando (y compartiendo) valor con todos sus grupos de interés y que se consiga una mayor prosperidad para sus empleados, clientes, proveedores, consumidores o usuarios, accionistas y comunidades. Para poder actuar con propósito teniendo en cuenta una mirada a largo plazo y hacia la sostenibilidad, El Observatorio empresarial para el crecimiento inclusivo (OEPCI) recopila, visibiliza y difunde en su IV informe “Crecimiento inclusivo. En busca de una prosperidad compartida”  un elenco de buenas prácticas empresariales que buscan promover el crecimiento inclusivo tanto a nivel nacional como internacional. 

No es tarea fácil para las empresas materializar su contribución social. Muchas veces las intenciones están, pero es complicado saber por dónde empezar y más aún definir una hoja ruta para guiar la acción. Conscientes de esto, el OEPCI en su informe introduce una serie de buenas prácticas con el objetivo de servir de guía para generar impacto e inspirar a aquellas empresas de cualquier sector y tamaño interesadas en mejorar su aspecto social. En el documento se identifican cuatro grandes dimensiones para medir el impacto y fomentar el crecimiento inclusivo en las empresas: valor económico, prácticas éticas, valor social y promoción del crecimiento inclusivo. 

1. Valor económico: La primera de esas grandes áreas es la creación de valor económico y, es que, solo aquellos negocios que alcancen el éxito podrán lograr impactar positivamente en la sociedad. En consecuencia, las empresas generan riqueza a través de la creación de empleo, apostando por la innovación e invirtiendo.  Un ejemplo citado en el informe es Fundación BBVA que ofrece servicios y productos para personas en riesgo de exclusión en países en desarrollo gracias al uso de tecnología y su apuesta por la innovación Lidia del Pozo. Directora de Community Investment Program BBVA, afirma que: “Ha sido un proceso de investigación muy enriquecedor en el que hemos participado distintas empresas. Se ha promovido una relación y alianzas entre diversos actores y lo más importante: se han incorporado diferentes perspectivas que como empresa nos ayudan a tener una visión más completa de cómo mejorar nuestro impacto social”

2. Prácticas éticas: La segunda dimensión que incorpora el informe incluye prácticas éticas, porque hay que hacer bien el bien. Esta dimensión tiene que ver con un buen número de temas: el respeto de los derechos humanos a lo largo de toda la cadena de valor, la reducción de brechas salariales junto a compensaciones dignas en aquellos países donde la legislación es más laxa, o el diseño y venta responsable, tanto de productos como servicios. 

3.Valor social: La tercera dimensión de análisis es el valor social generado con las actividades empresariales. La apuesta de la empresa por la formación y desarrollo de sus empleados y de sus proveedores, el establecimiento de fórmulas que potencien y garanticen la diversidad en sus plantillas, la eficacia de políticas efectivas de no discriminación o la creación y distribución de productos y servicios inclusivos, son manifestaciones de que la empresa está comprometida con la inclusividad.  Aquellas compañías que manifiesten estar comprometidas con la inclusividad incorporarán políticas de no discriminación eficaces, apostarán por la formación y el desarrollo de sus equipos de trabajo, por el establecimiento de fórmulas que garanticen y mejoren la diversidad en la plantilla, creación de servicios y productos inclusivos, etc.

4. Promoción del crecimiento inclusivo: La cuarta dimensión analiza la capacidad amplificadora de las empresas en la promoción del crecimiento inclusivo, no solo hacia el interior, sino también en su esfuerzo por contribuir a la transformación de la industria y del tejido empresarial. En este sentido, destaca la definición y defensa de un propósito corporativo que incorpore el impacto positivo en la sociedad y el impulso de mecanismos de gobierno ESG que promuevan un modelo más inclusivo.Esto es posible cuando las empresas establecen un propósito corporativo y los definen para incorporar el impacto positivo en la sociedad.

Evidentemente, las empresas tienen una gran responsabilidad en trabajar en pos de alcanzar sociedades más inclusivas y menos desiguales. Lo importante será dar el primer paso y así avanzar en el camino rumbo a la creación de un mundo más justo. Antoni Ballabriga, Jefe Global de Negocio Responsable en BBVA, lo resume con claridad: “Hay que situar el impacto social en todos los procesos de decisión”.

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