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Un informe realizado dentro del Programa Esade PwC de Liderazgo Social analiza los cambios en el tercer sector, sobre todo, tras la llegada de la pandemia. La investigación presenta los resultados de la encuesta llevada a cabo durante el curso 2020-2021. Esta advierte que el factor de cambio o tendencia que más preocupa al sector son las consecuencias de la pandemia, seguido de la concentración de la riqueza y el incremento de las desigualdades. Asimismo, el documento afirma que existe un importante sesgo respecto del rol que desarrollan en la actualidad las entidades sociales: trabajar en iniciativas conjuntas con otros actores, convirtiéndose en agentes de cambio sistémico para la transformación social.

La encuesta “Rol del Tercer Sector, un sector en evolución. La transformación de las entidades sociales” se realizó principalmente para recoger la información acerca de la percepción sobre el rol del Tercer Sector y su valoración global. Sabemos que estamos en un contexto incierto, a raíz del impacto de la pandemia y de las consecuencias secundarias vinculadas a esta. Sin embargo, existían ya antes de llegada del coronavirus algunas tendencias previas que condicionaban algunas preguntas tales como: ¿Estamos en un punto de inflexión como sector? O ¿estamos preparados para impulsar el proceso de cambio necesario para poder seguir teniendo el impacto deseado?

El informe realizado por el Programa Esade PwC de Liderazgo Social no respondemos a estas cuestiones de manera acabada, pero sí se apunta información sobre cómo se percibe el tercer sector, tanto internamente (los responsables de las propias entidades), como desde fuera.  Una de las principales conclusiones que presenta el documento es que el factor de cambio o tendencia que más preocupa a las ONG y entidades son las consecuencias de la pandemia, seguido de la concentración de la riqueza y al incremento de las desigualdades. Además, se observa un importante sesgo dentro del propio Tercer Sector respecto del rol que desarrollan en la actualidad y el que consideran que deberían tener idealmente: trabajar en iniciativas conjuntas con otros agentes, convirtiéndose en agentes de cambio sistémico para la transformación social.

Evidentemente el ámbito de las ONG y las entidades sociales está evolucionando y transformándose profundamente. Al respecto, la encuesta advierte que si bien en su rol actual, según el propio sector, es claramente prioritaria la asistencia a colectivos en riesgo y la acción directa, se considera que esta labor debería tener mucho menor peso en el rol ideal de futuro. En cambio, se produce la situación inversa con el rol de trabajo conjunto con otros actores, que tiene un peso muy poco significativo actualmente, pero es claramente el considerado principal en el futuro. Desde fuera del sector, se creen que las ONG deberían combinar ambos roles, realizar un trabajo más sistémico y ser agentes de cambio, pero también dedicarse a labores más asistenciales y a la acción directa.

Evidentemente existe una gran disparidad entre el rol que el Tercer Sector tiene en la actualidad con el que considera que debería tener: mientras que un 89% de los participantes en la encuesta señala la asistencia a colectivos en riesgo y la acción directa como su rol prioritario actualmente, sólo un 16% piensan que es el rol que deberían tener. De forma inversa, mientras que un 80% piensa que las organizaciones sociales deberían fundamentalmente trabajar en iniciativas conjuntas con otros agentes, convirtiéndose en agentes de cambio sistémico para la transformación social, sólo un 10% de las personas encuestadas lo seleccionan como el rol actual de su organización. El documento muestra, por tanto, que muchas organizaciones están trabajando en cuestiones asistenciales, pero aspiran a desarrollar una labor de carácter más sistémico y transformador.

Destaca también que un 49% considera que las organizaciones sociales deberían ofrecer nuevas soluciones disruptivas a problemas sociales mientras que sólo un 8% lo define como el rol actual de su organización. En definitiva, la encuesta demuestra que existe un gap muy notable entre lo que el sector social está haciendo actualmente (sobre todo asistencia directa (89%); seguido de empoderamiento y capacitación de colectivos vulnerables (47%), y formación y sensibilización (35%)y lo que considera que debería hacer (trabajo sistémico (80%) y generación de nuevas soluciones disruptivas (49%)).

Además de ser un campo que se encuentra en evolución, el estudio analiza los desafíos a los que deberá afrontar. En este sentido, los retos que aparecen como más relevantes son, por orden de importancia: conseguir la sostenibilidad económica y la financiación necesaria; medir y comunicar mejor el impacto social; la adaptación tecnológica y mejorar la calidad de los servicios ofrecidos, haciendo frente al incremento de la demanda. Por el contrario, los retos que se consideran menos importantes son: la competencia con nuevos actores como los emprendedores y empresas sociales; la mejora del marco legal y regulatorio del Tercer Sector; la mejora de la eficiencia y la reducción de costes; la mejora de las labores de incidencia política; y la atracción y retención del talento.

Finalmente, el documento analiza cual está siendo el papel de las empresas frente a los retos sociales. Al respecto, afirma que en los últimos ha habido un cambio de actitud desde la empresa hacia los retos y desafíos sociales. Muchas empresas están entendiendo el rol y responsabilidad que tienen en la construcción de sociedades más justas e igualitarias. Este cambio queda claramente reflejado en los resultados de la encuesta: un 88% de las personas encuestadas procedentes del ámbito empresarial están en desacuerdo con la siguiente afirmación: “Aunque algunos de los retos anteriores nos afectan o impactan, no es nuestra responsabilidad, desde el sector empresarial, trabajar activamente sobre los mismos”. La cuestión de la colaboración entre las ONG y la empresa se muestra un tanto controvertida. El porcentaje de los que creen que las ONG perciben a las empresas solo como posibles financiadores o como receptores de sus campañas de incidencia, pero no como posibles partners para trabajar juntos, es casi igual a los que no están de acuerdo con tal información (un 48% versus un 52%, respectivamente).

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