Así lo firma el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo(PNUD) y ONU mujeres. Ambos organismos advierten que la ausencia de mujeres en los equipos de trabajo sobre la COVID-19 perpetuará la brecha de género y acentúa las desigualdades a nivel mundial.
Faltan mujeres en los equipo de coordinación para afrontar la pandemia

A poco más de un año del inicio de la pandemia, las mujeres aún representan, en promedio, solo el 24% de los miembros de 225 equipos de trabajo sobre la COVID-19 examinados, correspondientes a 137 países, según lo indicado por el Rastreador Global de Respuestas de Género a la COVID-19, una herramienta que analiza las políticas gubernamentales aplicadas para hacer frente a la pandemia. Además, para mayor asombro, en 26 equipos no hay ninguna mujer.

Las cifras son llamativas: el número de hombres que integran los equipos de trabajo gubernamentales establecidos en todo el mundo para afrontar la pandemia es tres veces mayor que el de las mujeres, y esa desproporción dificultará la recuperación de las mujeres tras la pandemia, según nuevos datos presentados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ONU Mujeres y el Laboratorio de Investigación sobre Desigualdad de Género (GIRL, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Pittsburgh.

Sin mujeres en los puestos de toma de decisiones, hay más probabilidades de que las medidas adoptadas por los Gobiernos para afrontar la COVID-19 pasen por alto las necesidades de las mujeres, lo que podría agravar aún más la desigualdad de oportunidades de recuperación tras la pandemia, la cual ya amenaza con revertir décadas de progreso en materia de igualdad de género.

Estos datos son aún más graves si tenemos en consideración que las mujeres están sufriendo aún más las consecuencias de la pandemia. Ya sea a causa del papel que desempeñan como trabajadoras sanitarias en la primera línea de respuesta, el desempleo que genera la contracción del sector informal o el alarmante aumento de la violencia doméstica y de la carga de cuidados no remunerados que deben soportar, lo cual amenaza con empujar a 47 millones de mujeres más a la pobreza extrema.

El PNUD y ONU Mujeres instan a los Gobiernos a garantizar que las mujeres no solo participen en igualdad de condiciones en los esfuerzos de recuperación y respuesta a la COVID-19, sino que también tengan el mismo poder de toma de decisiones y las mismas oportunidades de liderazgo. Para poder responder eficazmente a la pandemia, las políticas y los programas también deben tener perspectiva de género. Sin embargo, aún hay 32 países que no han adoptado ninguna medida sensible a las cuestiones de género en respuesta a la COVID-19.

Los esfuerzos relacionados con las cuestiones de género que realizan los Gobiernos a la hora de afrontar la COVID-19 siguen enfocándose principalmente en contrarrestar el aumento de la violencia contra las mujeres y las niñas durante la pandemia según los datos obtenidos mediante el rastreador. De las medidas con perspectiva de género incluidas en el rastreador, cerca del 64% se centra en prevenir o responder a la violencia contra las mujeres y las niñas, por ejemplo, ofreciendo líneas telefónicas de asistencia, refugios y respuestas judiciales.Si bien es cierto que se trata de un primer paso positivo, solo una tercera parte de los países con datos disponibles han considerado los servicios relacionados con esa forma de violencia como una parte integral de sus planes nacionales y locales de respuesta a la pandemia.

Asimismo, se han observado deficiencias en el proceso de recuperación económica, el cual, hasta ahora, no ha contemplado en gran medida las necesidades específicas de las mujeres. Los datos obtenidos mediante el rastreador indican que, hasta marzo de 2021, solo el 13% de las 2.280 medidas aplicadas a raíz de la COVID-19 en cuanto al sector fiscal, la protección social y el mercado de trabajo apunta a la seguridad económica de las mujeres. Además, en muchos casos, las medidas adoptadas que sí están dirigidas o dan prioridad a las mujeres (desde transferencias de efectivo hasta ayuda alimentaria) han tenido un alcance limitado y han sido temporarias: a un año del inicio de la pandemia, la mayoría de los planes de transferencia de efectivo han tenido, en promedio, una duración de 3,3 meses. Los paquetes fiscales deben incluir medidas específicas a largo plazo para impulsar la recuperación de las mujeres frente a la pandemia.

Otro importante dato que muestra el rastreador es que solo el 11% de las medidas relativas a la protección social o el mercado de trabajo abordan el trabajo doméstico o de cuidados no remunerados, el cual, antes de la pandemia, recaía sobre las mujeres tres veces más que sobre los hombres. Algunas buenas prácticas, adoptadas principalmente en Europa y América, incluyen la prestación de servicios de cuidado infantil (34 países), licencias pagadas por motivos familiares o enfermedad (44 países) y modalidades de trabajo flexible (11 países).

“Necesitamos más datos y de mejor calidad, y para ello podemos recurrir a colaboraciones como la que mantienen la Universidad de Pittsburgh y las Naciones Unidas”, dijo Ann E. Cudd, Rectora de la Universidad de Pittsburgh. Por su parte, Achim Steiner Administrador del PNUD expresó que: “Las mujeres han estado en la primera línea de la respuesta a la COVID-19, al conformar el 70% del personal sanitario a nivel mundial. Sin embargo, se las ha excluido sistemáticamente de los procesos de toma de decisiones sobre cómo contrarrestar los efectos de la pandemia. Por ejemplo, los alarmantes nuevos datos presentados indican que solo ocho países del mundo tienen equipos de trabajo sobre la COVID-19 con paridad de género”.

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