
La pobreza está cambiando y las estrategias para combatirla también deben hacerlo. La pérdida de un empleo, una enfermedad, las responsabilidades de cuidados o un fenómeno meteorológico extremo pueden poner en riesgo la estabilidad económica de una familia en cuestión de días. En un escenario marcado por el cambio climático y la aceleración tecnológica, garantizar que los avances sociales sean duraderos se ha convertido en uno de los principales retos para las políticas de inclusión.
Así lo advierte la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA) con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Según la entidad, las próximas décadas estarán condicionadas por cinco grandes factores capaces de transformar las dinámicas de exclusión: los conflictos, la emergencia climática, el envejecimiento de la población, la inteligencia artificial y las desigualdades en el acceso a las tecnologías digitales.
Esta perspectiva invita a revisar una idea tradicional: abandonar una situación de pobreza no significa necesariamente haber alcanzado una seguridad económica permanente. Para millones de personas, cualquier imprevisto puede provocar un retroceso y devolverlas a condiciones de precariedad.
Las previsiones para América Latina muestran una evolución favorable. La región alcanzará en 2026 una tasa de pobreza monetaria del 24,8%, la más baja desde que existen registros. Sin embargo, detrás de esta mejora persisten importantes desafíos sociales.
De acuerdo con los datos difundidos por la Fundación Microfinanzas BBVA, alrededor de 167 millones de personas continuarán viviendo en situación de pobreza, mientras que otros 200 millones se encontrarán en condiciones de vulnerabilidad económica, con riesgo de volver a caer en ella.
Esta realidad evidencia que las mejoras en los ingresos no siempre se traducen en una estabilidad sostenida. Las dificultades para acceder a empleos de calidad, disponer de mecanismos de protección o afrontar gastos inesperados pueden comprometer los progresos alcanzados.
Giovanni Di Plácido, director de Research y Estrategia de la Fundación, considera que el desafío central consiste en garantizar la permanencia de las personas fuera de la pobreza. Desde su perspectiva, este fenómeno debe analizarse como un proceso cambiante y no como una situación fija, ya que los hogares con menos recursos encuentran numerosas barreras para consolidar sus avances económicos.
En España también se observan mejoras, aunque la pobreza continúa afectando a una parte significativa de la población.
Según el XVI Informe El Estado de la Pobreza, elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), la tasa de pobreza relativa descendió hasta el 19,5% en 2025. Se trata del porcentaje más bajo de la serie histórica, después de tres años consecutivos de reducción.
No obstante, 9,6 millones de personas siguen viviendo con ingresos inferiores a 1.018 euros mensuales por unidad de consumo, el umbral utilizado para medir este indicador.
La pobreza severa también experimentó una reducción de cuatro décimas y se situó en el 8%, su nivel más bajo desde 2009. Aun así, aproximadamente 3,9 millones de personas disponen de ingresos inferiores a 679 euros mensuales por unidad de consumo.
Aunque las metodologías utilizadas para medir la pobreza en España y América Latina son diferentes y sus resultados no pueden compararse directamente, ambas regiones comparten un problema: una parte importante de la población sigue sin disponer de recursos suficientes para afrontar situaciones adversas.
Carlos Susías, presidente de EAPN-ES, insiste en que la mejora de los indicadores no debe ocultar las dificultades que atraviesan millones de hogares. En este sentido, reclama políticas públicas capaces de garantizar ingresos adecuados, empleo digno, acceso a una vivienda asequible y sistemas sólidos de protección social.
Para la organización, el crecimiento económico por sí solo no resulta suficiente si no se acompaña de medidas que eviten que una enfermedad, la pérdida del trabajo u otras circunstancias inesperadas desencadenen nuevas situaciones de pobreza.
Las investigaciones del área de Research y Estrategia de la Fundación Microfinanzas BBVA identifican cinco tendencias que podrían determinar la evolución de la pobreza en América Latina de aquí a 2040.
Entre ellas destaca el cambio climático, cuyos efectos ya comprometen los medios de vida de millones de personas. Solo en 2024, un total de 82 desastres afectaron a 12 millones de habitantes de la región.
Las inundaciones, sequías y terremotos pueden destruir pequeños negocios, interrumpir actividades económicas y reducir drásticamente los ingresos familiares. Para quienes carecen de ahorros o mecanismos de protección, recuperarse de estas situaciones resulta especialmente difícil.
A esta amenaza se suma la transformación digital. Aunque las nuevas tecnologías pueden facilitar oportunidades económicas, también pueden generar nuevas formas de exclusión.
No disponer de conexión a internet o de una identidad digital puede convertirse en una barrera para acceder al crédito, solicitar prestaciones sociales o incorporarse al empleo formal. Asimismo, la expansión de la inteligencia artificial introduce cambios en el mercado laboral que pueden afectar especialmente a quienes encuentran mayores dificultades para adaptarse a las nuevas exigencias tecnológicas.
El envejecimiento de la población representa otro desafío. Muchos trabajadores de la economía informal llegan a edades avanzadas sin contar con una protección económica suficiente, una situación que incrementa su vulnerabilidad.
Las desigualdades de género también atraviesan estas transformaciones. Las mujeres que deben abandonar o reducir su actividad profesional para asumir responsabilidades de cuidados pueden ver comprometidos sus ingresos y su autonomía económica.
En conjunto, estos factores muestran que las políticas contra la pobreza deberán responder a realidades cada vez más complejas, en las que los riesgos ambientales, tecnológicos y sociales se entrecruzan.
Ante la falta de oportunidades laborales, muchas personas encuentran en el autoempleo una alternativa para generar ingresos. Sin embargo, poner en marcha una pequeña actividad económica no garantiza por sí mismo una mejora sostenida de las condiciones de vida.
La Fundación Microfinanzas BBVA subraya que el crecimiento de estos negocios requiere algo más que financiación. El acompañamiento, los seguros, el acceso a nuevos mercados y la disponibilidad de herramientas digitales resultan fundamentales para fortalecer su viabilidad.
Actualmente, el Grupo FMBBVA presta apoyo a más de tres millones de emprendedores con escasos recursos en cinco países latinoamericanos.
Según los resultados comunicados por la entidad, el 47% de quienes han recibido apoyo de sus organizaciones ha conseguido superar la pobreza, una proporción que alcanza aproximadamente a seis de cada diez emprendedores después de cinco años.
Durante 2025, la Fundación destinó 1.910 millones de dólares a microcréditos dirigidos a este colectivo.
Estos datos reflejan el potencial del acompañamiento económico para mejorar las oportunidades de quienes desarrollan pequeños negocios, pero también ponen de manifiesto la importancia de ofrecer herramientas que permitan mantener los avances a largo plazo.
La evolución de la pobreza plantea una cuestión fundamental para los próximos años: cómo evitar que las personas que logran mejorar sus condiciones de vida vuelvan a quedar atrapadas en situaciones de vulnerabilidad.
La respuesta exige prestar atención tanto a las causas tradicionales de la desigualdad como a los riesgos emergentes. La crisis climática, los cambios demográficos y la transformación tecnológica pueden agravar las dificultades de quienes ya parten de posiciones económicas desfavorables.
En este contexto, fortalecer los sistemas de protección social, garantizar el acceso a oportunidades económicas y reducir las barreras digitales adquiere una importancia creciente.
El Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza recuerda así que el progreso social no debería medirse únicamente por el número de personas que superan un determinado umbral de ingresos, sino también por su capacidad para mantener unas condiciones de vida dignas frente a las crisis y los cambios del futuro.
La erradicación de la pobreza no dependerá solamente de conseguir que más personas salgan de ella, sino de construir sociedades capaces de impedir que la vulnerabilidad económica vuelva a convertirse en exclusión.