Tradicionalmente tendemos a criticar la desigualdad económica en términos de justicia. El problema de este encuadre radica en las diferencias ideológicas del concepto. Para algunos, por ejemplo, la desigualdad económica supone un aliciente para el trabajo y el esfuerzo.
Recientemente se publicaron dos encuestas sobre la relevancia y el uso de la información de RSE en las decisiones de inversión con resultados poco compatibles. Parece que el caso no está cerrado.
La ya ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, consiguió al final su objetivo, es decir, que el magnate estadounidense Sheldon Adelson eligiera a la capital de España como el lugar perfecto para crear su macroespacio del juego conocido como EuroVegas.
Nací en una sociedad capitalista, aprendí sus valores, sus costumbres, sus reglas para las relaciones humanas, profesionales, familiares, aprehendí lo que está bien y está mal en ese entorno...me socializaron, vaya.
El término (y a veces incluso el ejercicio) de la RSE ha tenido un gran éxito en los últimos años. Ahora bien, no negaremos que parte de su éxito reside en su ambigüedad. Esto no es necesariamente malo, sino todo lo contrario: permite que se cobijen aproximaciones plurales, permite que no se la apropie sólo una minoría, y puede inspirar iniciativas innovadoras justamente porque su significado no está rígidamente predeterminado.
A veces nos olvidamos de lo más básico. La cantidad de conceptos, ejemplos de las grandes empresas, índices, monitores, documentos oficiales y no oficiales, estudios, y un largo etcétera nos hacen olvidarnos de las responsabilidades más básicas de una empresa, incluso nos llevan a confundir responsabilidad social con los que no lo es, y conviene recordarlas. Las responsabilidades más básicas de una empresa son: 1. Ganar dinero 2. Satisfacer las necesidades de los clientes ofreciendo productos y servicios de calidad y 3. Generar empleo.
La misión es la razón de ser de una empresa, la justificación ante la sociedad de su existencia y una declaración que señala el norte en todas sus actuaciones. En una misión empresarial, se integran las voluntades y los compromisos definidos como estratégicos por la organización para el cumplimiento de sus metas y objetivos empresariales. La misión tiene vigencia mientras sea el medio adecuado para alcanzar la visión.
Comparto un video donde podéis ver el debate en el que tuve el honor de participar junto con grandes ponenetes celebrado el pasado viernes 7 de septiembre.
No hay inclusión social plena sin acceso al empleo. Habrá quien piense que esta afirmación así de tajante es propia de otra época: unos, porque el trabajo ya no es lo que era, el empleo se ha deteriorado, y para muchos resulta un mal que hay que soportar lo mejor posible (cuando no hace demasiado tiempo se hablaba del trabajo remunerado como espacio de realización personal y, de hecho, ésta fue una de las banderas del feminismo en los años Setenta).