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Nací en una sociedad capitalista, aprendí sus valores, sus costumbres, sus reglas para las relaciones humanas, profesionales, familiares, aprehendí lo que está bien y está mal en ese entorno...me socializaron, vaya.

Aquí me muevo desde entonces y me cuesta concebir un orden que no sea este. Es más, hasta me parece el único sistema posible porque mover una pieza parece harto costoso sino imposible y hasta hace poco mi empeño era mejorarlo sin cambiar lo esencial, mejorar el sistema económico y social desde dentro del mismo sistema y con las máximas que éste me ha inculcado.

Dicen los entendidos que el cerebro es comodón y se resiste al cambio aunque sea a mejor. Lo dice la sabiduría popular “más vale loco conocido que loco por conocer”.

La responsabilidad social es una opción de cambio pero la hemos adaptado al sistema conocido y el mismo sistema se encarga de someterla a sus intereses. Paradójicamente refuerza el sistema en vez de darle un giro real.

Cuando una se atreve a proponer cambios profundos la gente se asusta y te tachan de utópica, soñadora aunque piensan que realmente estás un poco loca.

Y es que ante cambios profundos la misma sociedad se encarga de aislarte, de señalarte como persona non grata y es difícil vencer esta presión porque el ser humano es ser social y necesita del reconocimiento del resto de miembros de la tribu.

Pero aunque nos es más fácil subsistir en un entorno que ya no nos sirve y nos expliquemos películas que hacen que éste hasta nos parezca más válido de lo que realmente es...hay esa voz interior que de vez en cuando se queja y te hace sentir cierta soledad e insatisfacción.

Dice Emilio Duró en sus exposiciones el valor de saber decir “tú, no” y yo añado “esto, no”, acto de valentía sin duda. Porque al decir “no” somos absolutamente sinceros, mostramos abiertamente dónde nos encontramos y esto no siempre es bien recibido.

A menudo ni nosotros mismos nos atrevemos a pensar de una manera diferente aunque sintamos que es el camino, nos asusta ser conscientes de la realidad y pensar en una realidad diferente.

Para avanzar debemos ser absolutamente sinceros con nosotros mismos y empezar a llamar a las cosas por su nombre, atrevernos a soñar, imaginar otro orden, otra manera de relacionarnos y vivir. Ser valientes.

Este es el primer paso para cambiar las cosas de verdad.

Y las cosas deben cambiar siempre porque la inmovilidad es la muerte, el hastío, la alienación...así que debemos ser muy valientes, hablar de las cosas desde otro lugar, relacionarnos de otra manera, rechazar quien o aquello que nos frene...volar!

¿Desde donde debemos construir?

Pensemos qué nos hace feliz, dónde somos realmente personas valiosas y en proceso de crecimiento, hacia dónde queremos ir, qué queremos de verdad...y veremos que lo que tenemos no nos sirve y que “todo gran viaje comienza con un pequeño paso” como dijo Lao Tse.

Si no damos este paso, no nos moveremos y sólo el primer paso es el difícil...el resto es caminar hacia la dirección correcta y ésta está muy lejos de los valores que nuestra sociedad defiende.

Ahora que releo lo escrito veo que tanto sirve para un cambio social como para un cambio personal...así de coherente es luchar por el bienestar, por la felicidad personal y colectiva.

Léase siempre responsabilidad social y economía del bien común que hasta ahora son los paradigmas por los que apuesto porque dan sentido a un cambio de una realidad que ya murió y nadie se atreve a enterrar. O tal vez no interesa enterrar porque es el bien de unos pocos que son minoría y el poder que tienen se lo damos nosotros cuando callamos y preferimos no cambiar nada.

Apelo a la valentía de imaginar otro orden de cosas.

@MontseCusachs

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