En el ya lejano verano del año 1988, vio la luz en la revista The National Interest el artículo de un desconocido Francis Fukuyama titulado “¿El fin de la historia?”.

 

La tesis fundamental del escrito, muy sostenido en citas y argumentos de autores como Hegel o su exegeta Kojève, era que el liberalismo económico y político, en definitiva, la "idea de Occidente", resultaría ser la que, finalmente, se acabaría imponiendo de modo planetario, no presentándose por ello rival alguno a su altura. 

 

    Las "otras alternativas" se evidenciaban como inútiles en la solución eficaz de los problemas humanos y por tanto, el momento evolutivo, la vía sin retorno de raíz hegeliana para su autor, era la absoluta victoria del liberalismo. Así como había triunfado este modelo en el ámbito de las ideas y las conciencias, presagiaba Fukuyama, posterior pope neocom, su absoluta hegemonía en el mundo material.

 

    Pues, a la luz de los recientes acontecimientos, parece que tenía razón, aunque sólo en eso, "… porque el liberalismo ha triunfado fundamentalmente en la esfera  de las ideas y de la conciencia, y su victoria todavía es incompleta en el mundo real o material. Pero hay razones importantes para creer que éste es el ideal que "a la larga" se impondrá en el mundo material." Veinte años más tarde, el augurio se ha cumplido y estamos pagando por ello las consecuencias. Y lo que nos quedará…

 

Esta última semana hasta el propio Sarkozy, renegando de su consabido liberalismo, nos ha invitado a refundar el capitalismo. Pues bien, desde la atalaya que nos brinda el ínclito y nunca bien ponderado Jaumá, gracias por tanto a su generosidad,  me permito ofrecer una alternativa. Para evitar que, como en el final del siglo anterior, sigan decidiendo nuestro futuro los de siempre, los de toda la vida, al menos en las ideas, y, equivocándose en consecuencia, haciendo que paguen los platos rotos los de siempre, los otros de siempre, hay que apelar a la movilización ideológica y conceptual.

 

    Dividiendo en cuatro grandes apartados, el político, el social, el económico y el interrelacional, planteamos abrir un espacio en Diario Responsable, Capitalismo 2.0, al objeto de incorporar todas aquellas iniciativas de renovación para, desde una amplia visión sobre la responsabilidad, más allá incluso de lo tratado hasta ahora en su vertiente empresarial, hacer frente al reto de redibujar nuestro futuro, para frecuentarlo como sostenía Pereira.

 

   Quizás con ello evitaremos lo que también Fukuyama presagió, con una sorprendente clarividencia, en aquel malhadado artículo: "El fin de la historia será un momento muy triste. La lucha por el reconocimiento, la voluntad de arriesgar la propia vida por una meta puramente abstracta, la lucha ideológica a escala mundial que exigía audacia, coraje, imaginación e idealismo, será reemplazada por el cálculo económico, la interminable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente, y la satisfacción de las sofisticadas demandas de los consumidores (…) Tal vez esta misma perspectiva de siglos de aburrimiento al final de la historia servirá para que la historia nuevamente se ponga en marcha."  Fin del artículo, fin de esta historia. Seguro que Ramón Jáuregui aportará más de un idea luminosa.


 

 

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