
“Nunca se es demasiado joven para aprender empatía, valores y ser buena persona”
De hecho, para muchas familias adineradas, no es un mero acto de altruismo. Puede desempeñar un potente rol, contribuyendo a la identidad y legado familiar. Al respecto la filantropía es una potente herramienta para hacer el bien que además puede jugar un papel crucial en unir a la familia.
Es el caso de una familia que decidió vender su empresa en la cuarta generación. Les preocupaba que con ello se perdiese el cemento que les mantenía unidos. Así que decidieron constituir una fundación. Ello generó oportunidades para los miembros de la familia que deseaban colaborar, así como un campo de entrenamiento para la siguiente generación.
En este sentido un ejercicio sano es redactar una carta a los descendientes, de modo que la siguiente generación tengan una idea de los valores y la visión de la persona que generó el patrimonio. Se trata de reflexionar sobre la motivación filantrópica. No tiene por qué entregarse. Los valores no se enseñan, se inculcan. No se puede forzar a alguien a ser filántropo, aunque si inspirarle con el ejemplo.
En todo caso, la preparación y planificación son de capital importancia en la filantropía. Probablemente, una de las preguntas más frecuentes es: ¿cómo involucro a mis hijos?. La respuesta es que nunca es demasiado pronto para empezar. Nunca se es demasiado joven para aprender empatía, valores y ser buena persona. No obstante, quienes crecen en un entorno privilegiado no tienen necesariamente acceso a la experiencia de la pobreza, la desigualdad o la injusticia. El voluntariado es una forma de remediarlo. Así, realizar trabajo voluntario en proyectos familiares puede ser una experiencia enriquecedora y transformadora.
Ahora bien, al igual que hay diferencias entre las empresas familiares, las generaciones se diferencian en cuanto a la filantropía. Los estudios han demostrado que entre los 18 a 25 años el clima, medioambiente y biodiversidad encabezan las prioridades del capital filantrópico, seguidos de la desigualdad y los conflictos. En la generación de sus padres las tres causas más comúnmente apoyadas son salud, educación y arte y cultura. De hecho, es frecuente que un miembro de la nueva generación no se sienta identificado con una fundación familiar por las causas. Es importante dar a la siguiente generación espacio y responsabilidad para explorar sus propias pasiones filantrópicas. Algunas familias establecen una dotación separada en su fundación para que la siguiente generación pueda destinar fondos a sus áreas de interés, otras crean fondos para sus hijos o nietos asesorados por donantes, dándoles la posibilidad de que su propia mini fundación abandere causas en las que creen.
La generación más joven tiene también más probabilidad de una implicación más directa y holística. Ven su capital filantrópico como algo más que emitir cheques. Están más interesados en explorar vías de inversión responsable y de impacto. En la nueva generación se tiene la impresión de que, marcar realmente la diferencia en cuestiones de gran calado requiere movilizar muchos más recursos. Así que la tendencia de la nueva generación es mirar bajo el prisma de impacto el conjunto del patrimonio e inversiones, no solo a una parte.