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El 4 de junio fue el Día de la Sobrecapacidad de España: la fecha en la que, según los cálculos de Global Footprint Network, nuestro país agotó todos los recursos naturales que el planeta puede regenerar en un año entero. A partir de ese día, los más de seis meses restantes de 2026, vivimos a crédito ecológico. Un crédito que nadie firmó, que nadie aprobó, y cuya factura no nos llegará a nosotros, sino a los que vienen detrás.
Recargar el futuro y reducir la deuda ecológica con un solo gesto

Esa es la deuda real que tenemos sobre la mesa. Y la buena noticia es que la industria de la belleza ha escuchado, y responde con hechos.

La sostenibilidad real no es una tendencia, una aspiración, un compromiso o mero cumplimiento. En L'Oréal hablamos en presente, y la sostenibilidad no es un anexo al modelo de negocio ni una declaración de intenciones: es el modelo operativo, la palanca desde la que tomamos cada decisión de producto, de packaging, de fabricación y de distribución. Un buen ejemplo de este modelo de excelencia dual al que hacemos referencia desde la estrategia de sostenibilidad de la compañía es el refill, sin duda la mejor expresión de un liderazgo responsable que asumimos con convicción.

La apuesta por el rellenado y la recarga de nuestros productos es clara, y los resultados nos animan a ir más lejos: hoy, el 30% del surtido de nuestra división de Lujo ya es rellenable, el 21% en Productos Profesionales, el 15% en Dermatológica y el 6% en Gran Consumo. Y la mejor noticia es que el consumidor también nos está acompañando: el peso del refill en nuestro negocio total casi se ha cuatriplicado en apenas cuatro años desde 2022, y en el último año registró un crecimiento del 34% a nivel mundial en todas las divisiones.

Este año, por primera vez en la historia de L'Oréal, hemos unido a las cuatro divisiones, a todas las categorías de producto y a quince marcas —desde Lancôme hasta Elvive, desde Kérastase hasta La Roche-Posay— bajo una misma campaña: #ÚneteAlMovimientoRefill

Porque el refill no es un formato de nicho, no es un capricho de marca premium. Es una palanca de transformación sistémica que desacopla el negocio del consumo de materiales, apoya nuestra hoja de ruta de descarbonización, y nos permite reducir la intensidad de nuestro packaging —que ya se redujo un 12% desde 2019, con el objetivo firme de alcanzar mínimo el 20% para 2030.

Y tenemos la obligación de concretarlo. Porque cuando hablamos de refill, no hablamos de una promesa difusa, sino de ahorros auditados, producto a producto, gesto a gesto. Cuando un consumidor elige la recarga de La Vie Est Belle de Lancôme de 100 ml en lugar de dos frascos convencionales de 50 ml, ahorra directamente un 74% de vidrio, un 63% de plástico, un 61% de cartón y el 100% de los metales. Cuando elige la recarga de La Roche-Posay Lipikar Cleansing Oil frente a una botella de 400 ml, el ahorro es del 73% de plástico. La recarga de 250 ml del champú Elvive Hydra Hyaluronic de L'Oréal Paris supone un 60% menos de plástico. Y en Kérastase Elixir Ultime, la recarga contribuye al ahorro de un 95% de plástico reciclado y un 30% de vidrio reciclado. Eso es lo que significa hacer sostenibilidad de verdad: no grandes declaraciones, sino decisiones medibles y visibles en el lineal y en la web.

Ahora bien, la escala industrial no basta si el consumidor no sabe que la recarga existe, no la encuentra o teme que el proceso sea demasiado complicado. Según Kantar, el 42% de los consumidores no sabía que había recargas para sus productos habituales. El 43% afirma no encontrarlas con facilidad en las estanterías. Y el 41% teme que el proceso sea sucio o ineficaz. Estamos ante una paradoja que conocemos bien y que tenemos la capacidad de resolver: el 84% quiere tomar decisiones de compra más sostenibles, y las barreras de descubrimiento, accesibilidad y practicidad son exactamente donde podemos y debemos actuar. Resolver esta paradoja no es solo nuestra responsabilidad como líderes de la industria, es además nuestra mayor oportunidad.

La sostenibilidad no se mide en promesas a largo plazo, sino en acciones concretas para transformar la industria, y en los gestos cotidianos que realizamos cada mañana en nuestro cuarto de baño o cada vez que acudimos al supermercado.

Por eso invertimos también aguas arriba. Estamos transformando nuestras plantas de fabricación en Gauchy, Aulnay, Vichy y, de forma muy especial, nuestra planta española de Burgos, referente mundial en sostenibilidad y ahora también en producción de recargas capilares. Apostamos por tecnologías disruptivas que nos ayudan a ser más circulares, como Carbios para el reciclaje enzimático de plásticos o LanzaTech para transformar carbono industrial en envases de polietileno de alta densidad. Y contamos con L'AcceleratOR, nuestra aceleradora de innovación sostenible dotada con 100 millones de euros en cinco años. Porque la innovación científica sin ecosistema ni escala no genera cambio real, y de ahí la importancia de alianzas como las que construimos con Stanpa y Ecoembes para vertebrar esta transformación circular en toda la cadena de valor.

En L'Oréal llevamos años demostrando que crecer dentro de los límites del planeta no solo es posible, sino que es lo justo y lo deseable, y que genera negocios sanos que promueven un futuro mejor para fabricantes, distribuidores y consumidores. La sostenibilidad real y bien entendida nos hace más competitivos y resilientes. El refill es el mejor ejemplo de que la mejor belleza no tiene por qué costarle más al planeta, ni, dicho sea de paso, al bolsillo de nadie.

Yo me uno al movimiento. #ÚneteAlMovimientoRefill

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Opinión#ÚneteAlMovimientoRefill

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