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La transición energética disparará la demanda de metales y minerales

Conocidos por ser buenos conductores de la electricidad y el calor, los metales son fundamentales en muchas tecnologías, por lo que se espera que su uso crezca masivamente en el contexto de la transición energética.

Tecnologías como las redes eléctricas, los paneles solares, los aerogeneradores, los coches eléctricos, las baterías de almacenamiento... consumen muchos metales. Por ejemplo, una turbina eólica contiene cobre, acero, aluminio, zinc, neodimio, disprosio y terbio.

Un coche eléctrico requiere 6 veces más minerales que un vehículo convencional. Los parques eólicos marinos necesitan 10 veces más minerales que las centrales de gas. Según ADEME, la agencia francesa para la transición ecológica, un aerogenerador utiliza 17 kg de metales de tierras raras, mientras que un vehículo eléctrico necesita entre 5 y 9 kg de cobalto.

El cobre también es un metal fundamental para la transición energética, tanto para las tecnologías de energías renovables como para la transmisión y distribución de electricidad. El cobre se encuentra en relativa abundancia en la corteza terrestre. El litio, en cambio, está presente en las baterías eléctricas, al igual que el cobalto y el níquel.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha evaluado el crecimiento de la demanda mundial de metales y minerales según distintos escenarios: la tendencia actual (escenario 2040-Políticas establecidas), una senda de +2ºC (escenario 2040-Neto cero para 2050).

Además, la AIE ha proyectado que en un escenario de +2ºC, la demanda de los minerales utilizados en los coches eléctricos y las baterías se multiplicaría por 30 en 2040, siendo el litio el más demandado.

La geopolítica afecta a la oferta

La Unión Europea y Estados Unidos han elaborado una lista de materias primas críticas, y la mayoría son metales. Una materia prima se considera crítica cuando se utiliza en muchos sectores de la industria, cuando no existen sustitutos sencillos de obtener a corto plazo, cuando su valor económico es elevado y si el suministro y la producción están concentrados geográficamente. La Unión Europea también tiene en cuenta el "riesgo país" asociado a los proveedores, que abarca factores medioambientales y restricciones comerciales.

Entre estas materias primas críticas figuran el litio, el magnesio, el cobalto, el titanio y varias tierras raras. La criticalidad económica del litio, por ejemplo, se debe en gran medida a la concentración de reservas, con exclusivamente 5 actores concentrando el 90% del mercado. También se debe a la falta de transparencia en la fijación de precios. Por otra parte, el cobalto tiene un alto nivel de criticalidad geológica, pero lo que es aún más importante, el suministro podría verse restringido debido a las tensiones geopolíticas en torno a este material. Más del 70% de los recursos mundiales se encuentran en la República Democrática del Congo.

China también es un actor clave en la producción de tierras raras, junto con el refinado de la mayoría de los metales. En 2020, el gigante asiático proporcionó el 98% del suministro de tierras raras de la Unión Europea. Sudáfrica, por su parte, cubrió el 71% de las compras de platino de la UE. El porcentaje es aún mayor en el caso del iridio, el rodio y el rutenio.

La cuestión de la seguridad del abastecimiento y la dependencia han pasado a primer plano con la transición energética.

La Comisión Europea trabaja para diversificar el suministro, reducir la dependencia de otros países y mejorar la eficiencia y circularidad de los recursos. El primer objetivo es favorecer el suministro desde dentro de la Unión Europea -donde muchos recursos metálicos están actualmente sin explotar-. Por ejemplo, para 2025, la Alianza Europea de Baterías debería poder satisfacer el 80% de la demanda europea de litio recurriendo a fuentes europeas.

Además, la Comisión Europea tiende a asociarse con terceros países exportadores. Estas asociaciones permitirán a estos últimos desarrollar sus recursos minerales de forma sostenible, al tiempo que establecen relaciones de confianza con la UE.

Por último, la UE invierte en su industria de reciclado y en innovación. En 2020 se reciclará más del 50% de diferentes metales -como el acero, el zinc y el platino-, que ya suponen más del 25% del consumo total de la UE. Sin embargo, en el caso de otros metales, y en particular los necesarios para las tecnologías de energías renovables, el uso de materiales secundarios sigue siendo más bien marginal.

       
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