Publicado el
Si a muchos de nosotros nos preguntaran cuándo fue la última gran sequía que ha sufrido España, seguramente no sabríamos ponerle fecha. Posiblemente, diríamos el año anterior o durante la última década. Reconozco que he tenido que buscar en Internet para comprobarlo y data de 2017, cuando después de una primavera y un verano secos, llegó un otoño en el que no se dieron las precipitaciones correspondientes. Pero antes de eso habíamos vivido otros periodos de sequía que para muchos, por edad o por el paso del tiempo, han quedado en el olvido, como las sequías de las décadas de los 80 (1982-84) y los 90 (1992-1995).

La realidad no deja lugar a la duda. Los embalses en España, a 23 de agosto, estaban al 36,88%, cuando hace un año se situaban en el 43,77%, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Estamos viviendo un verano en el que, además de sufrir varias olas de calor desde el comienzo del mes de junio, notamos las consecuencias de la ausencia de lluvias. Julio ha sido el mes más cálido desde que existen registros y el año hidrológico 2021-2022 es el tercero más seco del siglo XXI y el cuarto de la serie histórica, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Además, a la sequía se le han unido los 50 grandes incendios que han asolado nuestro país y que han quemado ya más de 280.000 hectáreas, superando las 166.000 hectáreas de 2012, lo que nos coloca como el país de la Unión Europea con más superficie calcinada.

En el resto del mundo la situación no es mejor

La primavera y el verano secos han provocado también que las cosechas de cereal se hayan visto diezmadas en un momento, además, al que se le suma la inflación económica por la guerra de Ucrania. La vendimia, que suele empezar a mediados de septiembre se está adelantando en diversas zonas del país. Por primera vez, el Consorcio de Aguas de Bilbao Bizkaia (CABB) ha tenido que recurrir a un barco cisterna holandés que desde el puerto de Bermeo suministra agua a 45.000 personas de 16 municipios. Estos son algunos ejemplos del impacto que tiene la sequía en nuestro país. En Europa, incluso, son mayores. Portugal está viviendo la sequía más severa desde 1931. Lo mismo que Italia donde no conocían una similar desde hace 70 años. En Reino Unido han sufrido el julio más seco desde 1935 y con temperaturas récord de 40º en un entorno en el que la lluvia es cotidiana. Francia ya ha catalogado este verano como el más seco de la historia y en Alemania el río Rin, la vía fluvial más utilizada de Europa, ha bajado su caudal exponencialmente, lo que ha llevado al gobierno alemán a alertar de los efectos que tendría para su economía si los cargueros no pueden navegar, ya que ni el transporte terrestre ni el ferrocarril podrían asumir las mercancías.

Las consecuencias de la sequía en el Cuerno de África, que se inició ya en 2021 son mayores. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) ha anunciado que ampliará sus programas de asistencia a más de 22 millones de personas en Kenia, Etiopía y Somalia, mientras que el número de personas que carecen de un acceso seguro a agua potable ha aumentado de 9,5 millones a 16,2 millones en el espacio de cinco meses, según datos de Unicef. Además, en Somalia un millón de personas ya se han visto desplazadas por la grave sequía.

De repente la sequía y su impacto en nuestra vida, la naturaleza y la economía parece que ha hecho que nos despertemos y empecemos a tomar conciencia de la importancia del agua. La verdad es que tenemos la suerte de vivir en un país en el que, por lo general, no nos preocupa el acceso a agua potable para nuestra cotidianidad. Todos nosotros podemos abrir el grifo para beber agua, ducharnos, lavar los platos, poner el lavavajillas o la lavadora y hasta llenar las piscinas. Además, el precio del agua no supone un gran desembolso para las economías familiares en comparación con otros suministros como la luz o el gas y, posiblemente, no le demos el valor que tiene porque consideramos que tiene un coste asequible.

Pero si no empezamos a tomarnos muy en serio el acceso al agua y comenzamos a tener una estrategia integral a largo plazo como país y al nivel de la Unión Europea, los problemas que estamos viendo con la energía o con el gas pueden acabar replicándose con el agua. Espero que aprendamos del ejemplo que estamos viendo y no queramos reaccionar cuando sea demasiado tarde.

Desde el pasado 23 de agosto y hasta el 1 de septiembre se está celebrando la Semana Mundial del Agua en Estocolmo (Suecia), la cita más importante a nivel global para tratar nuevas formas de gestionar el agua y abordar los principales desafíos del planeta alrededor de ella, como la pobreza, la seguridad alimentaria, la agricultura, la salud, la crisis climática o la pérdida de biodiversidad. Este año, el lema marcado por Naciones Unidas es ‘Ver lo invisible: el valor del agua’. Desde AUARA hemos compartido 10 datos importantes que tal vez no conocíamos en torno al agua y con los que queremos recordar el valor que tiene el agua en la vida de todos y que desde nuestro nacimiento en 2016 hemos intentado trasladar. Porque, como decimos en AUARA, tener acceso a agua potable es el primer paso para salir de la pobreza. No nos olvidemos de reconocer el valor del agua.

¡Comparte este contenido en redes!

300x300 diario responsable
 
CURSO: Experto en Responsabilidad Social Corporativa y Gestión Sostenible
 
Advertisement
Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies