La participación en la consulta empresarial sobre la Agenda 2030 promovida por la Red Española de Pacto Mundial de 2022 ha contado con la participación de 2.507 empresas, un 24% más que en 2020 con distintas figuras del mundo empresarial desde autónomos, PYMES, multinacionales… y que ha involucrado en el análisis a distintos grupos de expertos del panorama internacional.Hemos de tener en cuenta que estamos en un año clave para valorar los avances y la realidad de alcanzar o no las metas de la Agenda pues hemos llegado a la mitad del tiempo establecido en esta importantísima carrera de fondo (2015-2030).
La mitad del recorrido a la Agenda 2030: resultados y conclusiones de la consulta a empresas realizada por la Red Española de Pacto Mundial

En esta ocasión se destaca una participación consciente, es decir, prácticamente todas las personas que han aportado a la consulta están al tanto de la Agenda 2030 y tan solo el 14% no está al corriente en profundidad. Esta mayor consciencia viene precedida de regulaciones y movimientos empresariales que han llevado la Agenda 2030 a una cantidad considerable de mesas de conversación decisivas. De esta forma puede observarse que los ODS más trabajados por las empresas sean los más condicionados por las regulaciones vigentes, como la igualdad, los derechos humanos en la cadena de valor, una producción y consumo respetuosa con el entorno o, como era de esperar, la energía asequible y no contaminante como resultado de la crisis energética que estamos viviendo y que está llevando a una agilización de la implantación de planes de descarbonización que, además de favorecer la autosuficiencia energética en las empresas, fomenta el cumplimiento de planes y objetivos basados, entre otros, en los Science Based Targets (objetivos en línea con el nivel de descarbonización requerido para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de 2 grados centígrados en comparación con las temperaturas preindustriales).

Prácticamente la mitad de las empresas que han contestado cuentan con un profesional responsable de trabajar en sostenibilidad, con un plan estratégico de sostenibilidad, o con el convencimiento de que una vinculación a la sostenibilidad mejora el rendimiento económico. El 79% cree que de esta visión se obtienen ventajas competitivas a corto/medio plazo. Por lo que trabajar en el desarrollo sostenible genera impactos positivos en la cuenta de resultados. No es un hecho subjetivo, es algo que opinan ya 1654 empresas de las 2507 que han participado.

Uno de los mayores detonantes de esta involucración en la sostenibilidad viene marcado por las exigencias del cliente. Casi el 70% de las grandes empresas afirma que sus clientes demandan compromisos y exigencias vinculadas a la sostenibilidad que pueden verse traducidas en la obligación de neutralidad de emisiones a 2030, certificaciones en comercio ético para su cadena de valor, certificaciones de producto: ecológico, FSC, Rainforest Alliance… entre otras. La presión de este grupo de interés clave se traduce en cifras, pues de no cumplirse sus expectativas la relación comercial se vería afectada.

En esta misma línea nos encontramos el rol de los inversores, quienes estamos viendo día a día que cada vez más deciden con criterios ASG ya que, como bien se ha ido observando en la última década, las inversiones verdes son más rentables y sostenibles en el tiempo.

Un verano con cifras récord de calor, incendios masivos o sequías extremas son riesgos climáticos que están alterando el porvenir de las empresas afectando al abastecimiento de materias primas en la cadena de valor. Esto podría justificar por qué el 67% de las empresas opina que se deberían de reforzar las normativas en cuestión ambiental o de clima. No evitar que la temperatura media del planeta supere los 1,5ºC podría repercutirse como ya sabemos en problemas mucho mayores.

En cuanto a los compromisos por el cumplimiento de los objetivos de la Agenda 2030 destacamos la figura del autónomo y de las PYMES, quienes ponen especial foco en la formación y difusión de la Agenda 2030. Aunque para las grandes empresas también es algo importante (61% piensa que lo es) las personas que trabajan por cuenta propia (87%) y las PYMES (79%) lo consideran más prioritario, sobre todo cuando son personas jurídicas que pueden tener más complicado contar con una sola persona responsable de la implementación de estos aspectos y que por tanto su implicación se realice transversalmente con sus funciones.

La consecución de objetivos públicos y cuantificables es aún una pieza del puzle algo difícil de encajar. Según la consulta a las empresas, solo el 20% lo realiza. No obstante, existen ya condicionantes que fuerzan el comportamiento de las empresas a la acción inmediata y a la elaboración de objetivos con fecha límite. Para ello han surgido plataformas en las que las empresas piden a sus proveedores que actualicen sus datos de descarbonización como Carbon Disclosure Project o Climate Partner donde el cliente puede ver las emisiones generadas, reducidas, compensadas entre otras, así como los objetivos establecidos en un marco temporal específico.

Además, según la nueva propuesta de Directiva de Reporting de Sostenibilidad Corporativa las empresas han de aumentar la información a especificar en el EINF tanto en materia de cadena de valor como gobernanza, colaboraciones con entidades sociales o en medioambiente, donde se vinculan a indicadores como ODS o estándares GRI. Seguramente observemos un aumento de empresas con objetivos medibles y públicos en el próximo informe de Pacto Mundial sobre las empresas y la Agenda 2030. Mientras tanto, conoce a aquellas empresas que ya se han marcado un objetivo real y medible segundo los Science Based Targets.

Las políticas esenciales para las empresas españolas son las referentes a la sostenibilidad (Políticas de sostenibilidad), el medioambiente (Políticas de medioambiente), el buen gobierno (Código ético o de conducta, la cual es la más común, o políticas de anticorrupción) o los derechos humanos (Políticas de Salud y bienestar para empleados, políticas de diversidad…) Políticas muy ambiciosas que aparentemente muestran la implicación de las empresas.

Sin embargo, las medidas más comunes están más ligadas a la calidad en el empleo como la flexibilidad laboral o el teletrabajo. Esto demuestra que seguimos algo anclados en la cultura del “comunicar antes de hacer” y centramos nuestras palabras en intenciones y no en hechos.

Como de costumbre con estas cuestiones, se reabre el debate de la sostenibilidad y la obligatoriedad. En términos generales, este documento visibiliza cómo las temáticas fáciles de hacer y con mucho ruido son bien acogidas por las empresas, mientras que en las que conllevan un esfuerzo real destacan aquellas marcadas por las regulaciones. Por tanto, el futuro de nuestras generaciones no puede verse expuesto a la filantropía y buen hacer, sino que debe ir precedido de guías y normas internacionales que nos vayan marcando el camino. Es un trabajo en equipo, un ejercicio de colaboración, el más importante de la historia.

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