Más que liderazgo femenino, liderazgo del siglo XXI

La labor de cualquier directivo o directiva es ponerse al servicio de su equipo para facilitarle la consecución de la visión de la organización. En este rol como facilitadores/inspiradores, los valores más importantes son la curiosidad y la empatía (hacerse preguntas, cuestionar el statu quo, ponerse en los zapatos de otras personas), la capacidad de emprender y asumir retos (afrontar con pasión cada desafío como una oportunidad de crear algo distinto, de aportar valor) y de buscar soluciones colaborativas a los retos, porque la diversidad y el trabajo conjunto es lo que nos asegura la capacidad de innovar y sorprender al cliente. 

Más que liderazgo femenino, yo diría que hay una serie de valores, tradicionalmente asociados al estilo femenino, que hoy en día se valoran más que nunca. Hablaría de ‘liderazgo siglo XXI’, que valora el desarrollo y el bienestar de las personas, la diversidad de talentos, los diferentes impactos que puede tener la actividad (hoy y en el futuro). Para obtener los mejores resultados necesitamos equipos comprometidos que compartan el propósito de la organización, y es obvio que esto no se logra sin cuidar el equilibrio de las personas, conocer bien e impulsar sus capacidades únicas, y crear entornos que fomenten la colaboración y la seguridad para asumir riesgos.

Recuerdo con admiración a una jefa en particular que, en un sector con todavía pocos referentes femeninos, me empujó a buscar y profundizar en el conocimiento de áreas nuevas, fuera de mi zona de experiencia, y a la vez poner en valor el conjunto único de competencias que cada persona tiene. Pero también he aprendido mucho de todas mis compañeras a lo largo de estos años, de cómo cada una enfrenta los malabarismos de equilibrar cada aspecto de su vida mientras impulsan sus carreras, apoyándose en diversos entornos personales y profesionales pero siempre buscando la colaboración.

Se están viendo cambios profundos en el mercado laboral que han sido acelerados por la pandemia, al vernos en la obligación de experimentar nuevos modelos de trabajo. Los avances en conciliación para todas las personas, la búsqueda de equilibrio o los planes de igualdad y diversidad en las empresas han hecho que lo que cuente de verdad sea el talento, y la forma de ‘entregarlo’ a la organización adopte innumerables formas que  se adaptan a cada persona.

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