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John Ruggie - In memoriam

Fue en Noviembre de 2014 cuando presentamos el libro de John Ruggie, ¿Solamente negocio? Multinacionales y derechos humanos en Madrid junto a su gran amigo Javier Solana. Aún recuerdo las conversaciones sobre la mejor manera de traducir un título que era casi "intraducible" al castellano por el juego de palabras en inglés. Nos reímos y acordamos lo que sería el título más idóneo sabiendo que lo más importante era llevar este texto casi coloquial y repleto de reflexiones personales a los lectores de habla hispana.

Se ha dicho mucho sobre John Ruggie estos días y lo que creo que más nos ha marcado a todos era su inteligencia serena, su gran capacidad de convencer acompañada de una firmeza respetuosa y su gran sentido del humor y empatía.

Principal ideólogo de los Principios del Pacto Mundial de Naciones Unidas, supo seguir a su gran amigo Kofi Annan hacia una evolución natural de los mismos que, tras 8 años de mandato, plasmaría en los Principios Rectores de la ONU para las empresas y los derechos humanos.

John Ruggie fue claramente disruptivo en su propuesta por varias razones. En primer lugar, hizo de manera muy estratégica un by-pass a las propuestas que, en ese momento, abogaban por resolver esta cuestión por la vía de un tratado. Estuve precisamente en Ginebra esos años y puedo dar fe de que la principal idea que se barajaba era esta. Pero John Ruggie, como profesor de derechos humanos y asuntos internacionales de Harvard, conocía a la perfección los límites que un procedimiento internacional de este tipo conllevaba en los pasillos y marcos de Naciones Unidas y siempre se mostró contrario a esta vía. Consideraba que esta cuestión era demasiado compleja para ser abordada únicamente desde el sistema de derechos humanos de Naciones Unidas.

En segundo lugar, consiguió sentar a los estados a la mesa de manera que estos tuvieran que reconocer su responsabilidad de proteger. Este punto, sin embargo ha resultado a mi parecer un tanto cojo. Son pocos los estados que han desarrolado iniciativas a este respecto de manera seria a excepción de algunos países como Francia, Reino Unido, Países Bajos, Alemania o Noruega. Los estados pueden, incluso, llegar a ser cómplices de abusos como demuestra un reciente informe de Global Witness donde se concluye que los asesinatos de defensores de derechos humanos y medio ambiente no dejan de crecer en el mundo, muchos de ellos por actividades relacionadas con empresas y la complicidad de gobiernos y sistemas legales afines.

En segundo lugar,  John Ruggie ideó un sistema que, a pesar de ser voluntario, ha evolucionado hacia un marco obligatorio y prueba de ello es, sobre todo, la futura Directiva Europea sobre debida diligencia obligatoria en derechos humanos y medio ambiente. Ya no hay escapatoria y, solo queda por ver, su alcance y detalles cuando se haga pública la propuesta a finales de Octubre.

Finlmente, en el libro que mencionaba al principio, John explica de manera amena cómo elaboró su estrategia conceptualmente y cómo entendió que la colaboración entre estados, empresas y sociedad civil sería clave para intentar remediar estos abusos en relación a mecanismos de reparación no judiciales. Esta fue otra gran aportación al superarse así las limitaciones que entraña cualquier proceso legal sometido a varias jurisdicciones.

John Ruggie dejó todo bien atado en una propuesta que también buscaba no levantar la oposición de estados o empresas y, bajo su premisa de "principios con pragmatismo", conisguió dar un vuelco a algo que nos parecía a todos difícil de solucionar. Después de 20 años de trabajo asesorando a empresas y gobiernos en este ámbito solo puedo dar las gracias a John por sus aprendizajes,  clarividencia y perseverancia, por haber mostrado un camino que, sin duda, no es fácil pero que sabemos ahora que es posible.

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