Cuando hablamos de sostenibilidad, nuestra mente suele dirigirse a conceptos medioambientales. No hace mucho, estábamos celebrando en España la Cumbre Mundial del Clima y las cuestiones del medio ambiente eran el centro de las políticas de responsabilidad social de la mayoría de empresas, sin embargo, la crisis provocada por el coronavirus ha trastocado este modelo.
Un mundo post-Covid más responsable: sostenibilidad empresarial y valor económico

La llegada de la crisis provocada por el COVID-19 ha trastocado este modelo, al poner en riesgo la viabilidad de las compañías y del propio sistema económico. Es evidente que muchas cosas van a cambiar en nuestra vida y en nuestro entorno empresarial, tal como ocurrió en 2008.

En sostenibilidad, nuestra atención ha pasado bruscamente de lo ambiental a lo social, al cobrar una mayor importancia los riesgos ligados a la salud y su impacto económico. Mucho se ha escrito ya sobre este efecto y sus consecuencias, pues supone un rebalanceo de nuestra matriz de materialidad y la necesidad de rediseñar las políticas de sostenibilidad de nuestra compañía. De hecho, muchas memorias de sostenibilidad del ejercicio 2019, ya elaboradas y a punto de ser presentadas, han quedado inevitablemente obsoletas, al no incluir este tipo de riesgos. No obstante, la renacida importancia de la parte social y su inclusión en las políticas corporativas no puede tener más que consecuencias positivas en términos de seguridad e impacto social.

Lejos del temor inicial a que la crisis pudiese provocar un retroceso en la concienciación social empresarial e, incluso, el abandono de cualquier estrategia corporativa que no se centrase en la salvación financiera de la empresa a corto plazo, tenemos, afortunadamente, muchos ejemplos cercanos que nos animan a pensar que el efecto de esta crisis en la sostenibilidad empresarial será justo el contrario.

Por un lado, la crisis económica de 2008 está muy reciente y, tras la misma, las empresas comprendieron que enfocarse en maximizar el beneficio económico a corto plazo y generar valor exclusivamente para los accionistas es un error no solamente estratégico, sino financiero. Efectivamente, las compañías que ya se guiaban por políticas ASG (Ambientales, Sociales y Gobernanza) y no sólo financieras demostraron ser mucho más resistentes frente a esta situación adversa, e integraron un nuevo concepto en su gestión: la resiliencia. Esta nueva crisis está volviendo a poner a prueba la resiliencia empresarial, y de nuevo las sociedades responsables están soportándola mucho mejor que el resto, reforzando una lección aprendida.

 Por otro, y a diferencia de 2008, la respuesta del mundo empresarial a esta situación está siendo muy diferente. Ya sea por convencimiento o por presión social, las empresas están actuando de modo mucho más responsable y solidario, siendo rara la compañía que no haya participado o incluso lanzado alguna iniciativa social para paliar los efectos de la crisis en su equipo humano y/o en determinados colectivos: plataformas solidarias, donaciones económicas o en especie, voluntariado, conciliación, medidas laborales y/o económicas, o comunicados públicos de apoyo. De este modo, no sólo sus grupos de interés, sino también los mercados financieros, están reconociendo su esfuerzo, lo que nos demuestra una vez más la relación directa entre responsabilidad y valor económico (valor compartido).

En el caso del Club de Empresas Responsables y Sostenibles (CE/R+S, www.cerscv.org), la creación y lanzamiento de la ‘Alianza Empresarial Responsable vs COVID19’ es nuestra respuesta a la necesidad de aportar soluciones reales para afrontar los retos que en materia laboral, comercial, financiera y legal plantea la situación provocada en el tejido empresarial por la crisis sanitaria. Esta plataforma online, de acceso abierto a todas las entidades y personas interesadas, proporciona acceso inmediato a información completa y actualizada -legislación y normativa, medidas vinculadas, informes de organizaciones empresariales y otros documentos relacionados-; líneas de apoyo y programas de I+D habilitados por instituciones y organismos públicos y privados; buenas prácticas vinculadas a la crisis sanitaria, así como servicios y recursos lanzados por entidades socias que van un paso más allá, ofreciendo a empresas afectadas por la situación soluciones concretas, en condiciones preferentes.

Esta Alianza no es una iniciativa meramente coyuntural, sino que tiene la intención de sobrevivir al COVID19 y post COVID19, convirtiéndose en el germen de un movimiento de apoyo entre empresas privadas responsables. De este modo, igual que existen ayudas e incentivos públicos para fomentar la sostenibilidad empresarial y premiar a las empresas responsables (beneficios fiscales, acceso a subvenciones, criterios favorables en concursos públicos, etc.), por qué no estas compañías sostenibles podrían tener acceso a servicios y productos de otras empresas en condiciones preferentes.

 Volviendo a la situación actual, terminamos por una de las mayores paradojas que se están produciendo estas semanas. Como hemos visto, a pesar de que parece que hemos abandonado la parte ambiental por la social, el medio ambiente también se está viendo muy afectado por esta situación… y para bien. Efectivamente, el parón económico está consiguiendo lo que no logró la COP25, pues la mejora de los hábitats naturales y urbanos por la ausencia de contaminación y sobreexplotación está siendo espectacular y de alcance universal.

 Estamos convencidos de que tanto el avance en la parte social como los efectos ambientales de la crisis no tienen marcha atrás en el mundo empresarial y financiero. Estas nuevas lecciones aprendidas van a formar parte del buen gobierno de las sociedades a partir de ahora, empujando la sostenibilidad empresarial y haciéndonos avanzar hacia un mundo más sostenible, más justo y más seguro para todos.

Fernando Ibáñez, presidente del Club de Empresas Responsables y Sostenibles (CE/R+S).

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