La felicidad es un estado de ánimo que propicia un sentimiento de bienestar, sosiego, tranquilidad, buena autoestima y disfrute de aquello que se hace. Si hacemos caso a la definición, en los momentos actuales existen bastantes dificultades que faculten, siquiera, acercarnos a cumplir con una mínima parte de las condiciones expuestas.
La gestión empresarial y la felicidad

Desde finales de febrero de 2020, la colección de datos que arroja la información diaria que nos transmiten los medios de comunicación, muestra un sonoro sesgo negativo. De un lado, a las irreparables pérdidas humanas se le suman las personas contagiadas. Por otro, numerosos negocios han tenido que cesar su actividad y otros han visto mermados drásticamente sus ingresos. Y como consecuencia, se suceden despidos laborales y las empresas se adhieren a medidas como los ERTE.

Se salvan del desastre un pequeño conjunto de empresas, tales como supermercados, empresas de productos sanitarios, plataformas de streaming, empresas de retail y de entrega de comida a domicilio.

Las personas que conservan su puesto de trabajo lo realizan, bien desde su hogar, bien en la localización laboral habitual a la aparición de la pandemia. Respecto a los primeros, necesitan combinar su desempeño laboral con el cuidado de los hijos y el apoyo en las actividades escolares además de la salvaguardia a posibles focos de infección. En la casa familiar, hay que dividir el espacio de trabajo del espacio laboral. Los segundos deben de salir con la protección adecuada desde su domicilio, estar vigilantes a guardar una distancia prudente de seguridad con los demás y adaptarse a un entorno diferente. Cuando regresan a casa, hay que seguir unas instrucciones de limpieza, otrora impensables.

Las empresas supervivientes de la crisis van a tener que realizar un enorme esfuerzo para mantener un clima organizativo que refuerce el ánimo de sus trabajadores. Las rutinas anteriores a la pandemia han desaparecido. Hay que construir nuevos ritos, nuevos hábitos exitosos para la convivencia.

Diversos estudios relacionan la felicidad con una mayor productividad, más creatividad por parte de los empleados, aumento de las ventas y, también, menos absentismo, menos rotación, menos bajas laborales y finalmente, menos estrés.

Todos los factores anteriores, que bien con su presencia, bien con su inexistencia, favorecen la felicidad, se alimentan del mantenimiento de un grupo cohesionado, comprometido, unido y motivado. Es muy difícil que un grupo humano, como una empresa, obtenga rendimientos positivos sin esas condiciones básicas y previas.

Las organizaciones deben de asumir con el ejemplo y con humildad el rol que les ha tocado vivir en este contexto. Son agentes fundamentales para que las personas mantengan un estado de ánimo propicio y se repongan de la situación vivida, a pesar de la incertidumbre reinante. En las plantillas habrá personas afectadas directa e indirectamente por la enfermedad, lo que obliga a ser más sensibles con su desempeño.

La comunicación e información a los trabajadores debe ser más eficaz y veraz que nunca. Los conflictos se deben de gestionar más rápido y más eficazmente. La dirección debe estar en contacto con todas las líneas jerárquicas, motivando, ilusionando, preocupándose de los demás, ofreciendo lo mejor de sí mismo como ser humano para que todos se sientan a gusto y con deseos de cada jornada suponga un motivo de alegría. El compañerismo debe aflorar como nunca antes lo había hecho.

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