En las últimas dos semanas han surgido iniciativas empresariales para ayudar a paliar las consecuencias de la crisis sanitaria que está viviendo nuestro país. En general, las empresas, sobre todo las pymes, se están volcando para dar facilidades a sus empleados e, incluso, adaptar sus procesos productivos a la nueva situación. Se ha producido un brusco cambio de contexto y lo que servía para ayer ya no sirve para hoy.
¿Podemos diferenciar ciudadanía corporativa de coronawashing?

Pero, ¿cómo podemos diferenciar entre las iniciativas genuinamente responsables de aquellas que sólo pretenden sacar tajada?

Voy a poner algunos ejemplos ficticios que, quizás puedan estar inspirados en la realidad:

  • Empresas que siguen produciendo bienes que no son de primera necesidad pero que se acogen al supuesto de las ventas online para seguir con sus actividades
  • Empresas que readaptan su proceso productivo pero que no proporcionan la protección necesaria a sus trabajadores y trabajadoras
  • Empresas de la sanidad privada que cierran, parcial o totalmente, sus instalaciones para ahorrar costes
  • Gigantes de la moda que donan respiradores y recursos a hospitales y centros sanitarios
  • Centros asistenciales cuyo propósito empresarial es el meramente económico y no el de cuidado a personas mayores y/o discapacitadas
  • Empresas de venta online que siguen vendiendo y repartiendo artículos no esenciales como si nada hubiera ocurrido en el exterior y cuyos repartidores no tienen el más mínimo sistema de protección
  • Entidades financieras que lanzan a bombo y platillo campañas televisivas tipo “Estamos contigo” pero te envían un mensaje de texto al día siguiente de retrasarte con el pago de tu hipoteca.

¿Podemos diferenciar entre aquellas que lo hacen altruistamente de aquellas que simplemente lo hacen para lavar su imagen y aprovecharse de la situación?

Todos conocemos ejemplos concretos, y espero que, una vez pasada la crisis, sepamos (y podamos) pedirles cuentas. Pero es muy difícil que una empresa cuyo propósito es el meramente económico, que no se comporta de manera ética en cualquier punto de su cadena de valor, o no cumple con sus obligaciones fiscales más allá de lo meramente permitido, se presente ahora como campeona de la responsabilidad social.

En cambio, hay otras empresas y organizaciones que tienen en su misión empresarial el cumplir con un propósito social o ambiental, aparte del beneficio económico. Son empresas que, o ya incorporaban ese propósito, o lo han incorporado en medio de la crisis sanitaria, sea a través de la adaptación de los procesos productivos o a través de la colaboración con otras organizaciones para organizar partnerships efectivas e innovadoras.

En el campo de empresas con propósito me gustaría mencionar expresamente a todas las empresas BCorp que están haciendo un gran esfuerzo para dar una respuesta a la crisis sanitaria y social que no ha hecho más que empezar en nuestro país.

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