Un ramo de flores frescas, entre los arbustos, al borde de un serpenteante camino de tierra, recuerda la muerte de Dora Alicia Recinos, embarazada de ocho meses. Dora volvía de lavar en el río, hace ahora 10 años, cuando fue acribillada por unos sicarios. Nadie pagó con la cárcel por ese delito. Siguiendo la abrupta ruta, un poco más adelante, se  vislumbran algunas instalaciones de El Dorado, la mina de oro de la empresa Pacific Rim, ahora propiedad mayoritaria de la australiana Oceana Gold que se relaciona con este crimen.
Vidalina o cuando el oro envenena la vida...

Estuvo activa en el departamento salvadoreño de Cabañas hasta julio de 2018, cuando la empresa decidió dejar, de momento, sus actividades. Por la resistencia y porque, gracias a las movilizaciones, en 2017 se aprobó la Ley contra la Minería Metálica con la que El Salvador es pionero a nivel mundial, aunque falta aún mucho para aplicarla como debiera.

Entre la floresta, apenas son visibles los restos de un megaproyecto minero cuyo rastro de violencia y miseria perdura en esa tierra reseca. “No hay que bajar la guardia, porque pueden volver. Es un yacimiento muy grande”, es la frase más repetida en la zona. Sobre todo desde que ganara las elecciones Nayib Bukele…

Dora, que con su marido participa activamente contra El Dorado antes del asesinato, sigue muy presente en la memoria de la activista salvadoreña Vidalina Morales, uno de los pilares de la lucha contra la minería metálica y también una de las DesTieRRRadas (https://www.alianzaporlasolidaridad.org/destierrradas) de la campaña de Alianza por la Solidaridad, por derecho propio, por su capacidad de movilización, por el acoso sufrido como mujer e indígena tanto fuera como dentro del movimiento ambiental y por todo lo que ha perdido para que todos ganaran. De momento, menos Golden Oceana.vidalina rosa

Vidalina, de 50 años, es de la etnia lenca y sigue viviendo en la misma casa de adobe que levantó con sus manos. Hace 15 años su vida dio un vuelco que la sacó del hogar. “Comencé a participar en actividades de la Iglesia y como voluntaria en la Asociación de Desarrollo Económico y Social (ADES). Cuando en 2004 llegó el proyecto de la mina a Cabañas supe de los impactos que tendría en el territorio por la contaminación del agua y decidí compartirlo en todas las comunidades”.

Por entonces, el Gobierno salvadoreño había concedido la licencia de explotación a Pacific Rim y habían iniciado los trabajos sin cumplir con unos mínimos criterios ambientales. Y sin consulta a los afectados, un ítem que se repite en otros muchos casos (uno ellos inauguró esta serie: Ana Rutilia, la voz de un río que reclama Justicia en Guatemala).

El maestro Marcelo Rivero fue de los primeros en percatarse de lo que sucedía y fue también asesinado poco antes que Dora. Otro delito sin aclarar. “Desde que presencié sus asesinatos, enfermé. El día del entierro de Dora se me clavó una enfermedad y desde entonces vivo con una colitis nerviosa”, cuenta Vidalina.

Por ello y porque la vida de una luchadora mujer e indígena en un país como el suyo no es nada fácil. “Para las mujeres, el activismo nos supone hacer una triple jornada, porque no podemos abandonar el trabajo del hogar. Es un hándicap. Al principio mi esposo no me apoyaba, no me entendía. Pero es que, además, en mi propia organización también me he sentido infravalorada. Aún así he ganado el liderazgo y he llegado a dirigir ADES por mi propio esfuerzo. Y es duro. Sentí fuerte la discriminación por ser mujer cuando participe en la Mesa Nacional Frente a la Minería Metálica que convocó el Gobierno. Tenía que pelear siempre con compañeros mi derecho a viajar, sobre todo si eran en el extranjero. Insinuaban que no se sentían representados por mí porque era mujer y era la única en esa mesa de negociación”.

Pero ahí se mantenía Vidalina, mientras a sus espaldas, y también a la cara, escuchaba lo que repetían en las comunidades: “ Esa vieja negra no sabe nada’ . Llegaron a acusarla de ser ex guerrillera de una conflicto civil cuyas cicatrices no se cierran, o la señalaban con el dedo porque, decían, “dejaba a los hijos en casa pasando hambre para andar por ahí”. Una mala madre y esposa. “Yo no he sufrido directamente agresiones, pero ese acoso social contra mi persona me afectó mucho. Ahora ya lo voy superando”.

Algo en su voz revela que no es del todo verdad. Que la herida es profunda. Y cuando su hijo pequeño sale en la conversación, se quiebra: “Una mina como El Dorado conlleva muchas enfermedades y muchos impactos en la vida privada de las mujeres porque con la mina llega la prostitución y las enfermedades venéreas y hay más alcohol y más violencia en el hogar. Yo misma tengo un hijo que desde los 16 años bebe mucho. Ahora tiene 26 y me culpa de haberle dejado solo”.

Este dolor también es el eco de la mina, que aún no da por muerta y enterrada. De hecho, el nuevo presidente del país, Nayib Bukele, ya dijo en junio que su Gobierno potenciará los “megaproyectos” , declaraciones que han caído como un jarrón helado en unas comunidades donde aún siguen con minas abiertas, pese a que la Ley tiene dos años de vigencia. Las presiones son muy grandes: según un informe presentado en 2015, en El Dorado se calculaba una producción de 18 millones de gramos de oro y 85 millones de gramos de plata. Un tesoro envenenado para quienes han visto cómo el mercurio fluía por sus ríos y manantiales.

“Cada vez estoy más convencida de que la lucha por los bienes comunes es urgente y necesaria y de que cuando nos empoderamos las mujeres, se avanza. En El Salvador se necesita más conciencia de la necesidad de esta lucha por los bienes comunes. Como presidenta de ADES he tenido que soportar mucho racismo porque soy lenca y tengo rasgos indígenas, pero eso me ha hecho consciente de la necesidad de seguir adelante por nuestros derechos. Y en lo personal también he avanzado mucho: ahora defiendo que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y podemos compartir los oficios del hogar. Antes de meterme en esta lucha ambiental no pensaba así, así que me ha hecho conocer mis derechos. Me ha empoderado. Y creo firmemente que si las mujeres nos empoderamos en defensa de los bienes comunes, dejaremos un futuro mejor a otras generaciones”.

Para saber más de DesTieRRRadas: https://www.alianzaporlasolidaridad.org/wp-content/uploads/Informe-DesTierradas.pdf

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