Los liderazgos actuales deben ser inspiradores, y más que un jefe técnico, lo que las empresas necesitan son gestores de la inspiración, creadores de espacios donde se desarrollen con comodidad las capacidades, incorporando valor tanto a las personas como a las empresas.
Liderazgo, dirección por valores, ejemplaridad y

En este contexto, es indicado aplicar la dirección por valores y la ejemplaridad que lleva innegablemente asociada, sin ella no se daría la relación necesaria entre lo que decimos que hacemos y lo que efectivamente hacemos

La RSC es un modelo que tiene como principal objetivo la sostenibilidad, siendo una nueva forma de hacer empresa, teniendo muy en cuenta los impactos que genera en su entorno no sólo con sus acciones, sino con su simple existencia y de ahí que incorpore valores éticos, sostenibles y sociales a su estrategia. Por tanto, el liderazgo deberá ser capaz de infundir estos valores a las personas de la organización, para que las tomas de decisiones en la empresa se vean afectadas por ellos.

El liderazgo de la RSC se debe preocupar por gestionar sus intangibles, innegablemente unidos a la reputación empresarial que a su vez se nutre de la percepción que nuestros grupos de interés tienen de los valores asociados a nuestras organizaciones. El papel que debe asumir el liderazgo con respecto a los valores de una empresa tiene que ver con la definición de los mismos y con su posterior implementación en su estructura de forma transversal.

Los valores de la empresa deben predominar en las formas de implementar los liderazgos de la misma, en este sentido el estilo de dirección por valores nos ayudará a establecer una relación directa de coherencia entre lo que decimos que hacemos y lo que efectivamente hacemos, coherencia que se hace fundamental para poder ser  considerados ejemplares y poseer lo que en la antigua Roma se conocía como el que ostenta la auctoritas, es decir,  el que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión, ósea, el que tiene un valor de índole moral. Ejemplaridad que hemos establecido como clave de bóveda a partir de la cual podremos construir nuestros liderazgos éticos que nos ayuden a establecer e implementar valores y principios en nuestra organización.

El estilo de dirección por valores deberá centrar las reflexiones de los líderes en el “para qué lo hacemos” y en el “cómo lo hacemos”, en la compartición de la misión y de la visión que den como fruto los valores, en la atención de las personas como individuos únicos, en la gestión de sus emociones, en su participación, en el desarrollo de su autonomía, de tal forma que favorezca la inclusión de los principios éticos, ambientales y sociales en la gestión estratégica y en las actividades diarias de las organizaciones. Los valores deberán ser los filtros que nos den respuesta a estas cuestiones, siendo exigentes con su aplicación en todas las áreas de la organización.

El liderazgo actual debe tratar de cultivar y transmitir los valores y principios éticos en la empresa. Como premisa el líder debe alcanzar la propia consciencia de sí mismo, es decir, debe conocerse lo suficiente como para alcanzar la competencia de guiar al equipo acompañando a todos sus miembros en la consecución del bien común, siendo capaz de gestionar las propias emociones y de percibir las del resto del equipo, dándoles una respuesta adecuada.

En conclusión, el liderazgo responsable se debe basar en el liderazgo compartido que empuje a la integración de los valores que nos propone la RSC en todas las áreas de la organización y que como premisa implique directamente a la alta dirección, consolidando el asentamiento de estos valores en la cultura organizacional, mediante la comunicación constante de los mismos y la ejemplaridad de su liderazgo y de esta forma conseguir el cambio estructural desde arriba y en cascada.

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