Nos debatimos entre las ganas de convencer a todos y nuestro tiempo limitado. Entre que nos den la razón y las ganas de cambio. Entre el cambio radical y el cambio realista. Entre el decir a otros y el hacer nosotros. Pero ¿qué hay del cambio? ¿Cómo podemos hacerlo llegar a más gente? He aquí algunas reflexiones imperfectas
Yo cambio. Nosotros cambiamos. Ellos cambian
Comprada por sinnple en Fotolia

La semana pasada empezaba bajo control. Impartimos nuestro 10º taller de innovación social en Fomento San Sebastián al que acudieron 15 emprendedores. La única novedad era que a éste venía conmigo Eleonora Mandelli, nuestro último fichaje. Estos talleres no están pensados para emprendedores sociales sino para que emprendedores “tradicionales” incorporen los aspectos sociales/ ambientales y salgan con su propio plan de innovación social. Cosas concretas, a su alcance y que les pueden producir un retorno en el negocio.

Durante el descanso, Eleonora me disparó las siguientes dudas: ¿cómo se le puede convencer a esa persona que lleva toda la dinámica en plan tóxico? ¿Qué frena a alguien para incorporar estos temas? ¿Cómo se puede hacer más viral? Básicamente, busqué alguna respuesta que pudiese hacerme pasar por un tío inteligente y cambié de tema rápidamente… Pero me dio bastante que pensar.

Así que aquí os resumo mis conclusiones. Contaminadas para bien y para mal por la experiencia con empresas y emprendedores en estos 5 años:

  1. El cambio se produce cuando se aplica a uno mismo. La manera que más engancha a empresas y emprendedores es cuando ven qué narices quiere decir eso de innovación social (o RSE, CSV o lo que sea) en sus casos particulares. Ahí es donde suele saltar la chispa y es lo que más incita al cambio. Los ejemplos son necesarios, pero ayudar a ver acciones en sus casos particulares es lo que marca la diferencia.
  2. Promueve un cambio lento pero constante. Enhorabuena a los que pueden realizar cambios radicales pero la mayoría necesitamos empezar con pequeñas acciones bien definidas y con un retorno para el negocio. Siguiendo el modelo del sirimiri, como nos dijeron un día: lloviendo poco pero sin parar. Así es como se introdujo la calidad o la innovación en la empresa y no con ADNs. Y así es como creo que calará la innovación social
  3. Ayuda a quien puede cambiar. Predicar está bien. Pero hay taaaantos que es más efectivo si nos centramos en aquellos a los que podemos ser de ayuda para incorporar estos temas. No los doy por perdidos pero mi energía prefiero consumirla en aquellos que están cerca del cambio (aunque no lo sepan) y necesitan ese empujoncito.
  4. Respeta los tiempos y aprende. Me ha costado entender que cada uno tiene sus tiempos. Y que si yo he tardado 30 años en pensar en estos términos, los de al lado se merecen ir a su ritmo. Y que de todas esas personas siempre hay algo que aprender.
  5. Permite que otros hagan suyo ese mensaje. Una sola persona con un solo tipo de mensaje no puede convencer a todos. Nos gusta que nos den la razón pero cuantas más personas den su toque al concepto, más posibilidades de llegar a más gente. Michael Porter acercó el mensaje al mundo corporativo porque habla su lenguaje. Innovación social se ha situado en Europa como un término sexy. Del mismo modo, Economía del Bien Común o BCorp han sabido conectar con otros colectivos a los que la RSE no llegaba. Todo eso aumenta las posibilidades de cambio.

Seguro que en el próximo taller me viene con nuevas preguntas como ¿cómo animarles pero que entiendan que puede salir mal? Que que sea social/ambiental no quiere decir que vaya a haber una alfombra roja… Así que empezaré a ensayar respuestas de político para ganar tiempo…

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