En una entrada anterior con este mismo título (aquí) expliqué qué es eso de la transparencia en la empresa, que ahora está de moda –y que me parece que continuará estándolo, al menos durante mucho tiempo, lo que me parece muy bien porque ya se ve que es algo bueno
Transparencia (II)

Transparencia, ¿para qué? Ya lo he dicho: para tomar decisiones de una manera razonable.Esto lo tenemos muy claro cuando hablamos de transparencia interna en la empresa: necesitamos una contabilidad precisa, puntual, ordenada y sincera para tomar decisiones –aunque esto no siempre es así, y resulta que la información se utiliza como arma arrojadiza para intereses personales o departamentales, o para objetivos particulares.

¿Y fuera de la organización? También, porque las decisiones que se toman en la empresa afectan a muchas personas, que tienen que tomar decisiones racionales y a tiempo, precisamente a partir de la información que la empresa les da. Claro que les damos información, pero no siempre la que ellos necesitan y pueden entender. Lo que nos lleva a una conclusión importante: ser transparente es contar no lo que yo quiero que sepan, ni lo que yo pienso que ellos deben saber, ni siquiera lo que yo pienso que ellos quieren saber, sino, más sencillamente, contar lo que ellos quieren saber. Y eso exige apertura, diálogo… Ya se ve que la transparencia no es solo informar: es una actitud, un valor, una virtud, una forma de dirigir.

¿Sobre qué hay que ser transparente? Ya lo he dicho: sobre lo que los demás necesitan para tomar decisiones bien fundadas. Informaré sobre las remuneraciones de mis consejeros, porque supongo que esto es relevante para mis inversores, a la hora de decidir si colocarán su dinero en mis acciones, ya que muestra si mis consejeros se tomarán en serio su trabajo. A la hora de la verdad, lo que interesa saber a mis stakeholders es precisamente esto; si la empresa me lo pudiese contar de forma clara y sencilla, tendría suficiente. Pero como estamos legislando para miles de empresas, acabamos pidiendo la información que al regulador le parece interesante.

¿Por qué he de ser transparente? Porque la exige la ley, claro. Porque es un deber de justicia,como ya he dicho, si me importa que los que reciben mi información puedan tomar decisiones razonables. Y porque quiero que ellos se fíen de mí. Esto último es fundamental, claro. De hecho, la importancia que se da hoy en día a la transparencia financiera viene de ahí, de los casos en que las empresas falseaban o escondían la información, en detrimento de sus accionistas, sus bonistas o sus bancos.

Pero la transparencia, que es necesaria para crear confianza, no es suficiente, y podemos cometer el error de que, diciendo las cosas, ya hemos ganado la confianza de los interesados. El cirujano del que hablé en mi entrada anterior puede contarme todo lo que sabe, piensa, espera y teme sobre mi próxima operación, pero si tengo la sospecha de que le gustaría hacerme daño, o de que es un incompetente, toda su transparencia no servirá para ganar mi confianza. Lo que hace falta es, precisamente, que me muestre su capacidad técnica, y que me muestre también que está dispuesto a poner mis intereses por delante de sus preferencias. O sea, que, además de transparente, se trata de un buen cirujano y una buena persona. Todo hace falta.

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