
Cada vez más pequeños negocios deben hacer frente a sequías, lluvias torrenciales, olas de calor y otros eventos climáticos extremos que amenazan directamente sus ingresos y su capacidad de supervivencia. En este contexto, la Fundación Microfinanzas BBVA ha puesto el foco en la importancia de fortalecer la resiliencia financiera y ambiental de los microemprendedores, especialmente en América Latina, una de las regiones más expuestas del mundo al impacto del cambio climático.
La entidad acompaña actualmente a más de tres millones de emprendedores vulnerables en cinco países latinoamericanos. Según el Índice de Vulnerabilidad al Financiamiento Climático (CliF), la región es la segunda más vulnerable del planeta frente a eventos climáticos extremos, solo por detrás de África.
Tal y como explica Susana González, responsable de Sostenibilidad de la FMBBVA, durante el último año la organización ha facilitado que más de 100.000 microempresarios accedan a coberturas frente a riesgos climáticos y que cerca de 9.000 agricultores obtengan financiación para incorporar medidas de adaptación, como sistemas de riego por goteo. Según señala la fundación, también se han impulsado créditos verdes destinados a mejorar el acceso al agua y a los sistemas públicos de saneamiento.
Además de la financiación, la FMBBVA trabaja en programas de acompañamiento y formación dirigidos a pequeños emprendedores. Los asesores de la entidad analizan riesgos climáticos mediante mapas específicos que permiten anticipar amenazas para negocios, cultivos, animales y viviendas vinculadas a la actividad económica familiar.
Según informa la fundación, este apoyo incluye también educación ambiental, formación en digitalización y orientación sobre finanzas sostenibles. A ello se suman créditos adaptados a los ciclos productivos para facilitar inversiones en soluciones más sostenibles, como sistemas de riego alimentados con energía solar o el uso de fertilizantes orgánicos.
La organización advierte de que un único fenómeno climático extremo puede destruir la principal fuente de ingresos de muchas microempresas, limitando todavía más su capacidad de ahorro y dificultando futuras inversiones destinadas a reforzar su resiliencia.
La preocupación por la sostenibilidad y la adaptación climática también afecta a las pequeñas empresas en España. Según datos del Observatorio de Competitividad Empresarial de la Cámara de Comercio citados por la FMBBVA, el 89,5% de las compañías españolas desarrolla algún tipo de actuación vinculada a la sostenibilidad, aunque muchas todavía no cuentan con una estrategia definida.
La diferencia entre grandes empresas y pequeños negocios sigue siendo significativa. Mientras el 81,1% de las grandes compañías dispone de políticas de sostenibilidad ambiental, el porcentaje cae hasta el 18,7% en las microempresas y el 34,1% en las pequeñas empresas.
A ello se suma la dificultad de acceder a tecnologías limpias o renovar equipamientos por los elevados costes asociados. Según recoge el Informe sobre Sostenibilidad del Observatorio de FINRESP y CEPYME, citado por la entidad, aunque el 75% de las pymes españolas considera prioritario incorporar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), más del 80% reconoce dificultades para aplicarlos.
Uno de los ejemplos destacados por la Fundación Microfinanzas BBVA es el de Kasia Morales, emprendedora colombiana que desarrolla un proyecto artesanal en plena Amazonía. Morales confecciona mochilas utilizando tela elaborada con corteza de árbol y tintes naturales procedentes de plantas cultivadas por ella misma.
Su iniciativa no solo sostiene económicamente a su familia, sino que también genera empleo para siete mujeres de su comunidad y funciona como espacio de formación para estudiantes y docentes universitarios interesados en prácticas sostenibles.
Gracias al acompañamiento de Bancamía, entidad de FMBBVA en Colombia, Kasia logró registrar su empresa y obtener el sello gubernamental “Negocio Verde”, un reconocimiento a los modelos productivos que respetan los ciclos naturales de la selva y promueven una economía alineada con la conservación ambiental.
“En las capacitaciones me han enseñado a fortalecer mi negocio y he aprendido técnicas de sembrado atendiendo al cambio climático”, explica la emprendedora, según recoge la Fundación.
El Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio, busca precisamente impulsar la concienciación social y la acción colectiva frente a la crisis climática y los desafíos de sostenibilidad que afronta el planeta.