
El auge de los envases sostenibles se ha convertido en una prioridad para reducir la contaminación por residuos plásticos y avanzar hacia modelos de producción más circulares. Sin embargo, la transición hacia el uso de plásticos reciclados en envases alimentarios plantea también importantes interrogantes sobre la inocuidad de los alimentos.
Así lo recoge el nuevo informe Food safety implications of recycled plastics and alternative food contact materials, publicado por la FAO, donde se analiza el impacto potencial de los materiales reciclados y alternativos utilizados en contacto con alimentos. Según informa la organización, el mercado mundial de envases alimentarios continúa creciendo a gran velocidad y podría superar los 815.000 millones de dólares en 2030.
La expansión del consumo de comida preparada, bebidas embotelladas, aperitivos y productos de rápida distribución está incrementando la demanda de envases capaces de prolongar la vida útil de los alimentos y reducir el desperdicio alimentario. En este contexto, los materiales de envasado desempeñan un papel clave tanto en la conservación como en la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.
No obstante, la FAO advierte de que el incremento del reciclaje plástico debe ir acompañado de garantías sanitarias sólidas. Actualmente, menos del 10 % de los residuos plásticos generados en el mundo se reciclan, aunque se prevé que esta cifra aumente en los próximos años debido a la presión ambiental y normativa.
El principal motivo de preocupación radica en la posible migración de sustancias químicas desde los materiales reciclados hacia los alimentos. El informe señala que los procesos de reciclaje pueden introducir contaminantes o mantener restos de compuestos potencialmente peligrosos si no existen controles eficaces durante la clasificación y limpieza de los residuos.
“Queremos reciclar más plástico, pero también queremos asegurarnos de que al resolver un problema no generemos otros nuevos”, afirmó Corinna Hawkes, directora de la División de Sistemas Agroalimentarios e Inocuidad de los Alimentos de la FAO, según recoge el informe. La responsable subrayó que la seguridad alimentaria debe situarse “en el centro de la transición hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles”.
El documento también pone el foco en los materiales alternativos de origen biológico, elaborados a partir de recursos renovables como maíz, caña de azúcar o yuca. Aunque estas opciones buscan reducir la dependencia del plástico convencional, la FAO advierte de que podrían incorporar nuevos riesgos asociados a pesticidas, toxinas naturales, alérgenos o nanomateriales utilizados para mejorar el rendimiento de los envases.
Otro de los desafíos señalados por el organismo internacional es la falta de métodos analíticos validados para detectar microplásticos y nanoplásticos en alimentos y bebidas. Esta ausencia de herramientas técnicas dificulta, por el momento, que las autoridades regulatorias puedan determinar con precisión los riesgos para la salud humana.
Además, la FAO alerta de posibles tensiones en el comercio internacional derivadas de la falta de armonización normativa entre países. Por ello, el informe reclama avanzar hacia estándares globales comunes que permitan garantizar la seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, impulsar la reducción de residuos plásticos a escala mundial.
Las conclusiones servirán de base para futuros debates de la Comisión del Codex Alimentarius, órgano impulsado por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS) encargado de desarrollar normas internacionales sobre inocuidad alimentaria y comercio de alimentos.