
La crisis climática continúa intensificándose y exige respuestas cada vez más innovadoras. En este contexto, la inteligencia artificial (IA) se posiciona como una aliada estratégica tanto para reducir las emisiones como para adaptarse a los impactos del calentamiento global. Así lo recoge información publicada en la sección de sostenibilidad de BBVA, donde se analizan las principales aplicaciones de esta tecnología en la lucha contra el cambio climático.
Los datos respaldan la urgencia de actuar. Según la plataforma Our World in Data, la temperatura global en diciembre de 2025 se situó 0,49 ºC por encima de la media del periodo 1991-2020, manteniendo una tendencia ascendente sostenida en los últimos años.
En este escenario, la IA ofrece soluciones capaces de mejorar la eficiencia en el uso de la energía, optimizar procesos industriales y reforzar la resiliencia de infraestructuras. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real permite, además, monitorizar emisiones, gestionar recursos de forma más eficiente y anticipar fenómenos climáticos extremos.
Tal y como explica el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la acción climática se articula en torno a dos grandes ejes: la mitigación —centrada en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero— y la adaptación, orientada a disminuir los riesgos y vulnerabilidades derivados del cambio climático. Ambas estrategias son complementarias y necesarias para afrontar este desafío global.
En este sentido, la inteligencia artificial ya está siendo aplicada en múltiples ámbitos. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, esta tecnología permite analizar el deshielo de los polos con gran precisión, mapear la deforestación mediante imágenes satelitales o mejorar la gestión de residuos, contribuyendo a reducir emisiones contaminantes como el metano.
También está transformando sectores clave como la energía y la industria, facilitando la integración de fuentes renovables y apoyando procesos de descarbonización. En el ámbito agrícola, la IA permite optimizar el uso de agua, fertilizantes y otros insumos, reduciendo el impacto ambiental y mejorando la productividad.
Además, según recoge un informe del Bank of America Institute , estas tecnologías están impulsando avances en la monitorización ambiental, la detección de emisiones y la restauración de ecosistemas mediante herramientas como drones o imágenes satelitales. La IA también mejora la gestión de redes eléctricas y permite anticipar interrupciones causadas por eventos climáticos extremos.
En el campo de la adaptación, su capacidad predictiva resulta especialmente relevante. El uso de modelos avanzados y redes neuronales facilita la anticipación de riesgos como incendios o inundaciones, lo que permite a gobiernos y comunidades prepararse mejor y reducir el impacto de estos fenómenos.
No obstante, los expertos advierten de que el desarrollo de la inteligencia artificial también implica desafíos, especialmente en términos de consumo energético. Aun así, su potencial para acelerar la transición hacia modelos más sostenibles y resilientes la sitúa como una herramienta clave en la respuesta global frente al cambio climático.