
Aunque el cambio climático es un fenómeno global, sus consecuencias no se distribuyen de forma uniforme. Un nuevo estudio liderado por Valentina De Marchi, profesora de Esade Business School, revela que la vulnerabilidad de los territorios frente a la crisis climática está profundamente condicionada por sus estructuras sociales, económicas e institucionales.
El trabajo, publicado en Journal of Economic Geography, examina cómo los impactos climáticos y la capacidad de respuesta de las sociedades varían significativamente entre regiones. Según explica la investigación, no todas las zonas afectadas cuentan con los mismos recursos financieros, capacidades institucionales o niveles de cohesión social para afrontar y recuperarse de los efectos del cambio climático.
El análisis señala que los impactos climáticos influyen de forma desigual en aspectos como la migración, los mercados laborales, la productividad o la especialización económica de los territorios. Estas diferencias no se explican únicamente por la geografía o la exposición a fenómenos extremos, sino también por el contexto socioeconómico de cada región.
Elementos como la calidad de la gobernanza, el desarrollo de infraestructuras, la estructura industrial o las trayectorias históricas de desarrollo ayudan a entender por qué algunas regiones resultan más vulnerables mientras que otras logran adaptarse con mayor eficacia.
En este sentido, De Marchi subraya que la adaptación climática no puede entenderse únicamente como un conjunto de soluciones técnicas. Su eficacia depende en gran medida de lo que denomina “capacidades adaptativas”: el conjunto de instituciones, recursos, infraestructuras, redes de conocimiento y capital social que determinan qué pueden hacer realmente las comunidades y las empresas ante el estrés climático.
Por ejemplo, la capacidad de una empresa para innovar, transformarse o incluso trasladar su actividad depende en gran medida del ecosistema económico y de las redes de actores presentes en el territorio en el que opera.
El estudio también pone el foco en la necesidad de impulsar respuestas colectivas y coordinadas frente al cambio climático. Aunque los liderazgos individuales —ya sean empresariales, institucionales o comunitarios— pueden desempeñar un papel relevante, las iniciativas aisladas difícilmente logran construir resiliencia a escala territorial.
La investigación señala que muchas estrategias de adaptación solo funcionan cuando diferentes actores —administraciones públicas, empresas, organizaciones sociales y comunidades locales— colaboran en el diseño de soluciones y alinean sus estrategias.
Finalmente, De Marchi plantea la necesidad de replantear la investigación y las políticas climáticas. Según la autora, es necesario superar enfoques centrados exclusivamente en las emisiones de carbono o en las fronteras administrativas.
El estudio propone adoptar perspectivas más amplias basadas en ecosistemas y cadenas de valor, integrar otros desafíos ecológicos y utilizar evidencia biofísica para evaluar los resultados reales de las políticas. Además, subraya la importancia de conectar las estrategias de adaptación con las de mitigación, de modo que se puedan abordar tanto los impactos inmediatos del cambio climático como las transformaciones estructurales necesarias a largo plazo.
En un contexto de creciente intensificación de los riesgos climáticos, la investigación refuerza una idea clave: la resiliencia frente al cambio climático no depende solo de la exposición a los riesgos, sino también de las condiciones sociales, económicas e institucionales que permiten a los territorios responder y transformarse