
El reparto desigual de los cuidados sigue siendo uno de los principales factores que sostienen las brechas de género en la sociedad. Según datos recogidos por Cruz Roja entre las personas usuarias de la organización, el 83% de quienes asumen responsabilidades de cuidado son mujeres, una realidad que limita su bienestar, su desarrollo personal y su participación en el mercado laboral.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Cruz Roja y Cruz Roja Juventud han puesto en marcha la campaña de sensibilización “Que lo hagamos, no significa que debamos”, acompañada del mensaje “Cuando la carga se reparte, la vida se aligera”, con el objetivo de visibilizar la carga mental que soportan muchas mujeres desde edades tempranas debido a la distribución desigual de responsabilidades.
Tal y como explica Ana Daza, referente estatal de Inclusión Social de Cruz Roja Juventud, la iniciativa pretende poner el foco en un tipo de responsabilidad que muchas veces pasa desapercibida: “la gestión organizativa, emocional y práctica que muchas mujeres asumimos casi de forma automática”. Según señala, esa responsabilidad incluye tareas como organizar trabajos en grupo, recordar entregas o mediar en conflictos, actividades que con frecuencia recaen sobre ellas porque socialmente se considera que “se les da mejor”.
La llamada carga mental se refiere al esfuerzo psicológico y emocional necesario para planificar, organizar y anticipar todas las tareas que permiten sostener la vida cotidiana. No se trata únicamente de realizar las tareas domésticas o de cuidado, sino de pensar en ellas, coordinar su ejecución y garantizar el bienestar del entorno familiar y social.
Este fenómeno suele comenzar desde la infancia, cuando a niñas y niños se les asignan responsabilidades distintas. Mientras ellas aprenden a anticipar necesidades y sostener el funcionamiento del hogar o del grupo, a ellos se les educa con mayor frecuencia en la idea de que siempre habrá alguien pendiente de cubrir esas necesidades.
Los datos recopilados por Cruz Roja muestran que esta desigualdad se mantiene a lo largo del tiempo. Las mujeres dedican tres veces más tiempo a los cuidados que los hombres, lo que se traduce en una mayor carga mental y en un impacto directo sobre su bienestar emocional y sus oportunidades de desarrollo.
Entre las más de 26.400 personas usuarias de Cruz Roja que declararon dedicar tiempo al cuidado de familiares, el 83% son mujeres. Además, el 19% de las cuidadoras afirma sentirse sobrecargada por estas responsabilidades, una situación que puede derivar en agotamiento, dificultades para conciliar y problemas de salud mental.
En este sentido, el informe “Bienestar emocional y vulnerabilidad” de la Fundación Cruz Roja Española (2025) advierte de que tres de cada diez personas en España presentan bajos niveles de bienestar emocional, una situación que se agrava cuando se combinan factores como la precariedad económica, el aislamiento o las responsabilidades familiares intensas.
La desigual distribución de los cuidados tiene también consecuencias directas sobre la autonomía económica de las mujeres. Según los datos de Cruz Roja, una de cada cuatro mujeres usuarias (25%) afirma que las responsabilidades familiares limitan su desarrollo personal o profesional, mientras que en el caso de los hombres esta cifra se sitúa por debajo del 10%.
Además, entre las personas que aseguran que no pueden plantearse acceder a un empleo debido a las tareas de cuidado, el 94% son mujeres, lo que evidencia cómo estas responsabilidades siguen actuando como una barrera estructural para su participación en el mercado laboral y aumentan el riesgo de pobreza.
La desigualdad en el reparto de los cuidados también afecta a las mujeres mayores de 65 años. Muchas de ellas continúan desempeñando tareas domésticas, organizando la vida familiar o cuidando de parejas, hijos adultos o nietos, incluso en una etapa vital en la que deberían poder recibir apoyo.
Esta “doble o triple carga” de cuidados acumulados a lo largo de la vida puede tener consecuencias significativas en su salud física y emocional, además de incrementar el riesgo de aislamiento y vulnerabilidad en la vejez.
En 2025, Cruz Roja atendió a más de 402.500 mujeres a través de su área de Inclusión Social, desde la que trabaja con personas en riesgo de pobreza o exclusión para facilitar su acceso a oportunidades económicas, sociales y culturales.
Dentro de estas iniciativas, la organización impulsa programas destinados a mejorar la empleabilidad y favorecer el acceso al mercado laboral, reforzando competencias profesionales y promoviendo la igualdad de oportunidades.
Como resultado de estas acciones, más de 88.500 mujeres mejoraron su acceso al empleo en 2025, según informa Cruz Roja, un paso clave para avanzar hacia una mayor autonomía económica y reducir las desigualdades de género asociadas a los cuidados.