
La inteligencia artificial (IA) empieza a consolidarse como un aliado estratégico para avanzar en sostenibilidad corporativa. Sin embargo, su incorporación real a las políticas empresariales todavía es incipiente. Según el estudio Inteligencia Artificial y Empresas: claves para avanzar en sostenibilidad, elaborado por el Pacto Mundial de la ONU España a partir de una encuesta a 168 empresas, el 33% de las organizaciones admite que “no sabe por dónde empezar” a la hora de aplicar soluciones basadas en IA en sus estrategias sostenibles.
El informe analiza la relación entre tecnología y sostenibilidad desde una perspectiva de buen gobierno, identificando tanto oportunidades como obstáculos en la integración de esta herramienta en los ámbitos ambiental, social y de gobernanza (ASG).
La investigación muestra que el 60% de las empresas españolas percibe la IA como un recurso complementario para alcanzar sus objetivos ASG, mientras que un 17% la considera directamente esencial para cumplir sus metas en sostenibilidad. Además, el 65% expresa su intención de desarrollar una estrategia específica de IA vinculada a la sostenibilidad en el corto plazo.
No obstante, la implantación práctica avanza con cautela. Solo un 8% ha conseguido integrar la IA en varias áreas de su actividad, el 19% se encuentra en fase piloto y el 60% sigue evaluando su posible adopción.
Desde la perspectiva de la transparencia y la rendición de cuentas, uno de los datos más relevantes es que, entre las empresas que ya utilizan IA, el 57% aún no ha medido su impacto en términos de sostenibilidad y únicamente el 15% dispone de indicadores claros para hacerlo. Este vacío de métricas plantea interrogantes sobre la gobernanza tecnológica y la necesidad de sistemas de evaluación robustos.
El estudio del Pacto Mundial de la ONU España identifica varias áreas donde la IA ya está contribuyendo a mejorar el desempeño sostenible de las empresas españolas:
Estos datos reflejan que la IA ya está siendo considerada una herramienta clave para reforzar la gestión responsable, mejorar la calidad del reporting y avanzar hacia cadenas de suministro más transparentes.
Más allá del entusiasmo inicial, la principal barrera es el conocimiento. Más del 40% de las empresas reconoce tener un nivel bajo de comprensión sobre las aplicaciones de la IA; un 36% se sitúa en un nivel intermedio y solo un 18% afirma contar con un conocimiento alto o muy alto.
De hecho, únicamente el 12% considera que dispone de la formación, recursos y capacidades necesarias para integrar la IA de forma efectiva en su estrategia sostenible, mientras que el 55% declara tener solo nociones básicas.
A esta brecha formativa se suman otros desafíos: el coste de la inversión (32%), la baja calidad de los datos disponibles (25%), los riesgos asociados a la seguridad o la privacidad (23%) y la incertidumbre tecnológica (21%). Desde la óptica del buen gobierno corporativo, estos factores subrayan la necesidad de marcos claros de gestión del riesgo y de inversión responsable en innovación.
Pese a las dificultades, el informe señala que la IA podría contribuir al cumplimiento de hasta el 24% de las metas de los Naciones Unidas vinculadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). También apunta a su potencial para reducir hasta un 4% las emisiones globales de gases de efecto invernadero de aquí a 2030.
Además, la aplicación de la IA permite optimizar procesos productivos, alargar la vida útil de los productos, reducir residuos y mejorar la trazabilidad de materiales. Todo ello refuerza la transparencia empresarial y facilita la rendición de cuentas ante inversores, administraciones y sociedad civil.
Según informa el Pacto Mundial de la ONU España, el escenario actual es de transición: alto interés, baja madurez. La inteligencia artificial se perfila como un instrumento con gran capacidad transformadora, pero su despliegue exige liderazgo, formación y sistemas de medición que garanticen que la innovación tecnológica se traduzca en impactos reales y verificables. La convergencia entre IA, sostenibilidad y gobernanza responsable no es automática. Requiere estrategia, inversión y, sobre todo, una cultura empresarial orientada a la transparencia y al impacto.