
En total, las iniciativas intervendrán sobre más de 3.900 hectáreas en 14 municipios incluidos en el Marco de Actuaciones de Doñana. Siete de los proyectos están centrados en la transición agroecológica: desde la producción ecológica y la aplicación de buenas prácticas agrícolas hasta la recuperación de elementos naturales en fincas, la reutilización de agua para riego y la promoción de la ganadería extensiva. Los dos restantes impulsarán la gestión y aprovechamiento forestal sostenible, incluyendo programas de reforestación, manejo vinculado a la ganadería extensiva y aprovechamiento de la piña.
Las propuestas han sido diseñadas de forma participada, con la implicación de 26 entidades entre organizaciones agrícolas, ganaderas y forestales, un ayuntamiento, centros de investigación y entidades del tercer sector ambiental. Para el MITECO, la conservación de Doñana y el desarrollo socioeconómico de su entorno requieren la implicación de todos los actores sociales como parte fundamental de la solución.
Los proyectos aprobados tienen un carácter transformador y experimental, con vocación de impulsar la bioeconomía, diversificar actividades económicas y favorecer la creación de empleo verde en la zona. También buscan generar conocimiento científico sobre los efectos de estas actuaciones en la sostenibilidad ambiental y social.
Este programa se enmarca en los Marcos de Actuaciones para Doñana. El primero, de carácter medioambiental, cuenta con 356 millones de euros para revertir la degradación del espacio y recuperar su funcionamiento ecológico. A este se suma el Marco de Actuaciones para el Desarrollo Territorial Sostenible, dotado con 350 millones y aprobado en noviembre de 2023, que persigue un modelo de desarrollo que combine protección ambiental, prosperidad económica e inclusión social.
El Parque Nacional de Doñana, situado entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, es uno de los espacios naturales más valiosos de Europa. Reconocido como Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga ecosistemas únicos de marismas, dunas y bosques mediterráneos. Es además un enclave clave para la migración de aves entre África y Europa y hábitat de especies en peligro como el lince ibérico o el águila imperial. Su conservación es, por tanto, una prioridad ambiental de alcance internacional.