
El Pacto Verde Europeo incluye un conjunto de medidas destinadas a que Europa alcance la neutralidad climática en 2050. Dentro de este marco, la estrategia “Farm to Fork” (De la Granja a la Mesa) constituye el pilar de transformación del sistema alimentario. Su objetivo es impulsar una producción y un consumo de alimentos más sostenibles, reduciendo el uso de pesticidas y fertilizantes, fomentando la agricultura ecológica y promoviendo dietas más saludables.
Según la Comisión Europea, la estrategia busca equilibrar tres dimensiones: la salud de las personas, la protección del medio ambiente y la viabilidad económica del sector agroalimentario. En la práctica, esto implica reducir el impacto ambiental de la agricultura y la ganadería, garantizar que los alimentos sean nutritivos y accesibles, y al mismo tiempo sostener la competitividad de agricultores y productores.
Uno de los principales desafíos está en la relación entre sostenibilidad y precios. Por un lado, la transición hacia prácticas agrícolas más respetuosas con el entorno conlleva costes adicionales para los productores: la reconversión de cultivos, la reducción de insumos químicos o la adopción de certificaciones ecológicas. Por otro, los consumidores, especialmente en un contexto de inflación alimentaria, reclaman que las medidas no se traduzcan en un encarecimiento de la cesta básica.
En países como España, donde la alimentación representa una parte significativa del gasto familiar, la tensión entre sostenibilidad y accesibilidad económica es especialmente evidente. Organizaciones sociales advierten que una dieta saludable no puede convertirse en un privilegio de pocos. De ahí que la estrategia europea subraye la necesidad de acompañar estos cambios con políticas de apoyo: ayudas a los agricultores, incentivos fiscales, programas de acceso a frutas y verduras frescas y medidas de distribución más equitativa a lo largo de la cadena de valor.
El debate está servido: ¿cómo lograr que la alimentación sostenible sea también socialmente justa? Los defensores del Farm to Fork insisten en que a medio plazo la transición reducirá costes sanitarios y ambientales —al disminuir enfermedades relacionadas con dietas poco saludables y al mitigar los efectos de la degradación ambiental—. Sin embargo, en el corto plazo, será crucial que las instituciones europeas y los Estados miembros diseñen mecanismos para que la sostenibilidad no agrave las desigualdades sociales ni encarezca aún más la compra diaria.
En este sentido, expertos y organizaciones coinciden: el éxito de la estrategia De la Granja a la Mesa dependerá no solo de sus metas ambientales, sino de su capacidad de garantizar que la alimentación sostenible sea también asequible y universal.