
En España, ser joven ya implica convivir con la incertidumbre laboral, las dificultades para emanciparse y los problemas de salud mental. Pero para quienes además han migrado, el reto es aún mayor: a esa vulnerabilidad se suman obstáculos como el racismo, los estigmas sociales y las trabas administrativas.
Según el Observatorio de la Juventud en España (Juventud en Cifras. Población 2024), el 16,6 % de la población de entre 15 y 29 años ha nacido fuera del país. Esto significa que más de 1,2 millones de jóvenes forman parte activa de la vida social, cultural y económica de España. Sin embargo, tal y como denuncia Fad Juventud, sus posibilidades de integración plena siguen limitadas por prejuicios, discursos excluyentes y un trato desigual.
Los testimonios recogidos por la fundación revelan que muchos jóvenes sienten la necesidad de esforzarse el doble que sus pares españoles para ser reconocidos. La precariedad laboral de sus familias, las dificultades para acceder a vivienda o nacionalidad, e incluso el simple hecho de ser percibidos como “diferentes” suponen una presión añadida que erosiona su bienestar.
Casos como los de Gema, Omar o María Alejandra muestran que el reconocimiento de derechos básicos no debería depender del sacrificio personal, sino de una sociedad capaz de garantizar igualdad real. “Es urgente reforzar una cultura de convivencia, especialmente en un momento en el que los discursos excluyentes tratan de ganar terreno entre las personas más jóvenes”, subraya Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud.
Aunque tres de cada cuatro jóvenes españoles rechazan actitudes racistas, el 25 % restante mantiene opiniones discriminatorias como que “las personas inmigrantes nos quitan el trabajo”. Además, solo el 57,2 % aceptaría que alguien de una minoría discriminada ocupe cargos públicos como una alcaldía.
La presión por “demostrar más” atraviesa la vida cotidiana de muchos jóvenes migrantes, desde el ámbito educativo hasta el laboral. A ello se suma la discriminación digital: casi la mitad (49,8 %) ha presenciado insultos racistas en redes sociales.
Según el Ministerio del Interior, en 2023 se registraron 2.268 delitos e incidentes de odio en España, un 37,4 % relacionados con racismo o xenofobia. Aunque en 2024 la cifra descendió a 1.955, sigue existiendo una gran bolsa de casos invisibles: solo una de cada diez víctimas denuncia.
Lejos de los discursos que fomentan miedo y división, Fad Juventud recuerda que la llegada de jóvenes migrantes contribuye a rejuvenecer la población, cubrir vacantes en sectores esenciales y enriquecer la diversidad cultural del país.
“Se trata de reconocer plenamente a esta juventud como parte de nuestro presente y de nuestro futuro, garantizando su igualdad de derechos y oportunidades”, afirma Martín Padura. La fundación concluye que la clave está en fortalecer la cohesión social y apostar por una convivencia basada en el respeto mutuo, para que los jóvenes migrantes no tengan que cargar en solitario con el peso de la integración.