
La climatización doméstica representa una parte significativa del consumo eléctrico durante el verano, por eso resulta fundamental adoptar medidas que mejoren la eficiencia energética sin renunciar al confort. En esta línea, BBVA ha publicado una completa guía con recomendaciones prácticas para aprovechar al máximo el aire acondicionado, ahorrar en la factura eléctrica y contribuir a la sostenibilidad del hogar.
Uno de los principales errores, según Pedro Ruiz, experto del Departamento de Estudios y Legislación de la Asociación de Fabricantes de Equipos de Climatización (AFEC), es pensar que cualquier aire acondicionado sirve para cualquier vivienda. “El tamaño, la potencia y la ubicación del equipo deben adaptarse a las características del hogar: su orientación, el número de personas que lo habitan y el nivel de aislamiento térmico”, señala. Por ello, contar con asesoramiento profesional puede marcar la diferencia en términos de rendimiento y ahorro.
No obstante, incluso sin una evaluación técnica específica, existen criterios generales que mejoran la eficiencia. Es preferible instalar el aparato lejos de corrientes de aire y de fuentes de calor, así como cerrar puertas y ventanas mientras esté en funcionamiento para evitar pérdidas energéticas.
Modelos más eficientes y su clasificación energética
Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), los sistemas partidos —con unidades interior y exterior separadas— ofrecen mejor rendimiento que los compactos, como los tradicionales equipos de ventana. Por su parte, los dispositivos portátiles, aunque fáciles de mover, resultan más ineficientes y consumen más energía.
También existen equipos reversibles, capaces de enfriar y calentar, que resultan más versátiles y eficientes, especialmente si se utilizan en modo ventilación. Los sistemas evaporativos, por su parte, refrescan el ambiente varios grados con un consumo eléctrico mínimo, siendo ideales en regiones de clima seco.
La elección del equipo adecuado no debe basarse únicamente en el precio. “Optar por el aparato con mayor eficiencia energética compensa en el largo plazo, ya que se amortiza el sobrecoste inicial con el ahorro en consumo”, recomienda Ruiz. En Europa, esta eficiencia se mide con la etiqueta energética regulada por el Reglamento (UE) 2017/1369, que clasifica los electrodomésticos de la A (más eficiente) a la G (menos eficiente). Un aparato con calificación A puede reducir el consumo en más del 50% respecto a otros menos eficientes.
Uso responsable y programación inteligente
Más allá de la instalación y del tipo de equipo, un uso racional del aire acondicionado también marca la diferencia. BBVA, en su publicación, sugiere mantener el termostato entre los 24 y 26 °C durante el verano, una temperatura suficiente para garantizar confort sin derroches energéticos. De hecho, según el IDAE, basta con seleccionar una temperatura 5 °C por debajo de la exterior para lograr una sensación térmica agradable.
Además, se recomienda no dirigir el flujo de aire frío directamente hacia las personas, ya que puede resultar incómodo e incluso perjudicial para la salud. La mayoría de los equipos permiten regular manualmente la orientación de las lamas tanto en vertical como en horizontal, lo que ayuda a distribuir mejor el aire.
Otro consejo clave es programar el encendido y apagado del equipo: evitar que funcione cuando no hay nadie en casa, utilizar el modo Eco —que ajusta automáticamente la temperatura para reducir el consumo hasta en un 30%— y activar la función Sleep por la noche, que apaga el equipo tras unas horas de uso.
Soluciones pasivas para reforzar la eficiencia
Por último, BBVA recuerda que complementar el uso del aire acondicionado con estrategias pasivas puede aumentar aún más la eficiencia energética. La ventilación cruzada, los toldos, las persianas térmicas o incluso las pantallas verdes exteriores contribuyen a mantener el hogar fresco sin necesidad de recurrir tanto al consumo eléctrico.
En definitiva, adaptar el sistema de refrigeración a las características del hogar, elegir equipos eficientes y hacer un uso inteligente del aire acondicionado son claves para reducir la huella energética sin renunciar al bienestar en los meses más calurosos. Una apuesta por el confort sostenible que, además de cuidar el planeta, puede aliviar significativamente la factura de la luz.