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El programa Better Work, impulsado por la OIT y la Corporación Financiera Internacional, ha contribuido a mejorar las condiciones laborales en fábricas textiles de 13 países. Sin embargo, la creciente incertidumbre en torno a los aranceles, especialmente en Estados Unidos, pone en riesgo los avances logrados en empleo digno y sostenibilidad, según advirtió recientemente la Organización Internacional del Trabajo en una entrevista con Noticias ONU.
La industria textil global está en riesgo por la guerra arancelaria

La industria global de la confección podría frenar sus inversiones en condiciones laborales debido al contexto incierto en política comercial, particularmente en lo relativo a los aranceles impuestos a las importaciones por parte de Estados Unidos. Esta situación pone en jaque a las fábricas textiles que forman parte de Better Work, un programa conjunto entre la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), diseñado para promover el trabajo decente y mejorar la competitividad del sector.

Según informó Noticias ONU, esta iniciativa opera actualmente en sectores como el textil, la confección y el calzado en 13 países, incluyendo Camboya, Jordania, Haití y Pakistán. Desde su creación hace más de dos décadas, Better Work ha apoyado a fábricas exportadoras que abastecen a grandes marcas de Europa, Estados Unidos, Reino Unido y Japón, con mejoras visibles en salarios, igualdad de género, acceso a puestos de supervisión para mujeres y condiciones de seguridad en el trabajo.

Sara Park, funcionaria de la OIT, subrayó que “la incertidumbre sobre los niveles arancelarios impide a las fábricas planificar a corto plazo, afectando no sólo la producción, sino también la estabilidad laboral y el bienestar de los trabajadores”. Si las barreras comerciales se imponen o aumentan, advierten desde la OIT, la demanda podría caer y muchas fábricas optarían por recortar inversiones en mejoras laborales y ambientales.

Uno de los principales logros del programa ha sido precisamente impulsar el diálogo social y la creación de empleo formal en países donde, en muchos casos, la industria de la confección representa una fuente clave de ingresos. En Jordania, por ejemplo, la mayoría de la mano de obra en el sector está compuesta por migrantes del sur y sudeste asiático, lo que acentúa su vulnerabilidad en contextos de crisis.

El posible retroceso también tiene implicancias ambientales. La OIT destaca que Better Work no sólo ha elevado la productividad, sino que ha contribuido a reducir el impacto ecológico de un sector históricamente señalado por su huella ambiental. Sin inversiones continuas, advierten, aspectos cruciales como la protección frente al estrés térmico —agravado por el cambio climático y las olas de calor extremas como las recientemente registradas en Pakistán— podrían quedar relegados.

El recorte en el financiamiento internacional complica aún más el panorama. Los recientes ajustes presupuestarios del gobierno estadounidense han afectado directamente a los programas que la OIT implementa en Haití y Jordania, aunque en otros países la diversidad de fuentes de financiación ha permitido mantener la actividad.

A pesar del escenario complejo, la OIT reafirma su compromiso con el acompañamiento a trabajadores, gobiernos y empleadores para fortalecer los derechos laborales, fomentar prácticas empresariales responsables y garantizar condiciones dignas, incluso en tiempos de incertidumbre. “Seguiremos promoviendo el diálogo social porque es la vía más eficaz para lograr mejoras reales y sostenibles”, concluyó Park en declaraciones a Noticias ONU.

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