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Las olas de calor son un fenómeno grave y cada vez más frecuente. El calor y la humedad extremos pueden resultar sumamente incómodos y presentar graves riesgos para la salud, especialmente para los bebés, los niños y niñas pequeños, las mujeres embarazadas y las personas de avanzada edad. En medio de un verano muy caluroso, Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia, ha publicado una serie de recomendaciones a tener en cuenta.
Consejos para proteger a los más pequeños ante una ola de calor

Como ya desarrollamos en numerosos artículos, debido al cambio climático, las olas de calor son cada vez más largas, frecuentes e intensas en España y muchos países del mundo. Sin dudas, vendrán veranos cada vez más calurosos y debemos estar preparados para ello. Es preciso recordar que las olas de calor se producen cuando la temperatura es más alta de lo normal durante varios días seguidos. Se trata de un fenómeno meteorológico natural producido cuando el aire caliente se queda atrapado en la atmósfera. Debido al cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor durante una mayor cantidad de tiempo, las olas de calor están aumentando en intensidad y frecuencia.

Los expertos advierten que, entre otras consecuencias, el exceso de calor es peligroso para la salud de las personas. Los lactantes, los niños y niñas pequeños, las mujeres embarazadas y las personas de avanzada edad son especialmente vulnerables al estrés térmico. El calor excesivo puede ser más peligroso para los bebés y los niños y niñas pequeños que para las personas adultas. Entre los niños y niñas, la deshidratación puede resultar peligrosa, e incluso mortal. Ellos tienen más dificultades que los adultos para regular la temperatura del cuerpo, por lo que dependen de las personas adultas para mantenerse protegidos del calor. Por tanto, es importante preparase para afrontar estos fenómenos. Desde Unicef elaboraron una serie de consejos y recomendaciones para proteger a los más pequeños de las olas de calor:

Prepárate:

  • Infórmate de cuánto calor y cuánta humedad hará durante el día, la semana y el mes para poder planificar las actividades al aire libre.
  • Ten en casa un botiquín de emergencia que contenga sobres de sales de rehidratación oral (SRO), un termómetro, botellas de agua, toallas o paños de refrigeración húmeda, un ventilador o nebulizador portátil con pilas y una lista de comprobación para detectar y tratar los síntomas de estrés térmico.
  • Infórmate de cómo pedir ayuda. Toma nota de los teléfonos de contacto de los profesionales de salud o los servicios de ambulancia o transporte más cercanos.

Mantén tu hogar fresco:

  • Cuando sea posible, corre las cortinas o baja las persianas durante las horas más calurosas del día y abre las ventanas por la noche para refrescar tu casa.
  • Utiliza ventiladores y sistemas de enfriamiento si dispones de ellos.

Evita la exposición al calor:

  • Si puedes evitarlo, no salgas a la calle durante los momentos más calurosos del día. Intenta organizar tus actividades más temprano o más tarde, cuando haga más fresco.
  • Cuando salgas, usa protector solar e intenta permanecer a la sombra o utilizar sombreros y sombrillas para protegerte.

Mantén el cuerpo fresco e hidratado:

  • Bebe agua a intervalos regulares sin esperar a tener sed.
  • El exceso de ropa cuando hace calor puede deshidratarte y hacer que te acalores más rápidamente, así que lleva ropa liviana y holgada. El algodón es ideal durante los días calurosos para reducir las erupciones cutáneas causadas por el calor y absorber la sudoración. De igual modo, las sábanas de algodón son más recomendables que las de otros tejidos no transpirables.
  • Lleva contigo una botella de agua para hidratarte y una toalla pequeña para refrescarte, humedeciéndola y poniéndotela en el cuello.
  • Comprueba si en tu vecindario hay instalaciones con aire acondicionado. Otra posibilidad es utilizar las salas de espera de centros sanitarios si cuentan con sistema de enfriamiento.

Lactantes y niños:

  • Comprueba regularmente si tu hijo tiene sed, suda, tiene calor, vomita, tiene la boca seca y pegajosa o le duele la cabeza. Si tu hijo no responde de manera adecuada, tiene fiebre alta, se siente mareado o respira rápido, llévalo inmediatamente al centro de salud.
  • Asegúrate de que el niño está vestido con ropa holgada. Esto puede ayudar a evitar los sarpullidos y el calor excesivo.
  • Verifica que tu hijo esté bien hidratado. Es posible que no conozca los síntomas de la deshidratación y el estrés por calor. Amamanta exclusivamente a los bebés de 0 a 6 meses. Las madres lactantes deben beber abundante agua, ya que la deshidratación puede afectar a la producción de leche materna. Los bebés a partir de 6 meses deben beber agua regularmente a lo largo del día.
  • No administres medicamentos a los bebés si muestran signos de estar acalorados sin consultar antes a un profesional de la salud.
  • No dejes a los bebés ni a los niños pequeños en espacios cerrados sin ventilación, como automóviles o habitaciones con las ventanas cerradas.
  • No dejes que tus hijos jueguen en el exterior durante muchas horas cuando haga calor y sin vigilarlos. Haz que descansen cada 30 minutos cuando practiquen ejercicio o jueguen al aire libre. Hacer ejercicio o jugar bajo altas temperaturas puede provocar deshidratación rápidamente y tener graves consecuencias.

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