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Hoy, 25 de mayo, se conmemora el Día de África y con motivo de la efeméride, la ONG World Vision ha publicado un comunicado en el que advierte que el número de personas con hambre en África sigue aumentando.
El hambre en África, un problema que sólo se ha agravado

El Día de África se celebra el 25 de mayo de cada año. Es una jornada que conmemora la fundación de la Organización de la Unidad Africana (OUA), precursora de la actual Unión Africana (UA), en 1963. La OUA fue establecida con el objetivo de promover la unidad y la solidaridad entre los países africanos, así como para luchar contra el colonialismo y promover el desarrollo socioeconómico del continente.

Con motivo de la efeméride, la ONG World Vision ha publicado un comunicado en el cual hace referencia a la grave crisis que atraviesa el continente. Los conflictos, la sequía y los problemas económicos provocados por la pandemia de COVID-19 están revirtiendo años de progreso. Según la organización humanitaria, desde 2020, más de un tercio de la población de África está desnutrida, alrededor de 282 millones de personas padecen hambre, más del doble que en cualquier otra región del mundo.

Sin dudas, con estas cifras a la vista estamos muy lejos de cumplir el ODS 2: Poner fin al hambre en el mundo. La seguridad alimentaria no es un privilegio sino un derecho consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. El liderazgo internacional y la voluntad política deben impulsar una respuesta inmediata y abordar las causas profundas del hambre, ofreciendo soluciones sostenibles, colaborativas e impulsadas localmente.

África es el continente que enfrenta algunos de los mayores desafíos relacionados con la seguridad alimentaria y la malnutrición del mundo entero. Varias regiones sufren de inseguridad alimentaria crónica debido a una combinación de factores, que incluyen conflictos armados, desplazamientos de población, desastres naturales, pobreza, falta de acceso a servicios básicos y cambios climáticos. Pero no todo se trata de números. Detrás de cada cifra hay un niño, niña, mujer u hombre, Por ello, para World Vision el hambre global no es simplemente una estadística, el hambre tiene un nombre. La ONG recopila una serie de historias que van más allá de los números:

  • A Peter, de 10 años, le encanta aprender, sobre todo matemáticas. Cuando iba a la escuela en su aldea de Turkana (Kenia), solía aprobar los exámenes. La escuela también le protegía del hambre, proporcionándole una comida cada vez que acudía. Pero hace dos años, la familia de Peter dejó de poder pagar las tasas escolares, y él se convirtió en pastor de cabras. "La escuela era mejor que estar en casa", dice. Ahora, el sustento de la familia de Peter está disminuyendo. Antes tenían 10 cabras, pero ya han muerto seis. Cuando no hay agua, los animales no pueden sobrevivir. Sin lo suficiente para comer, Peter está delgado y aletargado, pero su ilusión por el futuro se mantiene: volver a la escuela y cumplir su sueño de convertirse en profesor.
  • Hamdi, de siete meses, pesaba sólo 2,5 kilos en junio, cuando llegó a la clínica de nutrición de World Vision en Baidoa, Somalia. Los trabajadores sanitarios descubrieron que sufría desnutrición aguda grave, agravada por diarrea acuosa aguda y sarampión. La sequía en Somalia no sólo afecta al acceso a los alimentos. La falta de agua y de instalaciones sanitarias e higiénicas seguras está aumentando el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y otras dolencias. Esto es especialmente cierto para los desplazados internos que viven en campamentos temporales, como Hamdi y su madre. Cuando a Hamdi le diagnosticaron desnutrición grave, el personal de la clínica de World Vision le puso un plan de tratamiento que incluía Plumpy'Nut, un alimento terapéutico listo para usar. Un mes después, en su visita de seguimiento, Hamdi pesaba 4,5 kilos y había desaparecido la tos provocada por el sarampión.
  • Nyaduer, de trece años, vive en un campo de desplazados en Juba, Sudán del Sur. Es huérfana y es quien cuida a sus cinco hermanos pequeños. Nyaduer carga con firmeza y valentía con más de lo que cualquier niño pequeño debería. "Cuando mis hermanos enferman, los llevo al centro de salud. Cuando vuelven de la escuela, la comida está lista". Sus alimentos proceden de las distribuciones proporcionadas en el campamento por World Vision y el Programa Mundial de Alimentos, pero no son suficientes. "Cuando se nos acaba la comida, nuestro vecino nos da algo de comer. A veces, cuando no tienen comida para compartir, no comemos durante dos o tres días. Mi hermana pequeña llora cuando tiene hambre. Me hace sentir mal".
  • Christiane, viuda de 54 años en Turkana (Kenia), está sentada en la oscuridad de su choza. Sus facciones están marchitas por el tiempo y el dolor. "Tuve la vida plena de una mujer turkana", dice. "Cuando teníamos animales y no había sequía, la vida era fácil. Cuando llovía y los animales parían, dábamos una fiesta". El último festín fue cuando sacrificaron un camello, hace más de 10 años. "Había baile". Ahora ya no hay baile. Ha perdido todos sus animales por la sequía.

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