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Una pyme madrileña, Econward, ha desarrollado una tecnología, ya en funcionamiento, que permite aprovechar los residuos sólidos urbanos para que su posterior transformación en biogás o en compost.
La oportunidad de los residuos urbanos

Sin dudas, uno de los grandes problemas del sistema capitalista y su lógica de consumo basada en el paradigma del “úselo y tírelo” son los residuos. La Directiva Europea de Residuos establece que para 2035, todos los países de la UE deberán reciclar al menos el 65% de sus residuos orgánicos. Y estamos, lamentablemente, aún bien lejos: en nuestro país la cifra de reciclaje apenas llega al 35%, frente al 48% de la media europea. Todo un reto que puede parecer muy lejano pero no es así: generamos cada día más basura y es necesario cambiar el chip, entender que la basura debe dejar de ser vista como un problema y pasar a contemplarse como una oportunidad.

Dejar de pensar a los residuos como un problema sin solución es lo que creen firmemente en la pyme tecnológica española Econward, que dispone de una herramienta, llamada Biomak, ya en funcionamiento, que optimiza el tratamiento de los residuos sólidos urbanos. Los del cubo marrón, para entendernos. La planta de Econward, localizada en Rivas-Vaciamadrid, es capaz de procesar hasta 65.000 toneladas de residuos al año, y también mejora la calidad del biogás obtenido al presentar un contenido de biometano del 67%. Estas instalaciones cuentan con un índice de aprovechamiento orgánico de más del 90% y evitan la emisión del equivalente a 10.000 toneladas de CO2 al año.  

Los expertos explican que el principal problema que tienen estos residuos es que llegan muy mezclados, con todo tipo de materiales, a las plantas de tratamiento: y es que creemos que estamos reciclando bien, pero en realidad no es así, y en el cubo marrón acaban latas, vidrio, mascarillas… Eso hace que su tratamiento posterior sea más complicado.  Frente a esto, Alberto Tuñón, director comercial de Econward explica que:  “El objetivo del Biomak es permitir la obtención de una biomasa homogénea de gran calidad que permita un reciclaje eficiente de la materia orgánica. El equipo está diseñado para integrarse en las plantas de tratamiento de residuos, tanto nuevas como en las que ya existen, para mejorar su eficiencia”.

¿Qué hace en concreto Biomak? “Cuando los residuos llegan a la planta de tratamiento, nuestro equipo Biomak los somete a un proceso de hidrólisis térmica que aplica presión y temperatura y cambia sus propiedades físicas y químicas. Así conseguimos homogeneizar, higienizar y degradar el residuo, y permitir una valorización material (compost y fertilizante) como en forma de energía renovable (biogás y biometano)”, señala Tuñón.

El biometano es un combustible de origen renovable que se obtiene a partir de un proceso de limpieza del biogás. En España actualmente hay menos de una docena de plantas produciendo biometano; sin embargo, se espera un crecimiento exponencial, ya que nuestro país tiene potencial de convertirse en el tercer productor de este gas renovable. Una de sus ventajas, aparte de que permitiría producir energía verde en el territorio nacional, reduciendo la dependencia del exterior, es que hablamos de un gas que puede inyectarse en la red de gas existente, sin necesidad de crear nuevas infraestructuras y asumir nuevos costes.

Cabe destacar que Econward ha invertido en investigación y desarrollo más de 40 millones de euros solo en los últimos cuatro años. La tecnología de estos ingenieros no es solo positiva en lo que a generación de energías renovables se refiere, sino que permite reducir la cantidad de basura que va a parar a los vertederos, favoreciendo así el acercamiento a los objetivos fijados por la Directiva Europea de los Residuos de los que hablábamos al comenzar este artículo.  “Los residuos orgánicos de las ciudades, los que generamos cada día, tienen un elevado potencial energético que hasta ahora se está desaprovechando. Si se tratan adecuadamente, no solo es posible obtener energía renovable, fundamental para la transición energética y para tener un futuro sostenible, sino que además se evita su impacto negativo en el medio ambiente”, finaliza Tuñón. Sin duda, un win win en el que ganamos todos como sociedad.

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