La desigualdad de género es un problema aún irresuelto en el mundo entero. Los avances son innegables, sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer para poder, efectivamente, hablar de sociedades más igualitarias. El Día Internacional de la Igualdad Salarial, el tercero desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas decidiera instituirlo a partir de 2020, se celebra en un contexto laboral menos marcado por la crisis sanitaria de la COVID-19 que por el acelerado aumento de los precios. En este contexto, Funcas ha publicado un informe utilizando datos de Eurostat sobre la temática.
Sin dudas, una de las mayores preocupaciones actuales gira en torno a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y el consiguiente deterioro de las economías domésticas y de la calidad de vida de las familias. Pero también preocupan las dificultades que muchos trabajadores –sobre todo, hombres y mujeres con escasa cualificación laboral– están teniendo para recuperar el empleo tras la pandemia. En este escenario, las mujeres se ven especialmente perjudicadas.
Pero, antes que nada, ¿qué significa brecha salarial de género? La OCEDE la define como la diferencia entre la mediana de los ingresos de los hombres y de las mujeres en relación con la mediana de los ingresos de los hombres. Los datos se refieren a los empleados a tiempo completo, por un lado, y a los autónomos, por otro. Se trata de una problemática complejo ante la cual los Estados deben buscar soluciones. Naciones Unidas enumerar una seria de razones por las cual es urgente acabar con esta desigualdad:
La publicación de funcas afirma que la brecha salarial de género disminuyó en gran parte de la Unión Europea durante la década previa a la pandemia. Según los datos analizados el descenso ha sido muy notable: en 2020 (últimos datos disponibles) la retribución media (bruta) por hora trabajada de los hombres superaba en un 8,5% a la de las mujeres, la mitad que en 2011 (16,8%). Nuestro país se encontraba en una situación notable mejor que muchos otros países de la región. Según los expertos, esa diferencia salarial a favor de los hombres situaba a España en una posición no solo mejor que la de Alemania (17,3%), Francia (15,3%) y Países Bajos (13,1%), sino también por encima de otros países considerados muy igualitarios en cuestión de género, como Dinamarca (13,4%) o Suecia (10,5%). En Estados como Luxemburgo e Italia, y en otros con economías menos desarrolladas como Polonia y Rumanía, las brechas salariales de género son más reducidas que la española.
El documento cita también los datos de la OCDE, que utiliza una medida de la brecha salarial de género algo distinta y colocan a España en 2021 en una posición favorable respecto a la media de la UE y a otros países europeos. No obstante, ponen de manifiesto una diferencia muy significativa, de 20 puntos porcentuales, entre los trabajadores a tiempo completo y por cuenta ajena, por un lado, y los trabajadores autónomos, por otro. En el ámbito del trabajo por cuenta propia la brecha salarial de género se triplica ampliamente.
El estudio indaga en las áreas específicas en las cuales se da la desigualdad, al respecto, revela que en nuestro país las mayores brechas salariales de género se registran en el sector de actividades sanitarias y servicios sociales, y en el de actividades profesionales, científicas y técnicas; y las más reducidas, en los sectores de transporte y almacenamiento y de hostelería y restauración. Ahora bien, desde una perspectiva comparada, España destaca por la reducida brecha salarial en dos sectores: el de información y comunicaciones (8,6%) y el de actividades financieras y de seguros (13,2%). Como en otros países, la brecha salarial de género en la construcción es negativa (la retribución media por hora de las mujeres es superior a la de los hombres), lo que se explica por el hecho de que los varones ocupen masivamente en este sector puestos de trabajo menos cualificados (sobre todo, de operarios).
Finalmente, la otra variable importante a la hora de analizar esta problemática es la edad. Un elemento central cuando del mundo laboral se trata. Al analizar las brechas salariales de género por grupos de etarios, en el caso español se advierte una particularidad interesante. En la mayoría de países, la brecha salarial de género se estrecha a medida que disminuye la edad de los trabajadores, algo que en España es más ostensible. De hecho, entre los trabajadores menores de 25 años la brecha salarial de género es negativa y entre los que tienen entre 25 y 34 años apenas llega al 1%. Sobre este punto, los expertos explican que, si bien, de acuerdo con los datos disponibles, la brecha salarial de género en España se ha reducido de manera sustancial, llegando prácticamente a desaparecer entre las cohortes más jóvenes, hay que tener en cuenta dos cuestiones. En primer lugar, los datos de Eurostat miden la brecha salarial en empresas de 10 o más empleados, con lo que dejan fuera a cerca de un 40% de la población empleada en España. Es probable que en esas empresas de menor tamaño se registren brechas salariales de género mayores que en las empresas más grandes. En segundo lugar, aunque las estadísticas muestran la contracción de la brecha de género entre los jóvenes, no se puede obviar que sus salarios medios son inferiores a la media de los salarios en España. En esas circunstancias, la consecución de una mayor igualdad salarial no puede concebirse ni celebrarse como un éxito social.
Aún no se cuentan con datos elaborados sobre cómo estos avancen se han estancado o incluso perdido tras la crisis económica y política desencadena a partir de la irrupción de la pandemia, sin embargo, algunos indicadores muestran que el panorama es poco alentador. El compromiso de todos los sectores deberá ser mayor para volver a la senda de la igualdad y, por ende, del desarrollo sostenible.