Concretamente, desde 2014, hay 90.000 personas más con discapacidad que han accedido a estudios secundarios y/o universitarios, quienes a su vez presentan la mayor tasa de actividad (54%) y la menor tasa de paro (13%) del colectivo. Así lo muestra el último informe publicado por la Fundación Randstad, junto con Randstad Research, en el cual han analizado la empleabilidad de las personas con discapacidad en función del nivel de estudios a partir de los datos de la Encuesta de las personas con discapacidad publicada por el INE en diciembre de 2020.
 Fundación Randstad asegura que las personas con discapacidad están cada vez más formadas

Un nuevo informe elaborado por la Fundación Randstad junto con Randstad Research, analiza la empleabilidad de las personas con discapacidad en función del nivel de estudios a partir de los datos de la Encuesta de las personas con discapacidad publicada por el INE en diciembre de 2020. El estudio analiza cómo el nivel de formación influye en la empleabilidad de las 664 mil personas con discapacidad que se encuentran activas.

Según la encuesta citada, en España hay 1,93 millones de personas con discapacidad en edad de trabajar (16 a 64 años), lo que representa un 6,3% de la población total en ese rango de edad. Una de las características de este colectivo es la baja participación en el mercado laboral. Tan sólo 664 mil personas se encuentran activas y presentan una tasa de actividad del 34% muy alejada del 76% de las personas sin discapacidad.

Una de las principales conclusiones que se desprenden del estudio es que, si bien tradicionalmente las personas con discapacidad han tenido mayores dificultades para acceder a la formación y aunque están muy alejados de las personas sin discapacidad, es una situación que va mejorando con el tiempo. En 2020, las personas de este colectivo con muy bajos niveles de formación representaban un 10% del total y aunque este porcentaje duplica al de las personas sin discapacidad (5,5%), su tendencia es decreciente (en 2014 este grupo representaba un 17%).

El informe muestra además que los estudios secundarios han sido la principal opción formativa para las personas con discapacidad y en 2020 suponían un 63% del total de activos con este nivel formativo, superior al de las personas sin discapacidad (51%). Más de la mitad de personas con discapacidad en edad de trabajar tienen niveles formativos medios. Asimismo, se observa que el porcentaje de personas activas con estudios superiores representa ya un 27%, muy alejado del porcentaje de las personas sin discapacidad (43%) pero con una clara tendencia al alza.

Gráfico 1: Distribución de las personas activas (con y sin discapacidad)  por nivel de estudios. 1_copy_copy_copy_copy_copy_copy.png

Fuente: Randstad, INE

La buena noticia es que, observando la evolución desde 2014, se puede decir que hay 90.000 personas más con discapacidad que han accedido a estudios secundarios y/o universitarios, haciendo que estos niveles formativos ganen peso en el conjunto de la población en edad de trabajar con discapacidad. La evolución de las personas con discapacidad con estudios superiores, que registran tasas de crecimiento del 30% respecto a 2014, más del doble del crecimiento experimentado por las personas sin discapacidad (12%). Por su parte, en cuanto a los estudios secundarios, la evolución de las personas con discapacidad ha tenido también un crecimiento importante del 20% desde 2014, no así las personas sin discapacidad cuya tasa es negativa al disminuir el número de personas con este nivel de formación.

¿Qué ocurre con los universitarios con discapacidad?

En otro análisis publicado recientemente sobre el mercado de trabajo de las personas con discapacidad, se apuntaba que en 2020 las personas ocupadas alcanzaron el medio millón y se lograba la cifra más alta desde 2014, con una tasa de empleo del 26,7%. Desde 2014 más de la mitad de las personas ocupadas con discapacidad han cursado estudios de secundaria o ha acudido a algún tipo de programa formativo de inserción laboral. Este nivel formativo es el más habitual entre el colectivo de la discapacidad, aunque los ocupados con estudios superiores también han aumentado su peso y ya representan más del 30% de todos los ocupados con discapacidad.

Si analizamos la evolución desde 2014, los ocupados con estudios universitarios y de secundaria han experimentado crecimientos espectaculares del 44% y 39% respectivamente. Los expertos advierten que, los crecimientos de las personas sin discapacidad con los mismos niveles formativos y en el mismo periodo de tiempo han sido muy inferiores. 

Es evidente entonces que la formación se constituye como un instrumento fundamental para la inserción laboral. Respecto a la relación entre nivel educativo e inserción laboral, se observa la relación existente entre ambas variables. Las personas con discapacidad ganan presencia en el mercado laboral a medida que su formación es mayor.  Así, entre las personas con discapacidad sin estudios, la tasa de actividad y empleo es sólo del 16% y del 11% respectivamente; y sin embargo en los casos en que se han finalizado estudios superiores, las tasas de actividad y empleo se elevan hasta el 53% y el 47% respectivamente. Es decir, el nivel de formación es una garantía para la incorporación al mercado de trabajo de las personas con discapacidad.

Respecto a las tasas de paro, igualmente, el nivel de formación tiene una incidencia positiva en el desempleo de este colectivo, dado que, a mayor nivel de formación, menor nivel de paro.  Por tanto, el nivel formativo proporciona una mayor inserción y estabilidad laboral puesto que a medida que se incrementa, mejoran las opciones de empleo y contratación. En palabras de María Viver, directora de la Fundación Randstad: “Creemos que la formación y el desarrollo del talento son clave para mejorar la empleabilidad y asegurar la integración social y laboral de las personas con discapacidad en el nuevo contexto del mercado laboral”.

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