Investigadores de la Cátedra de Energía y Pobreza de la Universidad Pontificia Comillas han presentado el informe “Indicadores de pobreza energética en España 2020. Más allá de los índices oficiales”. El mismo es el resultado de varios años de investigación llevada a cabo en la cátedra y ofrece un análisis multidimensional que pretende fomentar el entendimiento y la lucha contra esta lacra social. Uno de los resultados más significativos de la investigación revela que la realidad de la pobreza energética se ha vuelto más compleja durante el año 2020 debido a la situación de confinamiento doméstico por la pandemia, y plasma una evolución desigual en 2020 con respecto a 2019.
La pobreza energética en España empeoró en 2020

La pobreza energética es un problema grave en España. Aún hoy, en pleno siglo XXI, en un país con una economía desarrollada esta problemática continúa sin resolverse. La pobreza energética es la situación en la que un hogar es incapaz de pagar una cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda. El concepto de la pobreza energética difiere en función del grado de desarrollo de los países. En los desarrollados se trata de un problema de sobreesfuerzo o capacidad de pago de las facturas de la energía, no de acceso, mientras que, en los países en vías de desarrollo, se trata de un problema de acceso a fuentes de energía modernas como gas o electricidad, más que a la incapacidad de asumir su pago. En ambos casos hay desigualdad energética y afecta a sus condiciones de vida.

Un grupo de investigadores de la Cátedra de Energía y Pobreza de la Universidad Pontificia Comillas han presentado el día de hoy, 26 de enero, el informe “Indicadores de pobreza energética en España 2020. Más allá de los índices oficiales”. Este documento ofrece una lectura complementaria a la que nos dan los organismos oficiales sobre la evolución de esta problemática en nuestro país. Además de calcular los indicadores estándar, se incluyen otros indicadores adicionales que permiten entender mejor las diferentes dimensiones implicadas.La investigación, cuyo objetivo es convertirse en el germen de un futuro Observatorio de Pobreza Energética en España, es el resultado de varios años de investigación llevada a cabo en la cátedra y ofrece un análisis multidimensional que pretende fomentar el entendimiento y la lucha contra esta lacra social. Con él, la Universidad Pontificia Comillas pretende contribuir a la necesaria transformación de nuestra sociedad desde las claves de sostenibilidad ambiental y justicia. 

El estudio, elaborado a lo largo del último trimestre de 2021, revela que la realidad de la pobreza energética se ha vuelto más compleja durante el año 2020 debido a la situación de confinamiento doméstico por la pandemia, y plasma una evolución desigual en 2020 con respecto a 2019 y reconoce “diferencias geográficas muy significativas, siendo las CCAA del sur las más afectadas”, según Efraim Centeno, director de la cátedra. Asimismo, subraya que, desde el punto de vista de los indicadores de ingreso y gasto, no se percibe un aumento significativo de la pobreza energética, pero reconoce el notable empeoramiento desde la perspectiva de confort térmico percibido en el hogar o del retraso en el pago de facturas.

Durante 2020, en plena pandemia y ante aquella situación excepcional y al amparo del estado de alarma, el Estado español desplegó el llamado escudo social a través del Real Decreto Ley 11/2020 del 31 de marzo. Una de las medidas incluidas fue la de la garantía de suministros básicos en primeras residencias, lo que en la práctica supuso la paralización de los cortes durante todo el primer periodo de alarma. El informe muestra que esta medida tuvo un impacto muy notable. Con todo, el escudo social planteado por el gobierno ha ayudado a evitar que los consumos energéticos de personas vulnerables se hicieran aún menores, sin embargo, los niveles de pobreza energética que muestran los indicadores subjetivos –percepción del confort térmico y el nivel de impagos–, aumentan.  

Uno de los nuevos indicadores calculado por Comillas saca a la luz un porcentaje muy significativo de pobreza energética oculta tanto en 2019 (25%) como en 2020 (21%), convirtiéndose así en la dimensión de la pobreza energética con mayor incidencia. Un segundo índice permite valorar el gasto energético desproporcionado teniendo en cuenta un umbral de renta absoluto (no basado en medias o medianas de gasto del resto de la población), aspecto que no se considera directamente en los indicadores oficiales. Sobre este punto (el gasto desproporcionado) el estudio advierte que ha aumentado del 15,2% al 16,1%. Es decir, algo más del 16% de los hogares españoles gastaron más del doble de la mediana nacional en energía en 2020, lo que los situó en pobreza energética según esta dimensión de gasto desproporcionado.  

Además, el indicador de temperatura inadecuada también aumentó muy notablemente, pasando del 7,6% en 2019 al 10,9% en 2020. Los investigadores de Comillas explican que este indicador muestra que casi un 11% de las y los ciudadanos declaró no disponer de unas condiciones de confort térmico en invierno adecuadas. Probablemente una de las causas de este fenómeno es el propio confinamiento. El hecho de haber estado forzados a permanecer en nuestras viviendas durante semanas nos puso por delante la verdadera realidad del parque edificatorio de nuestro país, a saber, un parque muy ineficiente. Si bien esta realidad para muchas familias no era tan evidente en un modo de vida más activo, sí se hizo palpable cuando la vida se restringió a las cuatro paredes de la vivienda.

El informe concluye que los cuatro indicadores analizados muestran evoluciones muy diferentes. Si bien los indicadores objetivos (gasto desproporcionado y gasto insuficiente) han experimentado pocos cambios, los dos indicadores subjetivos sí han empeorado muy notablemente. Al respecto, los expertos argumentan que, por un lado, el incremento del indicador de retraso en pagos muestra que el escudo social pudo funcionar en el corto plazo, pero que las deudas se están acumulando. Es muy urgente atender a esta realidad para evitar que esta situación de deuda se vuelva crónica y termine conllevando antes o después el corte de suministro. Es cierto que, en este sentido, la novedad que incorpora el Suministro Mínimo Vital, que extiende 6 meses más la moratoria de cortes, permite cierto respiro, pero no soluciona el problema en el largo plazo. Habrá que estar muy atentos a la evolución de este indicador en los próximos dos años para ver cómo está evolucionando la deuda energética de las familias vulnerables en nuestro país.

Por otro lado, otra de las conclusiones a las que arriba el informe es que el indicador de temperatura inadecuada también ha empeorado ostensiblemente. Aunque es arriesgado reducir toda la explicación a una sola causa, los investigadores consideran que el confinamiento es ciertamente una de ellas. La obligatoriedad de permanecer en nuestros hogares nos ha abierto los ojos a la precariedad e ineficiencia de muchísimos de ellos. En relación con el indicador de gasto desproporcionado adicional que se ha incorporado en el informe, a saber, el basado en el ingreso mínimo estándar, nos encontramos con una evolución parecida, afirman los expertos. Por último, el indicador de pobreza energética oculta nos ha ofrecido una perspectiva nueva de esta esquiva dimensión del fenómeno de la pobreza energética, comparando el gasto real de los hogares con su gasto energético teórico.

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