
A todo esto, se junta, por un lado, el bombardeo diario de malas noticias y, por otro, la inestabilidad de una comunidad internacional cuyos cimientos se tambalean con cada declaración de determinados presidentes de gobiernos.
Ante este torbellino que empequeñece, acorta y ahoga la mirada, las ONG juegan un papel cada vez más quijotesco al intentar que la sociedad tome conciencia de las desigualdades y violencias que atraviesan a millones de personas en el mundo, a la vez que siguen luchando contra gigantes que van desde las consecuencias de los conflictos armados hasta los efectos del cambio climático. Sin embargo, en los últimos años, las continuas avalanchas de desinformación llevadas a cabo tanto por pseudomedios como por gobiernos democráticos han conseguido que parte de la opinión pública empiece a enjuiciar y desprestigiar la labor que llevamos a cabo.
El ejemplo más claro de ello es Gaza y cómo Israel y Estados Unidos han decidido ‘tutelar’ el suministro de ayuda humanitaria a través de una pseudoorganización civil, dejando no solo de lado a ONG independientes de conocido prestigio internacional, sino incluso expulsándolas de un territorio devastado por un genocidio atroz. Esta forma de actuar, impensable hace unos años, es ya práctica habitual en los últimos conflictos e hizo despertar una indignación que fue digerida rápidamente por el túnel de lavado mediático, social y político en el que estamos instalados.
A este hecho concreto, se suma uno que ha afectado a todo el ecosistema humanitario: El brutal recorte financiero a nivel mundial de los fondos de cooperación internacional, con Estados Unidos a la cabeza. Una tendencia originada hace más de un año que ha desencadenado un efecto dominó en decenas de ONG con el despido de parte de su personal y la cancelación de cientos de proyectos. Como consecuencia, miles de personas que dependían para subsistir de una de las mayores agencias de ayuda humanitaria del mundo han visto cómo su vida empeoró exponencialmente casi de la noche a la mañana.
Situaciones como esta nos han obligado a aprender a adaptarnos más rápido, aunque todavía no lo suficiente. Y es que, como todo en la vida, los problemas complejos necesitan de tiempo, esfuerzo y trabajo para ser abordados. En este sentido, en un mundo cada vez más líquido, en el que pocos elementos se mantienen inalterados más allá de unos días, es comprensible que haya gente que critique duramente al multilateralismo, las alianzas y las coaliciones por lentas e incapaces. Sin embargo, está comprobado que cuando las personas nos ponemos de acuerdo, sumamos capacidades y nos esforzamos por un fin concreto, llegamos mucho más lejos, y eso es por lo que apostamos las ONG en nuestro día a día. Porque, como decía Eduardo Galeano, ”Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.
No obstante, tampoco hay que ser ilusos y pensar que es posible transformar algo en segundos. La experiencia de décadas que arrastramos desde ONG como Entreculturas nos dice que el camino es arduo, cambiante y solitario en ocasiones. Y es que derechos humanos como el acceso a una educación de calidad muchas veces son desdeñados por abstractos o largoplacistas, sin saber, o aun sabiendo, que son multiplicadores de otros muchos. Así, en contextos de emergencia o conflicto, la educación es el primer derecho que se pierde y el que más tarda en recuperarse, siendo su ausencia un auténtico agujero negro donde niños, niñas y jóvenes no solamente pierden parte de su presente, sino también de su futuro.
Ante estos escenarios cada vez más inhóspitos e inciertos, donde muchos de los valores universales que creíamos inexpugnables parecen tambalearse, las ONG debemos seguir evolucionando para acompañar a la sociedad. Lo hacemos y lo haremos, desde la escucha y la responsabilidad de defender los derechos humanos de quienes hoy se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad y exclusión en cualquier parte del mundo. Porque quizá, en estos tiempos de desigualdades y deslumbramientos tecnológicos, evitar que los privilegios nublen la empatía sea el paso más importante para comenzar a actuar.