A pesar de haber cumplido un rol central durante los meses más duros de la pandemia, la población migrante es discriminada y muchos sectores quieren negarles su derecho a ser vacunados. La discriminación y el egoísmo son la cara más cruel de nuestra sociedad. Ante esto Naciones Unidas llama a rechazar la xenofobia y a integrar a las y los migrantes en los planes nacionales de respuesta y recuperación de los países de cara a la nueva normalidad.
Una vez más, los derechos humanos de las personas migrantes son pisoteados

No caben dudas de que las personas migrantes tren numerosos beneficios para los países de acogida. La pandemia ha demostrado la importancia que han tenido en diferentes países las y los migrantes al desempeñar funciones de primera línea durante los meses más difíciles de la crisis sanitaria. Asimismo, según la Organización Internacional para las Migraciones  (OIM) , hasta 2019 había 271 millones de migrantes en el mundo. Estas personas contribuyen enormemente a las economías de los países en los que están trabajando y, por medio de las remesas, apoyan a millones de personas más en sus naciones de origen.

En este contexto, la ONU llama a proteger a dicha población enfatizando la contribución esencial de estas personas en todos los rincones del mundo y aseverando que tienen un papel crucial en la recuperación de la pandemia del coronavirus. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, se refirió al 2020 como un año en el que millones de personas han sufrido el dolor de estar separados de amigos y familiares, la incertidumbre del empleo y la necesidad de adaptarse a condiciones de vida nuevas y desconocidas. Sumado a la falta de ayudas y las restricciones en el asilo que muchas naciones

Las cifras siguen siendo alarmantes: más de 3000 migrantes han muerto durante el 2020.  El número de fallecidos en todo el mundo es menor que en otros años, por las restricciones de movimiento de la pandemia; sin embargo, han muerto más venezolanos en Sudamérica y más personas que intentaban llegar a las islas Canarias en España. La ruta migratoria más peligrosa del mundo sigue siendo la del Mediterráneo, donde 1773 personas se han ahogado este año. En la frontera de México y Estados Unidos, 381 hombres, mujeres y niños han perdido la vida.

Al respecto, el líder de la ONU dijo que en el marco de la emergencia del COVID-19, las sociedades han hecho conciencia de lo mucho que dependen de los migrantes, “que con demasiada frecuencia son invisibles en nuestras comunidades. Los migrantes han tenido una función destacada en la primera línea de respuesta a la crisis, ya sea cuidando a enfermos y ancianos o asegurando el suministro de alimentos durante los confinamientos, lo que pone de relieve su gran contribución a las sociedades de todo el mundo”.

Guterres instó a rechazar a toda costa la xenofobia y el discurso de odio y exhortó a aprovechar el proceso de recuperación para aplicar el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, una hoja de ruta que busca el empoderamiento de los migrantes para que impulsen tanto a sus países de origen como a los de acogida y para construir sociedades más inclusivas y resilientes. En esta misma línea, el mandatario sentenció que es imprescindible desarrollar la empatía para así garantizar la plena inclusión de estas personas en la respuesta y recuperación de la pandemia, particularmente en los programas de salud y vacunación, sea cual fuere su situación legal. “Los migrantes son una parte integral de nuestras sociedades y deben desempeñar también un papel central en nuestra recuperación”, recalcó.

}Las vacunas son un derecho y no un privilegio. Bajo ningún aspecto la posibilidad de supervivencia ante el mortal virus que acecha a nuestras sociedades desde hace ya más de un año, puede depender del país de procedencia.  El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, se sumó al Secretario General para enfatizar la aportación de los migrantes a los países donde viven, recordando que tienen una gran presencia en el campo de los servicios sanitario y por esto, con más razón deben recibir las dosis de vacunas correspondientes.

“Muchos de los trabajadores de salud en el mundo son migrantes, especialmente mujeres migrantes, que constituyen el 70% del personal de sanidad”, apuntó el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, citando como ejemplo que fueron unos migrantes turcos los que fundaron en Alemania la farmacéutica que desarrolló la primera vacuna aprobada contra el COVID-19 y fue una enfermera filipina quien aplicó la primera dosis a una persona en el Reino Unido.

Tedros se refirió a una encuesta entre 30.000 migrantes y refugiados en casi todos los Estados miembros de la OMS que reveló que el 35% de los participantes infectados con el coronavirus que no buscaron atención médica no lo hicieron por motivos financieros, mientras que el 22% no acudieron al doctor por temor a ser deportados. “El acceso a la salud no debe estar vinculado a la situación legal”, puntualizó el experto y concluyó que invertir en la salud de los migrantes no sólo es lo correcto, sino que acarrea beneficios de cohesión social y desarrollo económico a largo plazo, mientras que su exclusión cuesta mucho.

La salud no puede ser un negocio en manos de empresas transnacionales mientras la población corre riesgos graves. “Instamos a todos los países a eliminar las barreras financieras y de otro tipo para la atención de los migrantes, como parte de su camino hacia la cobertura sanitaria universal. Salud para todos significa todos, incluidos los migrantes”, acotó y aseveró que la OMS seguirá trabajando con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y con otros socios para asistir a los países en la mejora de la atención sanitaria a los migrantes durante y después de la pandemia.

El director general de la OIM, António Vitorino, quien unió su voz a la exhortación de no dejar a los migrantes fuera de las estrategias de combate al COVID-19, explicó que la mayoría de las personas que salen de su país viven en naciones de renta baja o media lo que, en general, presiona a los sistemas de salud de por sí débiles que tienen dificultades para atender a su propia población. Pero eso no debe dar lugar a que se les margine de esos servicios.

Empero, hay una serie de barreras para que puedan acceder a la atención sanitaria, entre ellas el requisito de algunos países de tener una situación migratoria regular. Esta condición deja desamparados a muchos migrantes irregulares o que no pueden regresar a su país -cuya cifra llegaría a 3000 millones en el mundo-, así como a los que se encuentran detenidos. Al respecto advirtió que: “Es intolerable que, aunque se les excluya, los migrantes estén en la primera línea de respuesta a la pandemia arriesgándose en pro del bienestar de todos no sólo en el sector de la salud sino en todos los rubros esenciales como el de transporte, el alimentario, el minorista, el de investigación, el de cuidados y muchos más”.

Vitorino sostuvo que será fundamental construir una confianza mutua entre los migrantes y los servicios de salud, sobre todo ahora, en el contexto de la emergencia. Finalmente, pugnó por asegurar que esas comunidades tengan un acceso justo e igualitario a las inmunizaciones y conminó a los gobiernos “a contar e incluir a todos los migrantes que vivan en sus territorios en sus planes nacionales de vacunación sin importar su condición legal”, y concluyó: “El derecho a la salud es un derecho humano, es un derecho humano de los migrantes también”.

¡Comparte este contenido en redes!

Síguenos

Síguenos en Twitter Síguenos en Facebook
Top